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  Jueves, 1 de febrero de 2007 Actualizado a las 02:40
 

LA CAPILLA DEL SIGLO XXI
El mundo mediterráneo de Barceló madura en la Seu

El artista presentó ayer su intervención contemporánea compuesta por un mural cerámico, cinco vitrales y el mobiliario litúrgico

  A D E M A S
 EL MUNDO OPINA Una joya que atraerá turistas
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MARCOS TORÍO

PALMA.- Los golpes le fueron abriendo el camino de la arcilla, modelando un plan artístico llevado por los impulsos de lo matérico hasta acabar la más importante intervención de arte contemporáneo en la Seu. Miquel Barceló ha reinterpretado la parábola de los panes y los peces en la capilla del Santísimo de la Catedral de Palma convirtiendo los puñetazos sobre la arcilla en génesis de un mar y unos alimentos que revientan, maduran y quedan listos para comerse con la voracidad del entusiasmo o de la crítica. El artista abrió ayer su creación a los medios de comunicación antes de que mañana la inauguren los Reyes. Ha terminado su trabajo, pero la obra empieza a abrirse: «Ahora veremos cómo vive y no estará acabada hasta que no tenga la mirada del espectador», aseguró ayer rodeado de periodistas.

La capilla ha quedado convertida en un inmenso fresco cerámico de 300 metros cuadrados en el que conviven el mundo submarino -parte izquierda- con los frutos de la tierra -parte derecha- y el simbolismo del cielo -centro- presidido por un cristo resucitado.

Las criaturas del mar respiran expresividad, agonía y una viveza que va de los pulpos a los grandes peces atravesados por un anzuelo. Las sandías, granadas y los panes cocidos se resquebrajan ofreciéndose al espectador con frescura mediterránea y aridez africana. Mallorca y África dialogan en el mural. «La obra tiene mucho de mis vivencias en Mali, de los santuarios que hacen modelando el barro con las manos hasta que llega a agrietarse. Allí aprendí a trabajar la cerámica. En cuanto a la parte submarina, puedo decir que he pasado muchos años bajo el agua y eso se nota».

El proceso y el resultado es «casi darwinista», pura evolución, de figuras que se crean hasta la maduración.

Se encerró en el taller de Vietri Sul Mare (Nápoles) con el ceramista Vincenzo Santoriello «sin un proyecto determinado», siguiendo «un plan genérico» del que se fue desviando o ajustando «para decidir cada día su rumbo». Se sentía un adolescente excitado por la experimentación. Los errores iban sumando. «El fracaso ha estado presente a diario. Si algo no salía bien, volvía a empezar. Mi manera de trabajar era teniendo en cuenta los accidentes y las grietas».

El recubrimiento para la Catedral empezó teniendo en su mente una altura de no más de dos metros, mucho menos de los catorce que mide la gran ola de barro que acoge a los peces. Las cifras aportan un resultado de 2.000 fragmentos cerámicos salidos de 3.000 kilos de arcilla y 2.000 más de esmalte con el que colorear.

Los pedazos se cocieron gracias a un horno modular que reducía en un doce por ciento la pieza fresca. La nueva 'piel' de la capilla del Santísimo se sujeta a la pared gracias a 1.500 puntos de anclaje que aseguran su pervivencia y paso a la posteridad.

Barceló no siente el vértigo de haber creado algo por los siglos de los siglos y narraba con naturalidad que ya se han depositado en la Catedral muestras de los materiales empleados para cuando el paso del tiempo imponga una restauración.

En el mural no resulta difícil encontrar huellas de los dedos del artista, de su hijo e incluso pisadas. Trabajando las palmeras de la parte central llegó a dejarse literalmente la yema de los dedos. El sílice terminó erosionando considerablemente la marca dactilar.

(pasa a la página siguiente)

(viene de la página anterior)

La Iglesia encargó una obra de arte de carácter litúrgico a un creador declaradamente agnóstico. Mañana, por ejemplo, no asistirá a la misa previa a la bendición de la capilla. Las ideas de Barceló no impidieron el acercamiento y comprensión de la propuesta. «Asumí el milagro de los panes y los peces de manera muy natural porque pertenecía a mi mundo personal», aseguró. La religión quedaba a un lado. «¿Se leyó la Biblia para trabajar?», preguntó un periodista. «Ya la había leido», respondió Barceló. El tema de creencias se zanjó con una frase que el artista repite a sus alumnos: «Dios murió el día que Nietzsche escribió Así habló Zaratrusta».

Los cinco vitrales de doce metros que coronan e iluminan la cerámica pretenden deliberadamente enfriar y tamizar la intensa luz que recibe la capilla. Con tonos grises, Barceló ha querido sugerir la luz marina integrándose en el espacio gótico con motivos levemente figurativos como un árbol, raíces, las espinas de un pez o las ondas del mar. Con colores vivos, «la obra quedaba estridente y con mucha luz, así se logra enfriar la arcilla, que es muy cálida». Los vitrales se han construido en los talleres del especialista Dominique Fleury en Toulousse y cuentan con luz artificial para su exhibición cuando las circunstancias lo requieran.

A pesar de estar trabajada en cerámica, el premio Príncipe de Asturias de las Artes 2003 consideró que su intervención en la Catedral es «una obra pictórica», una «manera diferente de pintar». Aseguró haber trabajado «con total libertad» y que en ningún momento la Iglesia le solicitó cambio alguno, contradiciendo las informaciones publicadas por este periódico en las que tanto el fallecido Pere Llabrés como el entonces presidente del Cabildo Catdralicio, Joan Bestard, aseguraron que había aceptado las modificaciones «como un caballero» para suavizar el rostro y los atributos del cristo resucitado hasta hacerlo «más espiritual».

Por otra parte, fue EL MUNDO/ El Día de Baleares quien ofreció en exclusiva la primera imagen de la obra del artista en agosto de 2004.

Barceló aprovechó para recordar la labor de los desaparecidos Pere Llabrés y Teodor Úbeda en «una obra coral» sacada adelante en una isla con «fama de conservadora y poco solidaria». Feliz porque su intervención ligue «perfectamente» con la Catedral, agradeció la colaboración de personas e instituciones en todo el proceso. Acompañándole estuvieron el Obispo de Mallorca, Jesús Murgui; el conseller de Cultura, Francesc Fiol; el rector de la UIB, Avel·lí Blasco; la vicerrectora de postgrado, Mercé Gambús, y el deán de la Catedral, Joan Darder.

Los panes y los peces de Barceló se abrirán al público de manera gratuito mañana entre las 15.30 y las 20 horas, así como el sábado y el domingo entre las 16.30 y las 18.30 horas.

 
   
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