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  Domingo, 4 de febrero de 2007 Actualizado a las 01:28
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES
Por las buenas o (más bien) por las malas

EDUARDO INDA


Si nos dieran a elegir una escena de la historia del cine, la mayoría de nosotros se quedaría con ésa en la que Rick (el duro por antonomasia, Humphrey Bogart), le suelta entre alucinado y extasiado a la hipermegabella Ilsa (Ingrid Bergman): «De entre todos los tugurios que hay en el mundo, tenías que entrar en el mío». Convenientemente retocada esta miniparrafada de la madre de todas las gozadas cinematográficas, Casablanca (1942), es la paráfrasis perfecta para definir lo que está sucediendo tanto a nivel nacional como en el microcosmos local entre un PSOE empeñado en utilizar torticeramente todo el aparataje del Estado para empurar a todo lo que huela a PP y un PP que permanece groggy porque no sabe ni cuándo ni por dónde le va a venir la próxima ensalada de bofetadas.

Yo me planteo la mismita pregunta que el personal e intransferible propietario del Rick's Cafe: «¿Por qué de entre todos los tugurios municipales que existen en España, que los hay y a puñados, casualmente la Fiscalía y la Policía irrumpen en unos sí y en otros no? ¿por qué de todos los chorizazos, chorizos y choricillos que hay a lo largo y ancho de la geografía nacional sólo se llevan palante a los que portan un carné con dos siglas sobrevoladas por una gaviota?

Le doy públicamente unos simbólicos 100 euros al ciudadano o ciudadana -que diría el único español que dice estar por encima de la ley, Juan José Ibarretxe- que me nombre un solo alcalde o concejal socialista que haya sido arrestado en los últimos meses al estilo Andratx, asaltando a lo hombres de Harrelson el Ayuntamiento; al modo Alhaurín, cuando vas por la calle tras reunirte con tu jefe Rajoy; o a la moganesa, colocándote las esposas en tu hogar en presencia de tu mujer, de la abuela, del perro, del gato, del hámster o de tus hijos si es preciso, que éstos no se cortan un pelo así los maten.

El hombre (uséase Rajoy) que acaba de desperdiciar la mejor oportunidad que ha tenido en tres años para poner cuatro o cinco puntos de por medio frente al peor presidente de la democracia se queja amargamente de este doble rasero. El registrador en excedencia de Santa Pola facilitó la semana pasada en voz baja, como queriendo pedir perdón, un par de datos que lo dicen todo: «Sólo en Andalucía hay 27 alcaldes del PSOE imputados, 20 de ellos por delitos urbanísticos... y curiosamente a ninguno se le ha detenido sino que se les llama directamente por teléfono para que se presenten en el juzgado». Más que curioso, es cantoso. Teniendo en cuenta el nivelón ético de esa casta socialista que lleva 24 años encastillada en Andalucía, me imagino que no serán precisamente corruptelillas lo que se atribuye a estos 27 regidores.

Tiene gracia o más bien no tiene ninguna que la parafernalia a lo GEO desplegada para capturar a Hidalgo -50 guardias civiles y las cámaras de TVE en directo- no haya tenido su traslación a Andalucía, a Ciempozuelos o a Elche. Les recuerdo, por ejemplo, que al hasta hace mes y pico alcalde socialista de la localidad madrileña se le acusa con las pruebas más demoledoras que he visto en mucho tiempo de haber firmado un documento por el cual se comprometía a recalificar una parcela para levantar 5.000 pisos a cambio de la módica coima de 40 millones de euros (6.600 millones de pesetas). Ahí está un documento tan real como la vida misma.

El aluvión de pruebas es tal que al fulano le han descubierto hasta la cuenta que inevitablemente todo corrupto posee en un paraíso fiscal. En este caso esa Andorra que con tanta frecuencia visita la mangante mayor de nuestro reino. Pedro Torrejón, que así se llama el multimillonario sujeto, acumulaba en el Andbanc andorrano lo que Juan Balear gana todos los días: 900.000 euros (150 millones de pesetas). Pues bien: a este más que presunto delincuente, no lo sacaron esposado del Ayuntamiento, tampoco lo capturaron en su hogar y menos aún le dieron el alto cuando caminaba tranquilamente por la calle. Por una sencilla razón: jamás le han detenido, ni con cámaras de televisión ni sin ellas.

