Nuevamente, la suerte del fútbol fue
esquiva con el Real Mallorca. En un
encuentro igualado, trabado y muy pastoso,
el Villarreal se llevó los tres puntos en
el último suspiro, cuando minutos antes,
Víctor tuvo un mano a mano con Viera, que
pudo significar la victoria de los de
Manzano.
Tras la sequía goleadora del
Mallorca en los últimos encuentros, Manzano
reestructuró su once inicial. Prats estuvo
bajo los palos, con Varela, Ballesteros,
Nunes y Navarro en defensa, Pereyra de
pivote defensivo, Jonás por la derecha y
Tuni por la izquierda, con Jankovic y
Arango en la delantera. El equipo tuvo un
marcado carácter ofensivo en los hombres
que formaban la alineación inicial, pero
siguieron los mismos defectos y las mismas
virtudes. En ataque se crearon ocasiones de
gol, pero se siguen desaprovechando.
Además, se echó en falta un jugador que
jugara de espaldas a portería y que hiciera
el trabajo sucio para que se aprovecharan
los jugadores de segunda línea. En defensa,
el equipo pierde mucha solidez defensiva al
prescindir del doble pivote Jordi
López-Basinas. La solidez, recuperaciones
de balón y ayudas defensivas que realizan
Jordi y Basinas a todos sus compañeros
evitan muchas ocasiones de gol, pero
especialmente, dan solidez y fortaleza al
equipo.
Manzano decidió dar la
iniciativa del juego al Villarreal,
replegarse al medio campo y esperarles en
su propio campo. Así, acumulando muchos
jugadores en el centro del campo, el
Mallorca intentaba tejer una tela de araña
para robar balones y salir al contraataque.
Esta situación creó problemas defensivos
cuando el Villarreal tenía la posesión de
la pelota e Ibagaza debía situarse cerca de
Pereyra. El argentino no tiene capacidad
defensiva para incrustarse cerca de los
defensas y tener que defender a jugadores
como Cani, Matías Fernández o Marcos.
El encuentro tuvo más ocasiones de
gol que juego ofensivo. Tras unos primeros
minutos de tanteo y de ligero dominio
amarillo, el Mallorca empezó a explotar los
espacios que dejaba la zaga local. En la
primera ocasión, Tuni desaprovecha la
opción de situar el cero a uno. En la
segunda, tras un córner, Barbosa, con su
mala salida, facilitó el tanto de Pereyra,
que cabeceó a placer.
El partido
pudo haber quedado sentenciado si Jankovic
no hubiese desaprovechado un inmejorable
uno contra uno frente a Barbosa. Intentó
una vaselina, el meta argentino leyó sus
intenciones y detuvo el esférico... desde
fuera del área por un par de centímetros.
Ni el colegiado, ni el juez de línea se
percataron y perdonaron la tarjeta roja al
arquero local, que hubiera podido cambiar
todo el rumbo del encuentro. El «submarino
amarillo» reaccionó tras una gran acción
personal de Matías Fernández que cedió el
empate a Tomasson.
Tras la
reanudación, los de Pellegrini continuaron
espesos. Apenas se acercaron al área rival
y el Mallorca tampoco buscaba la victoria,
ambos equipos daban por bueno el reparto de
puntos. Tras 75 minutos de fútbol anodino,
se desató la locura. Se sucedieron las
ocasiones y el triunfo pudo caer de
cualquiera de los dos bandos pero, para
desgracia del Mallorca, los puntos se
quedaron en casa.