En el fútbol podríamos pensar en ataque
y contrataataque a la vez , pero nunca en
la "c" de contraataque sin
dominar la "a" de ataque, y menos
en un equipo grande; porque en éste, son
muchas más las ocasiones en las que ha de
estar atacando que
contraatacando.
Como se sabe, cosas,
personas, entidades, tenemos cualidades que
se admiten sin discusión: se es alto, bajo,
gordo, flaco, negro, blanco… y otras, como
ser bueno, malo, vulgar, excelente… que
están sujetas al «según el color del
cristal con que se vean».
En cuanto a
su imagen fuera de los terrenos de juego,
un equipo adquiere el adjetivo de grande
cuando su historia de resultados y su
afición lo son en éxitos y número. Mas
tener ese calificativo en lo externo, no
implica, en bastantes casos, tenerlo en el
terreno de juego; en donde hay que atesorar
ciertas cuestiones fundamentales sin las
cuales no se debe merecer tal calificativo.
Dentro de esas cuestiones, además de
tener una buena plantilla de jugadores,
están como imprescindibles, dominar bien el
juego de ataque y la recuperación inmediata
del balón en juego cuando se pierde su
posesión. Sin ambas es difícil ser un
grande, por encima de aciertos o
desaciertos.
Sin necesidad de dar
nombres, cualquier buen aficionado, puede
observar con nitidez esas dos cuestiones y
con ello saber si tal o cual equipo es
grande por el nombre y por lo que hace en
la cancha o sólo por una cosa de las
dos.
Que un equipo pequeño le gane a
un grande puede ser producto de la suerte
si el primero remata una vez y hace gol y
el segundo 15 sin hacer ninguno. Pero si el
grande dispara más o menos las mismas veces
que el pequeño, debemos decir que el grande
lo es de nombre y no de juego.
Es por
ello que iniciaba estas palabras con la
metáfora de la "a" y la
"c"; porque son bastantes los
equipos grandes que en el juego no lo son
tanto porque no saben atacar y, aún menos,
recuperar inmediatamente el balón cuando lo
pierden. Revísese lo visto esta semana y se
comprenderá por qué son bastantes
frecuentes los triunfos de los pequeños
ante los grandes. Unos saben atacar y
contraatarcar y otros ni piensan en
ello.