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EL MUNDO OPINA
Elegir al más cualificado
Pese a que es loabilísimo que se impulse
la participación de la mujer en la vida
política tras siglos de forzada sumisión,
lo cierto es que la paridad obligatoria
constituye una regresión con respecto a la
idea de ciudadanía tal como en Occidente la
entendemos. La ciudadanía como tal no
conoce ni hombres ni mujeres, ni negros ni
blancos, ni hetero ni homosexuales, ni
ricos ni pobres, sino únicamente al ser
humano como tal, por encima de
particularidades. Estas particularidades
identitarias bajo las cuales se quiere
subsumir al ser humano a una única
dimensión -en base a su género, su
orientación sexual, su etnia o su riqueza-
resultan totalmente degradantes para la
persona en sí misma, puesto que al final
sólo se prima si eres hombre o mujer por
encima de las propias facultades y
capacidades individuales. Con la política
de cuotas, además, se termina haciendo un
flaco favor a los electores: no poder optar
por los mejores, al margen de cuál sea su
género. Un ejemplo de libro de esta
injusticia lo constituye un Govern, el
actual, en el que el elenco femenino (6) es
de largo mucho mejor que el masculino (8).
Ley de Paridad en mano sería imposible
tener 14 Estaràs, 14 Cabrers, 14 Puigs, 14
Castillos, 14 Pastores o 14 Moners.
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