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EL MUNDO OPINA
A dimitir hoy mismo tocan
Nos sorprenderíamos si empezáramos a
escudriñar dónde habitan algunos prebostes
de la izquierda política. Grosske no es un
caso aislado, pero es el que ahora nos
atañe. El actual edil de la coalición
rojiverde en el Ayuntamiento de Palma no
puede hacer otra cosa que no sea dimitir a
tenor de las palabras pronunciadas por él
mismo nada más conocer la publicación sobre
su residencia ilegal. Ahí tiene, señor
Grosske, los papeles del Catastro que
certifican la tropelía cometida. Está claro
que la declaración ante el Registro
sobre la propiedad contrasta
notablemente con la medición oficial
realizada por el catastro. La gravedad
moral de hacer lo contrario de lo que
predica se agiganta cuando a la compra de
una vivienda ilegal de 680 metros cuadrados
fuera de ordenación se suma el fariseísmo
propio de los que con el tiempo se han
estado erigiendo en defensores del
territorio a base de denunciar la
corrupción urbanística en corral ajeno.
Resulta curioso el modo de defenderse de
los interfectos ante hechos probados y
certificados. Parecen estar convencidos de
que una de las consecuencias lógicas de su
superioridad moral consiste en exonerarse a
sí mismos de las mismas faltas que
denuncian en los demás. Cera del Corpus, lo
llamamos en Mallorca.
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