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  Jueves, 1 de febrero de 2007 Actualizado a las 02:09
 

LA CAPILLA DEL SIGLO XXI
Barceló pone punto y aparte a siete siglos de historia con una majestuosa obra en la Seu

La inauguración de la obra supone un hito en la catedral gótica que empezó a construir Jaume II, soportó un temblor de tierra en 1851 y acogió la revolucionaria reforma de Gaudí a principios del XX

  A D E M A S
 El algarrobo del nuevo 'honoris causa'
 Piel de cerámica
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MARCOS TORÍO

PALMA.- Siete siglos de historia contemplan la obra de Barceló en la Seu. El artista ha luchado para que el gótico imponente del símbolo de Palma conviviera con el arte contemporáneo del XXI. Él no pensaba ayer en cómo, dentro de cien o doscientos años, su mural seguirá anclado en el ábisde derecho de la Catedral, que todavía tendrá más lejano el inicio de su construcción a principios del siglo XIV por orden del rey Jaume II. Él mismo ordenó en 1306 que se levantara una capilla funeraria para albergar los restos de los monarcas mallorquines. El Obispado tomó esa fecha para conmemorar el año pasado los 700 años del edificio.

Las obras se paralizaron entre 1345 y 1376 por rencillas entre los reyes de Aragón y de Mallorca. Todos los estamentos contribuyeron económicamente para continuar con la construcción hasta que la fachada se alzó en 1601. Un temblor de tierra la puso en peligro en 1851 y, de su recuperación, resultó la decimonónica con la que recibe a los turistas hoy en día.Gaudí entró para reordenar el espacio y dejar su impronta en 1902. Le dio luz con vidrieras y sentaba un precedente que tardaría cien años en recoger Miquel Barceló. Corría la primavera de 2000 cuando la UIB propuso declarar doctor 'honoris causa' al artista. Aceptaba condicionándolo a la realización de una gran obra en Mallorca.

El Departamento de Arte de la Universitat de les Illes Balears puso en marcha el proyecto que rápidamente encontró el apoyo de la conselleria de Cultura del Govern balear y las puertas 'semiabiertas' del Obispado de Mallorca.

Con la propuesta en el aire, las conversaciones entre el artista y el Capítol Catedral de Mallorca se iniciaron a finales del mes de septiembre de 2000. Barceló tenía el nombre, la trayectoria y el prestigio necesario, pero de ahí a abrirle las puertas de la Catedral al arte contemporáneo distaba un consenso. El deán de la Seu, Joan Darder, recordaba ayer cómo fue Pere Llabrés el que más hizo por que la cosa no se quedara en proyecto. En la reunión capitular celebrada el 16 de diciembre de 2000 surgieron, según Darder, dos preguntas. La primera decía: "¿Aceptáis una intervención de Barceló en la Seu?". La cuestión, "genérica e inconcreta" recibió una respuesta no unánime, pero sí lo suficientemente mayoritaria como para pasar al segundo interrogante. "¿Aceptáis que la intervención se concrete en la capilla de Sant Pere, lo que supone quitar el retablo neoclásico?". El consentimiento se logró con el mínimo de votos. Después, Barceló se iría ganando la confianza conforme el trabajo se iba realizando. Los primeros encuentros hablaban de una triple intervención en la Seu: un número que nunca llegó a determinarse de gárgolas en cerámica, la capilla Penitencial y la capilla de Sant Pere. Las gárgolas estaban pensadas para sustituir las actuales, muy deterioradas. Iban a construirse con un tipo de cerámica muy resistente.

La obra en la Capilla Penitencial iba a inspirarse en la reconciliación y en la parábola del hijo pródigo dentro de una reforma que incluía abrir tres nuevos vitrales tapiados.

El tercero de los proyectos y más ambicioso era el de la Capilla de Sant Pere y el que finalmente ganó la partida. La inspiración sería el capítulo sexto del Evangelio de San Juan, la multiplicación de los panes y los peces y el discurso del pan de la vida.

Barceló comenzó entonces a meditar las propuestas y prometió una respuesta a su vuelta de una exposición de cerámicas en el Louvre.

Su entusiamo era tal que se habló de una renuncia a los honorarios por su trabajo con tal de que el proyecto pudiera llevarse a cabo. Finalmente, y tras la intervención de su marchante Bruno Bischofberger, la idea se desvaneció y se acordó pagar 3.500.000 de euros, cotización por debajo de la fijada en el mercado que, con las actualizaciones ha alcanzado los 4 millones. Barceló se comprometió también a realizar el mobiliario litúrgico y a donarlo a la Seu.

La elegida había sido la capilla de Sant Pere con la particular recreación de la Eucaristía. En ese punto se constituyó el 1 de julio de 2002 la Fundación Art a la Seu de Mallorca, el órgano gestor encargado de tutelar su actuación en la Seu.

La firma del acuerdo llegó el 29 de agosto de 2002. Miquel Barceló y el obispo Teodoro Úbeda rubricaron la entrada del arte contemporáneo -con permiso de Gaudí- ante el entonces presidente del Govern, Francesc Antich. El acontecimiento coincidía con la intervención hacía un siglo del catalán, que culminó con la desbordante luz de las vidrieras.

Barceló tenía dos años para cumplir con su compromiso, tiempo que se ha traducido en casi cinco por falta de financiación y otros asuntos propios de la "intrahistoria apasionante" a la que se refería ayer la vicerrectora de postgrado de la UIB, Mercé Gambús, como implicada en el proceso desde su gestación. Se adelantaba a "los interrogantes y el debate" que provocará la obra de Barceló para la Catedral: "Se puede debatir o criticar lo que ha hecho, pero no se puede negar que ha sido una opción muy valiente. Pido seriedad en el juicio porque se ha establecido una novedad de alcance internacional que ha escrito una página en la historia del arte".

En 2003 había llegado la cerámica, más tarde los vitrales y mañana la bendicen los Reyes. El resto ya es historia.

 
   
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