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EL MUNDO OPINA
Parole, parole, parole
En su peculiar huida hacia adelante los
esforzados contraargumentos del líder de la
coalición rojiverde contra las
informaciones publicadas en EL MUNDO/El Día
de Baleares caen por su propio peso. En
primer lugar, Eberhard Grosske reconoce que
nunca hubiera construido un chalé en suelo
rústico pero no ve incoherente
políticamente que un fustigador de este
tipo de construcciones compre uno con un
total de 680 metros construidos, que, si no
es «ilegal e ilegalizable», como asegura el
Ayuntamiento de Sencelles, cuando menos
cabría catalogarlo como fuera de ordenación
tras haber prescrito las infracciones
urbanísticas no denunciadas en su día. En
segundo lugar, Grosske dice no haber
construido nada, pero sólo escritura 312
metros cuadrados en el momento de comprar
su vivienda en 2005, aun reconociendo él
mismo -y así lo certifica el Catastro- que
entonces ya existían 680 metros de
superficie construida que incluían además
de la vivienda de 312 metros cuadrados
escriturada, los almacenes «agrícolas», la
piscina y la explanada pavimentada. Y por
último, en el colmo del patetismo, Eberhard
Grosske recurre a un fácil victimismo
presentándose como una víctima de una
vendetta de la derecha en
colaboración con este periódico.
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