El cante jondo es ya definitivo si atendemos a otros dos detalles de na: el jefe de la Brigada de Delincuencia Económica, Vicente García Novoa, denunció públicamente que desde las rubalcanescas alturas le ordenaron no menealla incluso después de que el fisco andorrano les remitiera todo lujo de pruebas materiales sobre la punta de este sucio iceberg. Por si fuera poco, el ministerio público exigió que no se le imputase e intentó apartar de la causa al juez natural, intuyo que acatando órdenes de ese fiscal general del Estado que constitucionalmente está a lo que dicte el ministro de Justicia de turno. Al final, lo mandaron al hotel rejas porque el magistrado se puso decentemente el mundo por montera. Ni más ni menos, ni menos ni más. Que, si no, el tal Torrejón continuaría tan campante como el todavía alcalde de Elche, el también socialista Diego Macià, cuya familia política compró un terreno justo al ladito de donde nadie salvo ellos sabían que se iba a construir un Corte Inglés. Resultado: el clan de la mujerísima se ha metido en la buchaca en año y medio una insignificante plusvalía de 11 millones de euros que se dice pronto. Macià jamás ha tenido que pasar siquiera por el cuartelillo y ahí sigue más chulo que un ocho, especialmente, tras proclamar su jefe de filas (Joan Ignasi Pla) su casta inocencia. «Es un hombre honesto y transparente», dixit el socialista que aspira a jubilar a Camps con la lucha contra la corrupción como bandera.

Choca tanta pasividad con la estresante actividad exhibida por la Fiscalía a norte, sur, este y oeste en todos aquellos municipios en los que el PP gobierna solo o en compañía de otros. A saber: Alhaurín El Grande, Mogán, Telde, Ronda, Andratx, Torrevieja, Alicante y un tan largo como mosqueante etcétera. Una casualidad entra estadísticamente dentro de lo normal, dos son milagro y tres o más juntas resultan un imposible físico y metafísico. Esto último es lo que ha sucedido con tres de los cuatro o cinco últimos rejonazos del ministerio público: dos se han producido en esa Gran Canaria en la que se presentará López Aguilar, todavía jefe de Cándido Conde Pumpido, y el tercero ha herido de muerte al alcalde de Santa Cruz que, casualidad al cuadrado, es santo y seña de una Coalición Canaria que luchará a cara de perro con el todavía ministro por la Presidencia de la comunidad. No tendría ninguna duda de que todos estos ediles populares están bien empurados si no fuera porque tamaño celo fiscal ha sido unidireccional. ¿O es que acaso son las huestes de Rajoy unos golfos redomados y las de ZP poco menos que la reencarnación de la Madre Teresa de Calcuta? La lógica más elemental indica que va a ser que no y ese sentido común que es el menos común de los sentidos permite inferir que en todas partes cuecen habas.

Como al militar el valor, a la Fiscalía la imparcialidad se le debería suponer. Pero desgraciadamente las cosas no son ni como nos gustaría que fueran ni como dicta que sean unas leyes que en esta democracia enferma se aproximan a la condición de papel mojado. No recuerdo quién es el cínico que esbozó aquello de que «las normas se crean para incumplirlas» ni tampoco de quién es el copyright de aquello otro de «hecha la ley, hecha la trampa» pero, hipócritas o no, lo clavaron. Tanto la Constitución como el Estatuto del Ministerio Fiscal contienen resabios franquistas y por eso pasa lo que pasa. La Carta Magna prescribe en el artículo 124.4 que «el fiscal general sea nombrado por el Rey a propuesta del presidente» y el Estatuto de esta función clave en cualquier democracia digna de tal nombre señala que «el Gobierno podrá interesar del fiscal del Estado que promueva ante los tribunales las actuaciones pertinentes». Dicho en román paladino: así como en el mundo de la empresa el que paga, manda; en el de la Fiscalía el que nombra, manda.

