E. F.
CAMPOS.- Un año más, cientos
de vecinos de Campos y de otros municipios
cercanos como Santanyí, Ses Salines y
Porreres peregrinaron hasta el Oratorio de
Sant Blai para encomendar al santo para que
les conserve la buena salud bajo los arcos
de un templo con más de 700 años que tiene
el honor de haber sido el primero en
edificarse en el municipio.
Sobre
ruedas, como cada año, fue la peregrinación
hasta la ermita. Los que eligieron la
bicicleta salieron de la plaza dels Tres
Molins a las 9.45 horas, la misma hora en
la que hacían lo propio en la Plaza Mayor
los que habían preferido el patinete o sus
propios pies como medio de locomoción. A
Sant Blai sense fum era, por segundo
año consecutivo, el lema de una romería que
pretende desmarcarse de la contaminación de
los vehículos a motor y las emisiones de
gases.
La banda de xeremiers
se ocupaba de insertar la algarabía en el
recorrido, acompañando a la comitiva al son
de las notas que extraían de sus
instrumentos. A la llegada al monasterio,
la recompensa: un trozo de coca y bebida
gratuita como colofón del viaje.
El
Jardí de les Palmeres fue el marco en el
que sobre las once de la mañana el Obispo
de Mallorca Jesús Murgui ofició su misa y
bendijo los alimentos. La tradición manda
que tras los oficios todo aquel que lo
desee puede ungirse con el aceite de romero
bendecido, según los entendidos un remedio
infalible para toda clase de afecciones.
Los monitores de catequesis se encargaron
de entretener a los más pequeños de la
congregación con su programa de juegos
infantiles, una actividad en la que
colaboraba la Associació de Gent Gran de
Campos.
La paella
Los
juegos fueron el preludio a la comida de
compañerismo en el jardín. Una paella de
dimensiones bíblicas, previsible
protagonista de todo domingo que se precie,
romería incluida o sin ella, unió a los
peregrinos tras la misa y puso sus
carrillos a trabajar al unísono. Cocas,
café y bebidas complementaban una oferta
gastronómica de la que se podía disfrutar
previo pago de diez euros.
La
Agrupació Brot de Taparera fue la
encargada de culminar la jornada festiva
con un baile popular. La exposición de
Maria Morell Oliver, Sant Blai sense
fum, fue durante todo el fin de semana
testigo silencioso de las celebraciones. Un
año más, Sant Blai demostró la fidelidad de
sus devotos.