J.S. / M.C.
MAÓ/MAHÓN.- La
sobreexplotación de los recursos pesqueros
amenaza la existencia de coral, de
posidonia oceanica y de la población de
crustáceos en el Canal de Menorca. Para
acabar con todo ello, el Gobierno se
plantea protegerlo mediante la declaración
de área marina protegida. Lo determinará el
próximo viernes. De momento, estudia su
viabilidad y está elaborando la propuesta
de delimitación. Los ecologistas celebran
el anuncio mientras que el sector pesquero
alerta que podría perder entre el 70 y el
90% de sus ingresos.
Fuentes del
Ministerio de Medio Ambiente, que estudia
la protección del Canal de Menorca junto al
Ministerio de Agricultura, explicaron ayer
que para emitir su veredicto final se
barajan varias circunstancias tales como
los valores ambientales, los recursos, los
usos tradiciones y la sensibilidad de la
zona. Además del Canal de Menorca, el
Gobierno pretende declarar también áreas
marinas protegidas en el Banco de Cachucho
(Asturias), el Cap de Creus (Cataluña) y el
Banco de Galicia.
La responsable de
áreas marinas protegidas de WWF/Adena,
Pilar Marcos, señaló ayer que en el Canal
de Menorca existen tres zonas. Una, el
corredor marino que une ambas islas, en la
que se encuentra coral al que todavía le
llega la luz. Esta zona sirve de refugio
para la reproducción y cría de especies de
interés comercial, lo que se traduce
también en la concentración de cetáceos.
Dos, la costa, que cuenta con importantes
«bosques sumergidos» llenos de posidonia
oceanica.
Y tres: la zona norte. En
ésta existe un escarpado talud de hasta
1.000 metros de profundidad en la que
existe un tipo de coral que no necesita luz
para sobrevivir. Y allí vive una población
de langostas que las nasas van a capturar.
En conclusión, aseguraron desde Adena, se
trata de una zona con «importantes valores
ambientales».
Regular y no
prohibir
Protegerlo todo «no
significa prohibir sino regular los usos»,
matizó Pilar Marcos. Y es que también la
pesca recreativa, como la pesca de nasas
tradicional, ha contribuido a deteriorar
las zonas más sensibles. Aun así,
reconoció, sí se prohibiría la pesca de
arrastre, que es la que más perjudica los
recursos pesqueros al ser más agresiva. Sin
embargo, la protección del Canal de Menorca
permitirá también destinar más recursos a
estudiar hasta qué punto se ha destrozado
hasta ahora.
Según los ecologistas,
otras actividades como el tráfico marítimo
o el turismo deberán ser controladas, tal y
como dicta la normativa europea para el
establecimiento de la red Natura 2000.
Desde Adena, Pilar Marcos explicó
que los efectos de la protección de una
área marina tardan al menos una década en
verse. Como durante este tiempo no se habrá
podido pescar en toda la zona, las especies
se podrán reproducir sin ingerencias. Diez
años después, las langostas empiezan a
emigrar a otras zonas de los alrededores de
la zona protegida. Esto es, recordó Marcos,
el llamado efecto reserva.
Desde
Adena, expresaron su satisfacción por la
decisión del Gobierno de declarar zonas
marinas protegidas. Así, confiaron en que
«no se quede en una declaración de
intenciones». Además, recordaron que
España, como el resto de países europeos,
tiene hasta 2008 para completar una red de
espacios protegidos. A parte de crear
nuevas áreas marinas protegidas, el
Gobierno también ha propuesto ampliar las
de las Islas Columbretes (Valencia), Cabo
de Palos e Islas Hormigas (Murcia) y la
isla de Alborán (Andalucía).
A
partir de ahora, los servicios jurídicos y
técnicos analizarán la propuesta para
determinar los impactos sobre el ecosistema
de las actuales actividades humanas que se
desarrollan en las distintas zonas. El
Instituto Español de Oceanografía, por su
parte, realizará los estudios científicos
iniciales para determinar los valores
medioambientales de las áreas a
proteger.