GISELA REVELLES
EIVISSA.- Si algo
define a la perfección al ya candidato del
Partido Popular a la Presidencia del
Consell Insular de Eivissa y actual jefe de
la máxima institución pitiusa, Pere Palau
(Sant Miquel de Balanzat, 1946), es su
capacidad de gestión.
En noviembre
de 2002, cuando el comité electoral del
partido lo escogió como cabeza de lista fue
ésta la característica que todos
coincidieron en destacar. A pesar de los
muchos avales con que contaba Palau, fue el
de la gestión el que resultó determinante.
Desde 2003, este político, que de
pequeño quería ser piloto, lleva las
riendas de la máxima institución pitiusa. A
pesar de lo mucho que han intentado desde
la Izquierda desequilibrar su Gobierno,
Palau, como se esperaba de él, ha
gestionado. Y lo ha hecho de forma clara y
eficaz. Nadie puede preguntarle hoy, como
sí se le preguntó a su antecesora en el
cargo en 2003, a dónde han ido a parar los
millones de todos. Porque el balance de
hechos es tan apabullante que hacen falta
pocas explicaciones.
No ha sido ésta
una legislatura tranquila. Pero el
presidente no ha perdido en ningún momento
de vista sus obligaciones. Y ello a pesar
de que, incluso, ha sido víctima de
insultos y zarandeos gratuitos, cuyo único
interés era el meramente electoralista,
como hemos podido comprobar tras la
constitución de Eivissa pel Canvi y su
rápido pacto con el PSOE.
Es más,
quienes tanto dicen luchar por la libertad
y la democracia, llegaron a atentar contra
la propia hija del presidente, invadiendo
su residencia y llenándosela de pintadas.
Algo que sólo sirvió para fortalecer a
Palau en sus convicciones y que no logró
amedrentarle en su defensa de la
modernización de nuestra red
viaria.
Y es que han sido las
carreteras las que más quebraderos de
cabeza le han causado a un presidente que,
también, es caparrut cuando cree en
lo que hace. A pesar de las
manifestaciones, de los gritos, de las
amenezas, de los insultos, de los
zarandeos... Palau ha seguido adelante
porque sabía que Eivissa necesitaba, por
encima de muchas otras cosas, la renovación
de unas infraestructuras viarias ya caducas
y que, además, se han cobrado demasiadas
vidas.
Su testarudez, bien entendida,
le ha llevado a también a mantenerse firme
ante el mayor escándalo urbanístico de esta
legislatura, Eivissa Centre, en el que
están implicados buena parte de los
socialistas que han tenido bajo su
responsabilidad el Gobierno de la capital
oficiosa de las Pitiüses.
Ante la
reivindicación de los expropiados de Santa
Margarita y la negativa del Gobierno de
Tarrés a dar a conocer los entresijos
económicos de Eivissa Centre, Palau no dudó
en recurrir a quien tenía que hacerlo, la
UIB, y, con su informe, sacó los colores a
un Gobierno, el de Vila, que sigue
emperrado en llevar adelante algo que sus
propios socios han denominado
«pelotazo».
Palau, en definitiva,
afronta la campaña electoral de las
elecciones de 2007 con más que garantías.
Su contrincante, Xico Tarrés, tal vez pueda
contar con publicidad e historias bien
redactadas. Pero él tiene en su mano un
balance de gestión envidiable y del que
todos nos hemos beneficiado.