En tiempos convulsos no
debe extrañar que se reciban cartas
dirigidas a los responsables de esta
sección con propuestas inusitadas. La que
hoy reproducimos, escrita con talante
educado pero sin embargo maligno, viene
firmada por un lector que dice ser asiduo
de La Galería y cuyas iniciales
responden a J.R., aunque no descarta un
futuro desvelamiento de su personalidad.
Dice así:
«Como seguidor y admirador
de su sección en el periódico denominada
La Galería no puedo menos que
proponer, dentro de los comentarios en
general emitidos de rodillas respecto a la
obra de Miquel Barceló en la Catedral de
Palma, mi discreta aportación al debate. He
visitado la Seu y he podido analizar con
detenimiento la intervención del artista de
Felanitx en la capilla de Sant Pere, tanto
en particular como en relación al resto del
templo. La impresión de pastiche, de
decorado manierista ejecutado con atajos
técnicos que se atrincheran en una falsa
manera de contribuir a un mal entendido
tardoexpresionismo, la insuficiente y burda
fundamentación temática -por no decir
metafísica para no arrastrar este vocablo
al precipicio- en los recurrentes elementos
paganos de Barceló que en nada suman a la
marcha del arte contemporáneo, la
estupefacción de los anclajes que añaden
falsedad a la primera impresión de falsedad
que causa la visión de la piel cerámica que
es la obra, no quedan sólo ahí, como mero
suspenso de una intervención singular que
no traduce ni de lejos lo que el arte hoy
en día es capaz de aportar a la aventura
humana, sino que además causa una
tristísima sensación de desequilibrio en
todo el escenario de la catedral, de
consecuencias episcopales.
Lo que sí
reconozco a la obra es el atractivo
turístico, a la manera de cómo escalan los
programas de la tele-basura en los índices
de audiencia. Como arte-basura pues que es,
y dado que la Catedral cuenta de por sí con
suficientes incentivos propios para
mantenerse como un importante foco de
atracción para el turismo, vengo a proponer
una innovación en el circuito de interés de
Palma: la ejecución, en el marco del Pueblo
Español, dado el déficit de visitas que
tiene en la actualidad, de una réplica de
la capilla de Sant Pere, junto a la de la
Torre del Oro y demás monumentos allí
duplicados. Trasladar después la
intervención de Barceló allí, dejando la
capilla original con sus elementos góticos
restaurados. El Pueblo Español, a redoble
de este singular pasodoble
barceloniano, se convertiría así en un hito
turístico relevante, del que todos
saldremos ganando».
Nota: La
reproducción de esta carta no supone la
intimidad intelectual de los responsables
de la sección con su autor.