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  Lunes, 5 de febrero de 2007 Actualizado a las 01:00
 

CULTURA
Del impresionismo a lo abstracto: Coll Bardolet deja su legado a Valldemossa

El Museo dedicado al artista se inaugura con su familia, artistas, políticos y una gran cantidad de ciudadanos - La exposición inaugural recoge 45 obras de todas sus etapas pictóricas y 25 cuadros de su colección

  A D E M A S
 «Un recuerdo de nuestros paisajes más íntimos»
 La voluntad del pintor que se hizo Fundación y después museo
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MIREYA ROURA

VALLDEMOSSA.- «En la vida, uno siempre tiene momentos clarividentes. Y a mí la puerta se me abrió en Valldemossa». A Josep Coll Bardolet, infatigable pintor universal nacido en Girona, sólo le faltaba inaugurar la Fundación-Museo que lleva su nombre para concluir un estado vital que inició hace más de sesenta años en Mallorca. Y ayer, con sus 94 años arropados por todo un pueblo, pudo entregar por fin parte de su legado a Valldemossa: 45 de sus obras y 25 cuadros de su colección particular.

Esa firma tan admirada en sus lienzos recorre ahora la pared de un espacio de 600 metros cuadrados dividido en tres plantas. Su museo. De lo más antiguo a lo más reciente, el espacio alberga todas las épocas de su actividad pictórica.

El paisaje impresionista que captó en Vic (Barcelona), los «tonos grises» de las ciudades europeas que frecuentó, los payeses mallorquines sacando a bailar sus abigarrados colores, la Cartuja retratada en todas las estaciones y, por último, sus pinturas de 2006, muy empastadas y casi abstractas. La muestra comparte protagonismo con obras de Anglada Camarassa, Ribes y Nadal.

A pesar de los acertados discursos de toda la clase política, la nota que delató la importancia futura de la iniciativa fue la ciudadanía. Pocos minutos después de las seis de la tarde, hora oficial de la inauguración, era ya imposible atravesar el embudo de gente que se había formado en la entrada. Tampoco dentro cabía un alfiler.

Testigos directos de cómo el entrañable pintor recogía flores de su cultivado jardín para retratarlas en un lienzo, y más cerca que nadie de lo que es su fuente de inspiración, los valldemossins esperaron pacientemente para recibir su regalo visual.

Coll Bardolet recorrió las salas rodeado de su familia y del brazo de la vicepresidenta del Govern, Rosa Estaràs, cuya familia ha sido un pilar importante para el pintor en los tiempos que frecuentaba el Hotel del Artista, por entonces cuna de intelectuales con tintes existencialistas.

Como amigos y también ciudadanos de Valldemossa, también acompañaban al pintor, Claudio Torcigliani, el alemán Nils Burwitz y Bruno Zupan con su hija Natasha. El cónsul estadounidense, Tummy Bestard, tampoco quiso perderse el acto.

«¿Quién es éste?», preguntó súbitamente el president del Govern, Jaume Matas, al Hijo Ilustre de Valldemosa. Se encontraba en la segunda planta, frente al autorretrato que Coll Bardolet pintó en 1939. Por entonces, el artista tenía 27 años. Atrás dejaba Tous (Francia), la ciudad que lo acogió después de que junto a tres amigos atravesara la frontera francesa para huir de la guerra fratricida.

Bailes mallorquines

En Tous, tuvo que trabajar para subsistir a la vez que estudiaba de noche en L'École des Beaux Arts. En esta ciudad que tan bien se portó, Coll Bardolet dejó un museo. Después de un año en Bruselas, el artista volvió a Cataluña, donde, por cierto, hay otras dos salas: una en su pueblo natal, Campdevànol, y otra de obra abstracta en Vic, donde pasó su juventud.

En 1940 viajó a Mallorca y allí se quedó. «Un día fue a aprender bailes mallorquines a Selva y quedó encantado con aquel folclore. De allí vienen sus obras. Siempre decía que tenía más de 90 años de experiencia pintando bailarines». Así lo recuerda su sobrina nieta, Olga Coll.

Asimismo, relata cómo el pintor impulsó su idea de hacer cantar a una coral en Torrent de Pareis. «Se iba con su bloc y su mochila, cuando no existía el túnel». Por lo visto, allí descubrió «una especie de cooperación con la naturaleza», en palabras del autor, y acabó convirtiendo Sa Calobra en un escenario musical una vez al año. Más tarde, Coll Bardolet también quiso su museo para Valldemossa. Y ayer se inauguró.

 
   
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