MARCOS TORÍO
PALMA.- Los golpes le
fueron abriendo el camino de la arcilla,
modelando un plan artístico llevado por los
impulsos de lo matérico hasta acabar la más
importante intervención de arte
contemporáneo en la Seu. Miquel Barceló ha
reinterpretado la parábola de los panes y
los peces en la capilla del Santísimo de la
Catedral de Palma convirtiendo los
puñetazos sobre la arcilla en génesis de un
mar y unos alimentos que revientan, maduran
y quedan listos para comerse con la
voracidad del entusiasmo o de la crítica.
El artista abrió ayer su creación a los
medios de comunicación antes de que mañana
la inauguren los Reyes. Ha terminado su
trabajo, pero la obra empieza a abrirse:
«Ahora veremos cómo vive y no estará
acabada hasta que no tenga la mirada del
espectador», aseguró ayer rodeado de
periodistas.
La capilla ha quedado
convertida en un inmenso fresco cerámico de
300 metros cuadrados en el que conviven el
mundo submarino -parte izquierda- con los
frutos de la tierra -parte derecha- y el
simbolismo del cielo -centro- presidido por
un cristo resucitado.
Las criaturas
del mar respiran expresividad, agonía y una
viveza que va de los pulpos a los grandes
peces atravesados por un anzuelo. Las
sandías, granadas y los panes cocidos se
resquebrajan ofreciéndose al espectador con
frescura mediterránea y aridez africana.
Mallorca y África dialogan en el mural. «La
obra tiene mucho de mis vivencias en Mali,
de los santuarios que hacen modelando el
barro con las manos hasta que llega a
agrietarse. Allí aprendí a trabajar la
cerámica. En cuanto a la parte submarina,
puedo decir que he pasado muchos años bajo
el agua y eso se nota».
El proceso y
el resultado es «casi darwinista», pura
evolución, de figuras que se crean hasta la
maduración.
Se encerró en el taller
de Vietri Sul Mare (Nápoles) con el
ceramista Vincenzo Santoriello «sin un
proyecto determinado», siguiendo «un plan
genérico» del que se fue desviando o
ajustando «para decidir cada día su rumbo».
Se sentía un adolescente excitado por la
experimentación. Los errores iban sumando.
«El fracaso ha estado presente a diario. Si
algo no salía bien, volvía a empezar. Mi
manera de trabajar era teniendo en cuenta
los accidentes y las grietas».
El
recubrimiento para la Catedral empezó
teniendo en su mente una altura de no más
de dos metros, mucho menos de los catorce
que mide la gran ola de barro que acoge a
los peces. Las cifras aportan un resultado
de 2.000 fragmentos cerámicos salidos de
3.000 kilos de arcilla y 2.000 más de
esmalte con el que colorear.
Los
pedazos se cocieron gracias a un horno
modular que reducía en un doce por ciento
la pieza fresca. La nueva 'piel' de la
capilla del Santísimo se sujeta a la pared
gracias a 1.500 puntos de anclaje que
aseguran su pervivencia y paso a la
posteridad.
Barceló no siente el
vértigo de haber creado algo por los siglos
de los siglos y narraba con naturalidad que
ya se han depositado en la Catedral
muestras de los materiales empleados para
cuando el paso del tiempo imponga una
restauración.
En el mural no resulta
difícil encontrar huellas de los dedos del
artista, de su hijo e incluso pisadas.
Trabajando las palmeras de la parte central
llegó a dejarse literalmente la yema de los
dedos. El sílice terminó erosionando
considerablemente la marca
dactilar.
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siguiente)
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anterior)
La Iglesia encargó una
obra de arte de carácter litúrgico a un
creador declaradamente agnóstico. Mañana,
por ejemplo, no asistirá a la misa previa a
la bendición de la capilla. Las ideas de
Barceló no impidieron el acercamiento y
comprensión de la propuesta. «Asumí el
milagro de los panes y los peces de manera
muy natural porque pertenecía a mi mundo
personal», aseguró. La religión quedaba a
un lado. «¿Se leyó la Biblia para
trabajar?», preguntó un periodista. «Ya la
había leido», respondió Barceló. El tema de
creencias se zanjó con una frase que el
artista repite a sus alumnos: «Dios murió
el día que Nietzsche escribió Así habló
Zaratrusta».
Los cinco vitrales
de doce metros que coronan e iluminan la
cerámica pretenden deliberadamente enfriar
y tamizar la intensa luz que recibe la
capilla. Con tonos grises, Barceló ha
querido sugerir la luz marina integrándose
en el espacio gótico con motivos levemente
figurativos como un árbol, raíces, las
espinas de un pez o las ondas del mar. Con
colores vivos, «la obra quedaba estridente
y con mucha luz, así se logra enfriar la
arcilla, que es muy cálida». Los vitrales
se han construido en los talleres del
especialista Dominique Fleury en Toulousse
y cuentan con luz artificial para su
exhibición cuando las circunstancias lo
requieran.
A pesar de estar trabajada
en cerámica, el premio Príncipe de Asturias
de las Artes 2003 consideró que su
intervención en la Catedral es «una obra
pictórica», una «manera diferente de
pintar». Aseguró haber trabajado «con total
libertad» y que en ningún momento la
Iglesia le solicitó cambio alguno,
contradiciendo las informaciones publicadas
por este periódico en las que tanto el
fallecido Pere Llabrés como el entonces
presidente del Cabildo Catdralicio, Joan
Bestard, aseguraron que había aceptado las
modificaciones «como un caballero» para
suavizar el rostro y los atributos del
cristo resucitado hasta hacerlo «más
espiritual».
Por otra parte, fue EL
MUNDO/ El Día de Baleares quien ofreció en
exclusiva la primera imagen de la obra del
artista en agosto de 2004.
Barceló
aprovechó para recordar la labor de los
desaparecidos Pere Llabrés y Teodor Úbeda
en «una obra coral» sacada adelante en una
isla con «fama de conservadora y poco
solidaria». Feliz porque su intervención
ligue «perfectamente» con la Catedral,
agradeció la colaboración de personas e
instituciones en todo el proceso.
Acompañándole estuvieron el Obispo de
Mallorca, Jesús Murgui; el conseller de
Cultura, Francesc Fiol; el rector de la
UIB, Avel·lí Blasco; la vicerrectora de
postgrado, Mercé Gambús, y el deán de la
Catedral, Joan Darder.
Los panes y
los peces de Barceló se abrirán al público
de manera gratuito mañana entre las 15.30 y
las 20 horas, así como el sábado y el
domingo entre las 16.30 y las 18.30 horas.