MARCOS TORÍO
PALMA.- Panes, peces,
sandías, granadas, pero la Iglesia mira
aquí y allá buscando una representación de
Cristo en la cruz en la intervención de
Barceló. Y como no hay ni rastro del aspa
católico, la Catedral va a rematar la obra
del artista con lo que echan en falta: a
Jesús crucificado. «Vamos a añadir una cruz
porque no hay que olvidar que la capilla
cumplirá la misión de celebrar la
Eucaristía y en las misas debe estar
presente ese símbolo», señaló ayer a EL
MUNDO/ El Día de Baleares el presidente del
Cabildo Catedralicio, Joan Darder. Se
colocará «cerca del altar» como parte del
mobiliario litúrgico en piedra creado para
el artista.
El clero y el propio
Barceló sabían del uso que tendría la
capilla por lo que estaba previsto que la
propia obra incorporara el elemento. El
proyecto original lo contemplaba, aunque el
artista prescindió del crucifijo al
presentar la maqueta en agosto de 2002 en
favor de una imagen de Cristo resucitado
que, según Darder, «está lejos de emocionar
y remitir a una vida trscendente porque
está insuficientemente expresado». Y añade:
«No me gusta porque tiene aspecto de
homínido, el tronco muy alto, las piernas
cortas y las manos grandes».
En el
verano de 2003, tres miembros de la
Catedral acudieron al taller de Vietri sul
Mare en Nápoles para supervisar el estado
de la obra y trasladaron la necesidad de
incluir la cruz en la obra. Se habló
incluso, según Darder, de crear una estatua
autónoma -independiente del mural- del
crucificado, pero «él no quiso».
La
cerámica estaba avanzada y Barceló propuso
'encontrar' el crucifijo en los
'accidentes' de la cerámica: pintaría de
azul dos grietas que confluían cerca del
Cristo simulando lo que necesitaba la
Iglesia. «El programa iconográfico original
contaba con una cruz y, finalmente, se ha
puesto», declaraba entonces el fallecido
portavoz de la Fundación Art a la Seu, Pere
Llabrés. Se equivocaba porque no existe.
«El artista es un creador que va
cambiando. Cuando le apretamos un poco
quería hacernos pasar una doble grieta por
cruz, pero no debió convencerle la idea. No
estaba por la labor y no lo ha hecho. Lo
pondremos nosotros», explicó ayer Darder.
«Si nos sentamos a hablar no tiene que
recurrir a su genio para discutir. No
acepta cuestionamientos y cree decir la
última palabra», añadió.
En el camino
se ha quedado también un candelabro
comprometido en el mobiliario litúrgico que
el artisto llegó a realizar en piedra, pero
que descartó al no estar contento con el
resultado. «Lo suprimió porque no le
gustaba», explicó Darder.
En contra
de lo declarado por el artista, el
encargado de obras de la Seu, Joan Bestard,
reconoció ayer que Barceló ha añadido una
mancha blanca al cristo -tal y como él
mismo le solicitó en su visita a Vietri-
para «suavizar los rasgos» y acercarse a la
idea del resucitado que demandaba el clero.
«Sin esa pintura, me hubiera resultado poco
esbelto». El artista tenía intención de
dejarlo del color de la cerámica.
Bestard ha acogido la obra
-incluidos los vitrales- «con emoción y
entusiasmo», aunque asegura que, entre los
suyos, se ha quedado «en minoría».