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  Lunes, 26 de febrero de 2007 Actualizado a las 22:04
 

La marca del taller

Numerosos documentos ilustran la fertilidad artística de esos años



MIRÓ-SERT. LA CONSTRUCCIÓN DE UNA AMISTAD.

Fundació Pilar i Joan Miró. Hasta el 18 de marzo.

ASUN CLAR/ CARLOS JOVER

PALMA.- Las vidas de Miró y Sert son vidas cruzadas. La exposición dedicada aquí a la amistad entre estos dos grandes maestros así lo demuestra. Comisariada por Frederic Climent, está planteada como una importante aportación documental de los numerosos puntos de contacto habidos entre ambos a lo largo de sus vidas, y aprovecha para recrear el ambiente de vanguardia que rodeó sus primeros años de encuentros: Joan Prats, los grupos ADLAN y GATCPAC, la revista D'Ací i d'Allà y sobre todo la figura de Calder (del que se incluye en la muestra la escultura El Corcovado y la película que Vilardebó realizó sobre el Circo que realizara sobre su circo de figuras móviles) son los testimonios de esa primera época en común.

Etapa de exilio

A ella le sigue la guerra civil, con el pabellón de España en la Exposición Universal de París en 1937, en donde de nuevo se encontraron las obras de los dos artistas. Posteriormente, el exilio de Sert, que los separó espacialmente pero que no impidió que se mantuviera un contacto que dio sus frutos en el proyecto que Sert realizó para el taller que Joan Miró siempre había soñado tener y que le encargó al arquitecto tras fijar su residencia en Palma a los sesenta años. Éste fue el referente para otros proyectos como el de la Fondation Maeght de Saint-Paul-de-Vence y el de la Fundació Miró de Barcelona, que también se encuentran documentados en esta muestra.

Aunque se finalizó en 1956 el pintor tardó tres años en ponerse a trabajar en él. Si bien es cierto que estaba acabando los murales de cerámica de UNESCO, que inauguró en 1958, el espacio enorme y vacío del nuevo taller requirió un tiempo de acomodación a este nuevo ambiente. Fueron años de silencio en los que Miró aprovechó para revisar su obra, destruyendo algunos dibujos preparatorios y rescatando otros para utilizarlos como base de nuevos proyectos.

Al ponerse de nuevo en marcha uno de los cambios fue la incorporación del gran formato, que se ha justificado a raíz de esos trabajos murales en los que había estado trabajando, y también por estas nuevas posibilidades espaciales del estudio palmesano. Este es el argumento que mantiene la actual exposición en la Fundació Miró de Barcelona, que señala la fecha de 1956 (año de finalización del taller) como la de inicio de una etapa caracterizada, entre otras cuestiones, por ésta.

La capacidad de intervención de la arquitectura en la esfera vital más íntima de los usuarios de estos espacios construidos queda aquí singularmente reflejada. La medida que acota el vacío que nos rodea y que determina los movimientos de las acciones cotidianas es al fin y al cabo un referente de nuestras propias dimensiones. La impronta del espacio que acondiciona luz y temperatura atañe no sólo a la solución de cobijo funcional sino que alcanza así a la emoción, y por tanto también, como en este caso, a la obra.

 
   
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