L. R.
PALMA.-El Tribunal de Justicia de
Baleares se pronunció ayer sobre la alarma
social creada tras el doble crimen de Sont
Gotleu y la ausencia en el uso en la Isla
de las pulseras detectoras de aproximación.
Y es que la víctima, Olimpia Ketty,
había presentado una denuncia por malos
tratos contra su marido y presunto asesino.
La mujer fallecida también había logrado
una orden de alejamiento de 500 metros de
su agresor. Sin embargo, ni su defensa, ni
el Ministerio Fiscal habían solicitado
nunca una pulsera detectora.
Ante este hecho, la Sala de Gobierno del
TSJIB emitió ayer un comunicado en relación
a las pulseras detectoras de aproximación y
su uso. La nota recordaba que en su momento
«se constituyó una Comisión de seguimiento
para analizar la aplicación de esta medida,
sin que conste que algún juez haya
rechazado solicitud alguna del Ministerio
Fiscal ni de las acusaciones particulares
para que se apliquen las pulseras». En
otras palabras, aún no se han estrenado en
Baleares porque nadie las ha solicitado.
Los jueces aún no han impuesto ninguna
de las pioneras 25 pulseras
antimaltratadores de las que disponen desde
el pasado mes de octubre. Unas pulseras que
cuentan con una efectividad probada del 100
%. El kit anti-maltrato se compone de un
total de siete aparatos distintos: tres
para el agresor y otros cuatro para la
víctima. Se trata de dos unidades de
localización, un brazalete con aspecto de
reloj, una terminal GPS y dos repetidores
de transmisión. La consellera de
Presidència, Rosa Puig, presentó el pasado
16 de octubre la medida. La potestad de
obligar a un agresor a llevar el brazalete
corresponde a los jueces, no al Govern. Es
por ello que el Ejecutivo balear se limitó
a adquirir los dispositivos de prevención
de las agresiones. Quienes deben
solicitarlo y aplicar la medida son los
jueces a petición del Ministerio Fiscal o
las acusaciones particulares.
El kit antimaltratos es un complejo
sistema que cuenta con siete aparatos
distintos. Tres son para el agresor y los
cuatro restantes para la víctima. Se trata
de dos unidades de localización, un
brazalete con aspecto de reloj, una
terminal GPS y dos repetidores de
transmisión.
El agresor debe llevar permanentemente
el brazalete y un transmisor de aspecto
parecido a un móvil que localiza en todo
momento el lugar en donde está. La pulsera,
que puede colocarse en la muñeca o el
tobillo, transmite constantemente una señal
de radio que es detectada tanto por su
propio aparato transmisor como por el
dispositivo que lleva consigo la víctima.
Si el maltratador abandona el localizador y
lo separa más de 20 metros del brazalete,
salta una alarma en los servicios de
emergencias del 112. Del mismo modo, si se
quita la pulsera, los equipos de seguridad
también lo detectan. El kit del agresor
cuenta además con un repetidor de
proximidad para liberarle de la obligación
de llevar encima el transmisor cuando está
en su casa. Por su parte, la víctima debe
tener siempre consigo una unidad de
notificación portátil, que tiene un aspecto
parecido al de un busca.
Este aparato detecta la proximidad del
agresor y se lo comunica a la víctima
mediante sonido, vibración y un texto en la
pantalla. Cuando esto sucede, la maltratada
debe accionar una terminal GPS, con la que
se puede poner inmediatamente en contacto
con el 112, que manda seguidamente un coche
patrulla al lugar donde se encuentre. La
víctima dispone de un teléfono fijo que
detecta la aproximación del agresor, avisa
acústicamente a la víctima y notifica al
112 las situaciones de peligro. Cuenta
también con un repetidor de proximidad que
aumenta el alcance de detección de la
cercanía del agresor.