España es un país con un 58% de
lectores, según las estadísticas del año
2000 -algunas de las últimas disponibles-,
un año muy cercano al del estudio del
profesor Ballester Brague. El dato procede
del estudio más reciente encargado por el
Ministerio de Educación y Cultura; estudio
que, a su vez, debe ser la base para una
próxima campaña de fomento de la
lectura.
Ese estudio, bastante
prolijo, analiza los hábitos de lectura por
edades, zonas geográficas, nivel de
estudios, ocupación, los temas preferidos,
las razones de la compra y el lugar en que
suele hacerse. Y permite saber, entre otras
muchas cosas, que ese 58% de lectores se
reparte a su vez entre el 36% que lee con
frecuencia semanal y el 22% que lo hace
mensual o trimestralmente.
Leen
mucho los parados y los estudiantes y están
por debajo de la media nacional las amas de
casa y los jubilados. De hecho, es en el
grupo de mayor edad (de 45 para arriba)
donde España está claramente por debajo de
los países de su entorno. La excusa
esgrimida es, preferentemente, la falta de
tiempo; y casi nunca el dinero.
Pocos años después, en 2004, la cosa
no iba mejor: Precisamente el año que se
cumplió el cuarto centenario de El Quijote,
un estudio de la OCDE sobre la evaluación
internacional de los alumnos, titulado PISA
2003, señalaba que los niños españoles
andan bastante 'torcidos' en lectura, ya
que se encuentran en el furgón de cola de
los países más desarrollados.
En este
área España se sitúa en el puesto 26 de 40,
por debajo de Suecia, Francia y Alemania; a
la altura de Noruega o Estados Unidos, y
sólo por encima de ortugal, Italia y
Grecia.