JAVIER MARTÍNEZ
Enviado
especial
RIAD.- Frente al fútbol
más sonoro de Qatar, convertido en un
cementerio de elefantes, Arabia Saudí busca
su propio modelo de progreso. Es cierto que
el Al-Ittihad ha roto la banca con la
contratación para la próxima temporada de
Luis Figo, pero la política de Mansour
al-Balwi, un empresario de dinero poco
transparente, no marca tendencia en un país
que prefiere avanzar desde abajo, poniendo
en marcha academias que se miran en el
espejo español.
El Real Madrid y el
Barcelona despiertan el lógico interés por
su extraordinario poder económico y la
posibilidad de establecer infraestructuras
de beneficio recíproco entre los clubes
españoles y los de este país. Tampoco se
pierde de vista al Athletic, la escuela por
excelencia. «Se trata de hacer crecer
nuevas generaciones de alto nivel, con
técnica, educación y salud», explica Ahmad
Al-Qahtani, agente de la FIFA. Además de
España, Francia e Italia son también objeto
de estudio. Cada academia de formación
costaría 10 millones de euros, dinero que
ha de partir de sociedades privadas
capitaneadas por hombres de negocios. El Al
Ahli, de la ciudad de Jeddah, fue el
pionero hace un lustro. Presidido por
Khalid Bin Abdullah, hijo del rey, ya
cuenta con nueve futbolistas en la
selección sub'21.
Dinero no falta, y
la afición crece de manera notable. Arabia
Saudí ha estado presente en los cuatro
últimos Mundiales y cuenta con el mejor
club de Asia, el Al Hilal, que prepara los
fastos de su 50º aniversario de la mano de
su presidente, Mohammad Bin Faisal, nieto
del heredero.
El petróleo también
alcanza al fútbol en el corazón del mundo
islámico. Ahora bien, hay diferentes
sistemas de inversión. Desde que Rivelinho
agotase sus precarias reservas a principios
de los 80 en el Al Hilal, esta sociedad ha
ido viendo pasar figuras ilustres,
particularmente en el banquillo. Aquí hizo
fortuna Kubala, sucedido en épocas
posteriores por nombres de menor peso como
el brasileño Candinho, procedente del Sao
Paulo, y los portugueses Paquetá y Peseiro,
este último segundo de Carlos Queiroz en el
Real Madrid y recientemente destituido como
técnico de un club que cuenta con 11
deportes, que ha dado un giro a su
estrategia y que cuida con mimo las
categorías inferiores, donde 40 futbolistas
de entre ocho y 18 años se forjan bajo unas
señas de identidad comunes.
Desde la
llegada de Bin Faisal, el Al Hilal ha dado
preferencia al grupo, a la formación de un
equipo sólido complementado con extranjeros
jóvenes de segundo nivel, futbolistas que
no hayan dejado atrás sus mejores años. Es
el caso de los brasileños Tavares y
Freitas, con un papel lateral en su país, y
del libio Tarcy Al Fayed, procedente de la
Liga turca. «Al fútbol árabe le falta
personalidad, estructura de club», apunta
Freitas, después de destacar las cualidades
de los jugadores nativos. «Tienen la
técnica, como los sudamericanos, y el amor
por la pelota. El problema es que viven en
un ambiente no completamente profesional»,
abunda el también brasileño Luis Carlos,
fisioterapeuta y entrenador en funciones.
Hay poco más de un 50% de profesionales en
la Liga de Arabia Saudí, con unos ingresos
medios entre 2.000 y 3.000 euros,
multiplicados cuando se trata de grandes
nombres llegados de Occidente.