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  Jueves, 1 de febrero de 2007 Actualizado a las 02:35
 

'CASO ANDRATX'
La Audiencia ordena que Gibert e Hidalgo vuelvan a la cárcel tras 50 días libres

Pese a no aparecer ningún delito más les envía 2 meses a prisión «para que no influyan en testigos» - Su libertad estará en manos del fiscal y no del juez

  A D E M A S
 «Intentó acceder a un juez aprovechando una fiesta»
 EL MUNDO OPINA Una extraña decisión
 «No tengo prisa, estaré en prisión lo que haga falta y al final probaré mi inocencia»
 La oposición apunta al PP
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EDUARDO COLOM

PALMA.- Eugenio Hidalgo preparaba ayer tarde el equipaje en su chalé de Cala Moragues. Hoy volverá a dormir en la prisión provincial, de donde salió el pasado 13 de diciembre tras dos primeras semanas de internamiento. La Audiencia Provincial de Palma ordenó ayer que el ex alcalde de Andratx acusado de seis delitos relacionados con la corrupción urbanística reingrese en la cárcel y permanezca allí un máximo de dos meses más. Comunicado pero sin posibilidad de salir bajo fianza. Jaime Gibert, inspector de obras del Ayuntamiento y «mano derecha de Hidalgo» según el Tribunal, deberá acompañarle en el reingreso.

Este segundo encarcelamiento sólo podrá reducirse en caso de que el Ministerio Público, que pidió 45 días de confinamiento, así lo considere oportuno. La fórmula pone la llave de su libertad en manos del titular de la Fiscalía Anticorrupción Juan Carrau. Y no en las del juez que instruye el caso, Álvaro Latorre. La decisión fue calificada de «inaudita» ayer por los dos letrados que defienden a Hidalgo y a Gibert, ambos con una dilatada trayectoria profesional a sus espaldas.

Los tres altos magistrados de la Sección Segunda -Catany, Calderón e Yllanes- estiman así el recurso presentado por Carrau y contradicen el criterio de Latorre, que consideró que la libertad de los acusados no interfiere en la investigación. Textualmente, la Audiencia aprecia que la libertad de Hidalgo sigue constituyendo «un indiscutible obstáculo para el desarrollo de la investigación judicial». Eso pese a los 49 días que los encausados llevan ya en libertad desde su primera salida de la cárcel.

Para argumentar su decisión, los jueces se basan en varias de las conversaciones telefónicas pinchadas del teléfono móvil de Hidalgo durante la fase inicial de la instrucción. En ellas, como considera acreditado la Audiencia, el ex alcalde «trató de contactar con agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil que le investigaban (...) dio a otros interlocutores el nombre de algún juez encargado de tramitar asuntos relacionados con su causa (...) e intentó acceder a otro juez aprovechando una fiesta». Estas maniobras se habrían producido antes de que Hidalgo pasara su primera etapa en prisión, lo que no ha sido óbice para que la Audiencia considere demostrado que su libertad sigue siendo una amenaza para el curso de las pesquisas. Los «múltiples contactos» de que goza el ex alcalde, sostienen los jueces, le permiten tener «libre acceso a cuantas personas están relacionadas con las actuaciones que se investigan». Pese a que no aprecian ningún riesgo de fuga, sí consideran que podría utilizar su libertad para influir en parte del centenar de testigos que todavía deben declarar ante Latorre.

Documentos

Tamb ién aprecian que podría alterar pruebas documentales. En este sentido, los magistrados insisten en lo que ya apuntó Anticorrupción: que Hidalgo no eliminó «resúmenes de prensa» cuando visitó el Ayuntamiento el día previo a su detención sino que entre la documentación de la que se deshizo había «convocatorias de juntas de gobierno, actas de sesiones del Pleno y otros soportes con actuaciones diversas».

En el caso de Gibert no hay evidencias telefónicas. El Tribunal considera que actuaba de común acuerdo con Hidalgo y que el celador era «la mano derecha» del alcalde. Pese a que no existe constancia de la influencia de Gibert en testigos o pruebas, la Audiencia le envía igualmente a prisión mientras prosigan las indagaciones en base a que de sus actuaciones en el Ayuntamiento emana «un claro e inequívoco tufo de ilicitud».

En lo que respecta a los indicios de delito, la Audiencia no aporta novedades. «Elude examinar» si realmente existen pruebas de delitos de negociaciones prohibidas, cohecho, asociación ilícita, blanqueo de capitales o tráfico de influencias como defendió Carrau el pasado lunes en la vista celebrada en la Audiencia. Algunas de ellos, subraya la Audiencia, infracciones que sólo llevan aparejadas multas o inhabilitación. Y no cárcel.

Únicamente cita uno de los casos, que considera paradigmático. Se trata de la ampliación presuntamente ilegal que hizo Hidalgo de una nave agrícola de su propiedad. Ampliación que acometió siendo alcalde en base a una licencia de «explotación agraria» certificada por Gibert. La Audiencia indica que Hidalgo «no se dedica profesionalmente a la agricultura» y, en base a las fotografías aportadas por el fiscal, agrega que a esa edificación no se le daba ese uso ya que había «antenas parabólicas, equipos de música y barbacoas».

La Audiencia utiliza este caso como paradigma de la presunta trama de corrupción urbanística denunciada por Carrau y que, según indican los jueces de la Audiencia, se traducía en la variación irregular de calificaciones urbanísticas en función de quien lo solicitara. Incluidas zonas naturales protegidas como ANEI. Estos supuestos delitos contra la ordenación del territorio a través de documentos falsos llevan aparejadas penas de entre tres y seis años de prisión.

La defensa de Hidalgo, armada por Rafael Perera, anunció que no recurrirá. Y confió en que Carrau, «con la gran capacidad técnica y la calidad humana que tiene» no agotará el plazo de dos meses que le ha dado la Audiencia para investigar sin interferencias de los encausados. «A buen seguro que acelerará el ritmo de las investigaciones y declaraciones» para que Hidalgo y Gibert no permanezcan mucho tiempo en prisión cuando no hay sentencia firme.

Tanto el también ex magistrado Perera como Juan Matas Pons, abogado de Gibert y penalista con 32 años de experiencia, consideraron «inaudita» la resolución de la Audiencia de dejar en manos de la Fiscalía y no en manos del juez instructor la posible libertad de los dos imputados.

Máxime cuando el juez Latorre ya se había pronunciado tajantemente sobre el asunto, había aplicado severas medidas sobre los acusados para apartarlos de las pruebas y les había impuesto fianzas de 100.000 y 60.000 euros para abandonar el centro penitenciario.

 
   
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