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EL MUNDO OPINA
Una medida cautelar necesaria
El caso Andratx parece estar
derivando en un macropleito de discisplina
urbanística que la defensa, en una
tentativa para huir de cualquier tipo de
responsabilidad penal, va a procurar
encauzar hacia un proceso de meras
irregularidades administrativas en la
concesión de licencias. En este contexto
parece que se mueve el juez del caso,
Álvaro Latorre, quien ha prohibido al
Ayuntamiento dar el final de obra a 49
edificaciones que están siendo investigadas
en el marco de la operación Voramar.
El certificado final de obra es el último
trámite administrativo de naturaleza
urbanística que conceden los ayuntamientos.
La medida cautelar pretende así evitar el
daño a terceros en el caso de que estas
edificaciones sub iudice -y en las
que el fiscal Carrau percibe indicios de
ilegalidades urbanísticas como puedan ser
el exceso de volumen más allá de lo
previsto, estar situadas en un ANEI o haber
construido una edificación de nueva planta
cuando la licencia permitía sólo una
reforma- no pudieran luego legalizarse en
toda su extensión o incluso debieran
demolerse parcial o totalmente. Al margen
de provocar demoras indeseadas que
perjudican a los propietarios de las
viviendas -la mayor parte, unas víctimas,
en definitiva-, hace bien el juez Latorre
en preservar su seguridad jurídica
extremando la prudencia hasta que no se
dilucide la legalidad de las mismas en un
proceso que promete ser largo.
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