Supongo que andaba buscando cosas
propias de barra de bar. Sin ir más lejos
una portada, en plan materia prima donde
apoyarme para describir por libre el
escenario de esos hermosos vencidos a punto
de ser engullidos por la madrugada. Algo
así. Eso andaría pensando cuando me
encontré regresando a un disco, In
through the out door, del que llevaba
alejado un par de décadas.
Perdí la
copia en vinilo de entonces y he tenido que
comprarlo de nuevo, esta vez en formato CD.
No tiene el encanto de la primera vez,
aquel envoltorio de papel vulgar que abría
la puerta al oscuro misterio de una
carátula inmensa. La perfecta encarnación
de la barra en la que aparcaban sus
fracasos mis personajes
imaginados.
Fue un pronto que no
podía reprimir y no paré hasta encontrar
una copia. Me vino, así de repente, la
perfecta soledad que describía la portada.
Necesitaba tenerla entre mis manos, y
aunque sea en plan miniatura ya me vale
para capar su profundidad de campo.
En ello estaba, dibujando un
decorado para entrar en situación, y en los
oídos retumbando a placer algunas de las
canciones que ya me habían seducido en
1979: In the evening, Fool in the rain,
All my love… Tanto como decir casi la
mitad del repertorio, y el resto tampoco es
que se quedase necesariamente
atrás.
Ahí seguía esperando a ser
descubierta de nuevo aquella terna que
desde siempre me había apetecido, ese
poderoso golpear de John Henry Bonham
sembrando de poderosas sutilezas los
cimientos de un álbum que marcó la
despedida de Led Zeppelín. Él mismo,
'Bonzo' Bonham, supongo que completamente
ajeno a su muerte inminente el mes de
septiembre de 1980. Siempre fue mi
favorito.
Estoy en ello pero no a
tiempo completo, porque asimismo me ha dado
por combinar la escritura con escapadas al
videoclub, como si fuera el supermercado de
las chuches. Elijo al azar, en estantes
invariables, y me dejo llevar por la
intuición, corazonada o lo que pueda ser
eso que me lleva a elegir éste y no aquél.
Hoy (por el momento en que ando
escribiendo) la idea inicial era regresar
al ordenador, introducir el CD de Led
Zeppelín y mirar el reloj del relato hasta
averiguar en qué punto me encontraba. Pero
no. Me ha dado por espiar en los estantes,
hasta encontrar a voleo un título,
Kissing Jessica Stein, que me ha
sorprendido.
Es la historia o romance
asimétrico entre Jessica y Helen, a partir
de una cita de Rilke. Poco que ver con la
seducción imparable que surge
progresivamente entre Rachel y Luce narrada
por Ol Parker en Imagine me &
you, otra de las películas elegidas al
azar un tiempo atrás. Volveré sobre ello,
que hoy no tengo espacio.
«¿Desde
cuándo?». ¿Hablas conmigo, Lou? «Me
preguntaba qué puede interesarte de esas
películas. La cosa va de lesbianas; lo
habrás averiguado ¿no?». La cosa va de
poesía urbana, Lou.