MIRÓ-SERT. LA CONSTRUCCIÓN DE UNA
AMISTAD.
Fundació Pilar i Joan
Miró. Hasta el 18 de marzo.
ASUN
CLAR/ CARLOS JOVER
PALMA.- Las vidas
de Miró y Sert son vidas cruzadas. La
exposición dedicada aquí a la amistad entre
estos dos grandes maestros así lo
demuestra. Comisariada por Frederic
Climent, está planteada como una importante
aportación documental de los numerosos
puntos de contacto habidos entre ambos a lo
largo de sus vidas, y aprovecha para
recrear el ambiente de vanguardia que rodeó
sus primeros años de encuentros: Joan
Prats, los grupos ADLAN y
GATCPAC, la revista D'Ací i
d'Allà y sobre todo la figura de Calder
(del que se incluye en la muestra la
escultura El Corcovado y la película
que Vilardebó realizó sobre el Circo que
realizara sobre su circo de figuras
móviles) son los testimonios de esa primera
época en común.
Etapa de
exilio
A ella le sigue la guerra
civil, con el pabellón de España en la
Exposición Universal de París en 1937, en
donde de nuevo se encontraron las obras de
los dos artistas. Posteriormente, el exilio
de Sert, que los separó espacialmente pero
que no impidió que se mantuviera un
contacto que dio sus frutos en el proyecto
que Sert realizó para el taller que Joan
Miró siempre había soñado tener y que le
encargó al arquitecto tras fijar su
residencia en Palma a los sesenta años.
Éste fue el referente para otros proyectos
como el de la Fondation Maeght de
Saint-Paul-de-Vence y el de la Fundació
Miró de Barcelona, que también se
encuentran documentados en esta muestra.
Aunque se finalizó en 1956 el pintor
tardó tres años en ponerse a trabajar en
él. Si bien es cierto que estaba acabando
los murales de cerámica de UNESCO, que
inauguró en 1958, el espacio enorme y vacío
del nuevo taller requirió un tiempo de
acomodación a este nuevo ambiente. Fueron
años de silencio en los que Miró aprovechó
para revisar su obra, destruyendo algunos
dibujos preparatorios y rescatando otros
para utilizarlos como base de nuevos
proyectos.
Al ponerse de nuevo en
marcha uno de los cambios fue la
incorporación del gran formato, que se ha
justificado a raíz de esos trabajos murales
en los que había estado trabajando, y
también por estas nuevas posibilidades
espaciales del estudio palmesano. Este es
el argumento que mantiene la actual
exposición en la Fundació Miró de
Barcelona, que señala la fecha de 1956 (año
de finalización del taller) como la de
inicio de una etapa caracterizada, entre
otras cuestiones, por ésta.
La
capacidad de intervención de la
arquitectura en la esfera vital más íntima
de los usuarios de estos espacios
construidos queda aquí singularmente
reflejada. La medida que acota el vacío que
nos rodea y que determina los movimientos
de las acciones cotidianas es al fin y al
cabo un referente de nuestras propias
dimensiones. La impronta del espacio que
acondiciona luz y temperatura atañe no sólo
a la solución de cobijo funcional sino que
alcanza así a la emoción, y por tanto
también, como en este caso, a la obra.