Bajando a la realidad balear es menester resaltar por enésima vez la discriminación positiva que se dispensa a esa Cueva de Alí Babá que es el Consell de Mallorca mientras a un Hidalgo que tampoco es ninguna hermanita de la caridad, se le enchirona, se le desenchirona y se le vuelve a enchironar con un gran eje argumental que es un cohecho de 740.000 euros que resultó una compraventa ante notario y declarada a Hacienda. Porque delitos urbanísticos seguro que haberlos, haylos y para dar y tomar, pero por esa regla de tres habría que meter en el trullo a media Mallorca y parte de la otra, incluidos el líder de UM en Andratx, un caballista ful llamado Josep Bestard, esa buena gente que es el baranda local del PSM, Gabriel Puigserver, o el propio conseller de Medio Ambiente de la Isla, Miquel Ángel Borràs, que se hizo un casoplón en zona protegida.

Y aun a riesgo de ser tildado de coñazo hago constar por enésima vez que este servidor no le compraría jamás ni un coche usado de juguete a un picoleto metido a alcalde andritxol cuyas andanzas huelen peor que mal. Es ocioso descubrir que hablo de un Eugenio Hidalgo que mezclaba lo público y lo privado como es habitual entre nuestra res publica: con una desvergüenza pasmosa. Pero en democracia el viaje es el que es: primero se recogen las pruebas y luego en todo caso se le priva de libertad pero no al revés porque la señal de prohibido es imponente. Encarcelar para buscar delitos es un atentado contra todos los derechos humanos habidos y por haber.

Este menda sólo se creerá la Operación Voramar el día que haya Operación Munar y/o Operación Nadal, la mañana en que nos desayunemos con la Operación Verger y la tarde en que hagamos la digestión mientras la Fiscalía hace su trabajo en ese pozo de medias verdades y mentiras enteras que es un caso Eivissa Centre que ha enfangado al PSOE pitiuso.

Resulta un insulto a la inteligencia intentar hacernos comulgar con ruedas de molino jurándonos y perjurándonos que el único leit motiv de la Operación Voramar es la «regeneración de la vida pública» y «la defensa del interés general». Menos lobos, caperucita.

Matas anduvo hace una semana maquiavélicamente fino al invitar a Antoni del Olmo a coger la puerta e irse por donde había venido. Que el fiscal ¿antiqué? se iba derechito a Santa Margalilda es de cajón, entre otras cosas, porque el modus operandi es idéntico al de Andratx: se crea el caldo de cultivo adecuado con los medios amigos lanzando globos sonda día sí, día también, se despliega un equipo de patas negras sobre el terreno, se pinchan teléfonos como locos y, ¡zas!, en el momento adecuado se pega el zarpazo. Ahora están que se suben por las paredes al haberse quedado sin el caramelito a tres meses y 23 días de las elecciones. ¿Será Ciutadella -también coto privado del PP- el siguiente de la lista o seguirán intentando reanimar un caso Andratx que, se pongan como se pongan, pierde fuelle por momentos? Lo único claro es que el PSOE no va a permitir que esto quede así como así. Para volver al Consolat se tienen que agarrar a un clavo ardiendo, el problema es que esta tea es más bien un suflé mal hecho que se hincha pero luego se deshincha repentinamente.

Mientras haya Ibarretxes aquí y en el resto de España que están por encima de la ley, seguiré negando la mayor. El día en que Doña Justicia entre en el tugurio del lehendakari, en el de MAM, en el de Verger o en el de Nadal, volveré a creer en los Reyes Magos y certificaré que el caso Andratx y los que están por venir nada tienen que ver con esa fecha fatídica que es el 27 de mayo. Justicia, sí, por supuesto, pero para todos.

e.inda@elmundo.es

 
   
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