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  Lunes, 26 de febrero de 2007 Actualizado a las 01:00
 

FÚTBOL / Primera División
Más dura fue la caída

UN GOL DE FUENTES EN EL ÚLTIMO MINUTO CONDENA AL MALLORCA EN VILLARREAL Y COMPLICA SU SITUACIÓN EN LA TABLA - PEREYRA ADELANTÓ A LOS BERMELLONES Y, ACTO SEGUIDO, EL ÁRBITRO PERDONÓ LA EXPULSIÓN AL GUARDAMETA BARBOSA

  A D E M A S
 LAS CLAVES DEL PARTIDO / JANKOVI Tuvo la sentencia y la malogró
 VÍCTOR Falló una ocasión clamorosa con 1-1
 RUBINOS Hizo caso omiso del reglamento
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VILLARREAL 2

MALLORCA 1



Arbitro: Rubino Pérez

Tarjetas amarillas: Cygan, Matías Fernández, Somoza, Tuni, Ibagaza, Maxi López, Varela,

Tarjetas rojas: Ninguna.

Goles: 0-1: Pereyra (min. 24). 1-1: Tomasson (min. 37). 2-1: Fuentes (min. 89).

ANDRÉS CORPAS

VILA-REAL.- Hay una gran diferencia entre el suicidio y el asesinato. Su único nexo de unión es la muerte, pero no es lo mismo matarte a que te maten. El Villarreal descubrió que el egoísmo llega a cotas impresionantes, ya que cuanto más cerca está uno del ataúd que de la vida, prefiere mandar al otro barrio al primero que pasa por delante antes que ser él quien deje de respirar.

Sobre todo cuando en juego está la permanencia. En estos casos, todos son enemigos, sean quienes sean. En estos casos, aparece una fuerza interior extraña, capaz de sacar a relucir los peores sentimientos. Si hay que matar, se mata. Aunque sea en el último minuto, aunque sea sin jugar bien y aunque se considere delito. Los amarillos decidieron dar boleto al Mallorca y ahora comienzan a respirar tranquilos después de tres encuentros perdidos de forma consecutiva y, lo que es peor, después de ver de cerca la zona de descenso. Ayer, el asesino respondió al nombre de Fuentes, que eliminó a los bermellones a escasos instantes del pitido final.

Tener una soga amarrada al cuello impide vivir con dignidad. No permite respirar, pensar, reaccionar. La tensa cuerda que anuda a aquellos equipos que conviven en el borde del abismo del descenso es, además de alargada, irrompible. Aquellos conjuntos que están unidos por ella son incapaces de actuar con naturalidad y menos aún de tener un mínimo de cordura. Sobreviven como pueden, con eso tienen suficiente.

El Villarreal y el Mallorca son dos claros ejemplos de lo mal que se vive en el infierno. Están quemados por las llamas de la lucha por la permanencia. Creadas para dar espectáculo, son escuadras que no saben cambiar de rol y menos aún de buscar la victoria por la vía fácil.

Claro que todavía hay urgencias y urgencias y, en este sentido, las del Mallorca son más acuciantes que las de su rival. Consciente de que, según los resultados que deparase la jornada podría acabar en plazas de descenso, el cuadro balear saltó al campo con la intención de sacar tajada de la endeblez anímica de un adversario en horas bajas y soliviantado por un público que empezó a silbar a sus jugadores a los veinte minutos escasos del choque, después de una enésima pelota perdida. Y, en principio, la suerte sonrió al Mallorca. La nueva apuesta de Manzano, con dos delanteros en vanguardia (Jankovic y Arango), Tuni como puñal en el flanco izquierdo y Pereyra como único pivote en la medular, dio resultado y los bermellones se hicieron con el control del esférico obligando a los castellonenses a abusar del pelotazo largo. Durante la primera media hora de juego, el Mallorca 'bailó' literalmente al Villarreal y fruto de su mejor juego llegó el tanto de Pereyra, que encendió todas las alarmas en El Madrigal.

Eran los mejores momentos del conjunto de Manzano: disciplinado atrás, con carácter y garra en el centro del campo, peligroso en las aproximaciones a la portería contraria... pero, como siempre, falto de remate. Y en esas estábamos cuando llegó la jugada que determinó en buena medida el desenlace del duelo. Jankovic encaró a Barbosa con todos los pronunciamientos para batirle y, en el último segundo, el portero le arrebató el balón, pero para ello tuvo que salir algunos metros fuera del área utilizando antirreglamentariamente las manos. En aplicación del reglamento, el meta debió ver la tarjeta roja dejando a su equipo en inferioridad numérica, pero el árbitro hizo caso omiso de la normativa, perdonó a Barbosa la expulsión y perjudicó notoriamente las expectativas del Mallorca.

Y como si no quieres taza, taza y media, la racanería ofensiva de los locales se vio injustamente premiada con el gol de Tomasson en el minuto 37 tras un fallo defensivo del Mallorca que nunca debió haberse producido. Aún así, con vistas a la segunda parte, las apuestas seguían estando a favor de los insulares, a pesar del mazazo moral del gol del empate y la remora de haber perdido a uno de sus jugadores más entonados en El Madrigal, Guillermo Pereyra. La renanudación respondió solo a medias al planteamiento previsto. Los viillarrealenses fueron incapaces de dar síntomas de mejoría y los mallorquinistas bajaron el pistón. De hecho, a medida que los minutos fueron discurriendo, era ostensiblemente evidente para cualquier observador que unos y otros se daban con un canto en los dientes si el choque finalizaba en reparto de puntos.

El descontrol apareció en escena y solo un golpe de fortuna podía hacer que la balanza se inclinara de uno u otro lado. Y se inclinó del lado del Villarreal, como pudo haberlo hecho a favor de los intereses del Mallorca. Porque apenas un minuto antes de que Fuentes desequilibrara el marcador a favor de los locales, el canterano Víctor, que junto a Maxi constituyeron la baza ofensiva de Manzano en la recta final del encuentro, desaprovechó una ocasión imperdonable dejándose robar la cartera por Viera en el uno contra uno. Y, sin tiempo para nada, un minuto antes de que se agotase el tiempo reglamentario, Fuentes acabó de hundir la nave bermellona con un gol que se cebaba injustamente en un Mallorca falto de suerte.

 
   
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