| |
|
EL MUNDO OPINA
Una joya que atraerá turistas
La mirada de Miquel Barceló era ayer la
de un niño travieso que se ha salido con la
suya pese a los reproches de algunos de sus
mayores. El artista felanitxer se ha
consagrado en la Seu por obra y gracia del
empeño de un obispo que creyó que uno de
los artistas universales que tenía más a
mano debía dejar su huella imborrable en la
capilla que a su muerte -no hay mayor
reconocimiento- escogió para su descanso
definitivo. Teodoro Úbeda creyó en Barceló
y viceversa. La complicidad entre ambos y
el extenuante trabajo de un lustro ha dado
origen a una de las obras más importantes
del que seguramente es el mejor artista
contemporáneo, que sólo el paso del tiempo
y la mirada de los curiosos pondrá en el
lugar que le corresponde. Barceló ha
recreado en la Seu su particular universo.
La contemplación del fondo submarino que él
tantas veces ha visto en las calas de agua
cristalina de Portocolom es un homenaje a
Mallorca y al Mediterráneo en el que tantas
veces se ha zambullido. Barceló ha
convertido la Seu en el museo de arte
contemporáneo que le hacía falta a Mallorca
para incorporarse definitivamente a los
itinerarios turísticos culturales. Además,
ha costado la octava parte que esa galería
mal llamada museo en manos del cacique.
Esta maravilla pasará a la historia y
atraerá a cientos de miles de turistas, es
decir, todo lo contrario de esa ruina que
maneja Serra con cargo a nuestros
impuestos.
|
|
|
| |
 |
|
|
|