Mira que me cae bien Eberhard
Grosske. Ya lo he escrito varias veces
aquí, pero a este aspirante a alcalde de
Palma le tengo el cariño que hace el roce.
Lo he rozado poco en directo, pero desde
hace diez años anda incorporado a mi bagaje
sentimental. Es un compañero de viaje, una
luz en el camino. Él nos enseñaba ya hace
lustros las canas que nos saldrían a
nosotros. Sentí por él la piedad que
despiertan los perseguidos cuando me enteré
de que en un pueblo de la Mallorca
profunda, ciertos obreros apostados a la
barra del bar llamaban grosske al
camarero, que era de derechas, para
fastidiar. Y con esa deriva del lenguaje,
grosske pasó a significar algo así
como «pardillo». Lo cuento en Un
turista, un muerto.
Grosske, creo
recordar, ha sido elogiado varias veces en
este periódico por sus métodos originales.
Otras veces fue noticia por sacar una foto
del Rey de su despacho de conseller, o por
robar un cuadro en Cort, aunque en broma.
Personalmente me da alegrías cuando apuesta
en verde y me da disgustos cuando asume
discursos nacionalistas. Ahora que en los
papeles ha salido mucho su chalé, su blog
está al rojo vivo. Lo de menos es que la
casa de Grosske mida 600 metros porque las
informaciones han servido para darnos a
conocer otras cosas de más interés.
Mismamente que quien aspira a alcalde de
Palma vive en Sencelles. Un político
verde no puede vivir en Sencelles y
coger el coche cada día para ir al trabajo.
De poco sirve vivir en pobre, pongamos en
la copa de un árbol o debajo de un puente,
ir de verde, si los votos te obligan
a contaminar ese territorio sagrado que
dices proteger.
Me parece maravilloso
que Grosske viva en un chaletazo con
piscina, y además cuidando de su madre,
siempre y cuando, caso de ser alcalde,
dirija el destino de Palma vía Internet,
sin salir de su casa. Grosske puede ser el
primer alcalde sostenible de la historia.
Tiene a su favor que no le van los trajes
con corbata, y que ese papel de marioneta
al que se ven abocados los alcaldes, no
parece plato de su gusto. A Eber, como le
llaman sus amigos del Bloc, no nos lo
imaginamos de tertuliano fijo en una radio,
ni bailando ball de bot, ni
entregado a una vida social intensa por
exigencias del cargo. No lo vemos comiendo
con Pedro Serra en Es Baluard
concretando los últimos flecos de alguna
prebenda imperdonable.
Dan igual los
papeles del catastro y los certificados que
quitan o ponen metros cuadrados a su chalé.
Grosske no tiene una casa, sino un chalé en
porciones, o sea, un queso. Como El
Caserío. Lo que ha de costar pasar la
fregona por tanto piso. Si fuese de UM, su
chacha cobraría de la piñata. No te
enfades, Eber, pero deberías presentarte a
alcalde de Sencelles.