Cuando se viajaba menos, no existía el
Imserso, y a Mallorca sólo se venía en luna
de miel, un atractivo publicitado entonces
por el Fomento del Turismo mediante unos
carteles en los que se veía un nido con dos
pájaros, a más de un mallorquín le
preguntaron con sorna en la Península si
cuando hacia mal tiempo y el mar se
encrespaba tenían que subirse a los árboles
o si acaso jugando al fútbol le daban
demasiado fuerte al balón éste iba a parar
directamente al agua.
Ahora que la
mayoría viaja, ha estado en Mallorca y,
alemanes incluidos, ya saben que hasta
tenemos una montaña de más de mil metros
por un si acaso y sólo nos mojamos el
trasero cuando vamos a la playa. Pero esto,
ay, se va a acabar y aquello que pensaban
algunos entonces parece ser que puede ser
pronto una realidad. Tanto es así que el
director general de Costas, don José
Fernández, ha venido a advertirnos que
a partir de ahora lo más inteligente que
podríamos hacer sería organizar en
Baleares, ahora que aún estamos a tiempo,
una gradual y progresiva retirada de los
habitantes de la costa hacia el interior
porque se va a producir, como consecuencia
del cambio climático que nos ha caído
encima, una significativa subida del nivel
del mar que hará que algunas costas
españolas, incluidas por supuesto las
nuestras, retrocedan hasta 70 metros en
2050 y que, por tanto, el mar podría
llegar, poco más o menos porque la ciencia
no es nunca exacta, hasta Porreres, que de
esta forma podría ser en el futuro un
núcleo turístico, mayormente los meses de
invierno que es también cuando vendrán los
turistas por aquello del aumento de la
temperatura.
Esta autoridad en la
materia ha explicado que, según las últimas
previsiones fiables, el nivel del mar en
España subirá como media unos 15
centímetros hasta el año 2050, un fenómeno
que hay que considerar a partir de ahora
ante cualquier actuación urbanística y que
aconseja la puesta en marcha de políticas
de inmigración de la gente desde la costa
hacia el interior. Y para que la retirada
se haga de una manera ordenada, ya que no
hay que dejarlo todo para última hora, hay
que empezar por derribar ya las
edificaciones más obsoletas y hay que
dirigir las nuevas inversiones hacia el
centro del territorio dejando por tanto de
dedicar más recursos a zonas que van a ser
objeto de graves daños en el futuro, ya que
el mar, si se cumple lo que se pronostica,
se las acabará engullendo. La admonición
del señor Fernández, al margen de acojonar
al personal, ha hecho las delicias del GOB,
quienes desde hace tiempo vienen
despotricando contra la política ambiental
del Govern por la regeneración de las
playas y demás lindezas que han convertido
nuestro litoral en una urbanización y que
si alguien no lo remedia, y a ver quién
contradice a la madre naturaleza, puede
acabar convertido en una especie de
Venecia. O sea que ya lo saben. Menos mal
que nuestros antepasados fueron previsores
y a la mayoría de poblaciones las tenemos
ya a diez quilómetros de la costa.