Stanislao Dziwisz estuvo pegado a
Karol Wojtyla desde 1966 hasta el
2005, cuando murió. Acaba de publicar el
libro Una vida con Karol, del que ha
trascendido, sobre todo, la anécdota de que
Juan Pablo II, tras el cónclave que
le convirtió en cabeza de la Iglesia, le
susurró en la intimidad a su viejo amigo:
«Me han hecho Papa, ya les vale».
A
la espera de que Dziwisz nos explique un
poco mejor ese comentario del Papa que
esquiaba de estrangis, sólo podemos ensayar
soluciones al acertijo. «Ya les vale» en
principio delata cierta humildad. Un
cardenal polaco completamente desconocido,
de repente se ve nombrado Papa y se da
cuenta de que le ha caído encima un marrón.
Asume el encargo pero duda de la capacidad
de discernimiento de unos colegas que le
han pasado las llaves de Pedro como una
patata caliente. Woytila le dijo a Dziwisz,
con otras palabras, «no saben lo que hacen,
se han vuelto locos, Dios les perdone».
Puede que quisiera decirle también, «ahora
se van a enterar: habérselo pensado dos
veces».
Algo parecido debió pensar
Barbie Presidenta cuando el PP, una vez
más, le dejó las llaves del Consell de
Mallorca: «Menuda panda de blandos, vaya
primogenitura que me acaban de dar por un
plato de lentejas, pues sí que es fácil
apalancarse en el poder, qué resultones que
salen los cuatro votos que obtengo, estos
del PP me dan lo que pido y encima las
gracias, ya les vale».
Miquel
Barceló también debió de tirar cohetes
cuando supo que unos hombres de Dios le
iban a encargar tareas de decorador en un
capilla de la Catedral, «a mí, que soy
ateo, ya les vale». Cuando Mel
Gibson empezó a exhibir La pasión de
Cristo, recibió duras críticas desde el
sector agnóstico y ateo, mientras los
creyentes lloraban de emoción ante la gran
pantalla. Esa obra de arte era demasiado
gore para contemplarla sin fe. Con la
capilla de Barceló va a pasar lo contrario:
van a defenderla con más pasión quienes no
pisan jamás una iglesia que los usuarios
tradicionales. Es demasiado cara para
contemplarla con fe. Por supuesto quienes
se han pasado la vida denunciando el oro
del Vaticano, ahora no tienen nada que
objetar sobre los honorarios del artista,
cuyo principal mérito ha sido conseguir que
unos vitrales del siglo XXI proporcionen
menos luz que los del siglo XIX.
Otro
que dijo enseguida «ya les vale» fue
Santiago Calatrava, cuando se enteró
de que iban a plantarle su escultura
en la terraza bar de un museo fracasado, Es
Baluard. Incapaz de diseñar edificios que
no parezcan esculturas, ahora vende
esculturas que parecen edificios. El museo
de Serra ha apostado definitivamente
por el arte de puertas hacia fuera, porque
de puertas hacia dentro nadie se animaba a
ver lo que hay. Los Reyes mañana vienen a
inaugurar los cubos ilegales sobre la
muralla, y por la mañana pasan por la
capilla, como los toreros. Ya les vale.