«El cambio educativo se traduce -dice el
profesor Ballester Brague- en que si a lo
largo del siglo la proporción de españoles
con estudios básicos ha oscilado entre el
40 y el 60%, los que no tienen estudios se
han visto sustituidos por los que han
alcanzado alguna titulación
laboral».
Asegura que la población de
menos de 65 años, es decir, los que
nacieron después de los años 40, consiguen
pasar de un 9,9% de estudios de segundo y
tercer grado a niveles cercanos al 60%
entre los jóvenes nacidos en los años 70,
cambio que en Baleares se ha retrasado más
que en España.
Este porcentaje de
jóvenes con estudios -continúa el experto-
de segundo (Bachillerato o FP) o tercer
grado (universitarios) sólo llega a uno de
cada dos jóvenes, es decir, que se sitúa en
torno al 50%. El profesor Ballester se
explica este fenómeno por factores ya
conocidos:
«La capacidad del mercado
de trabajo balear de hacer ofertas de baja
cualificación y de facilitar el acceso a
trabajos precarios con cierta facilidad. En
cualquier caso -añade- observando la
evolución entre 1991 y 2001 se observa un
aumento muy considerable de estos niveles
formativos».
Según el estudio del
profesor Ballester Brague, que ha aparecido
recientemente, en ese periodo de la
historia reciente, el porcentaje de jóvenes
de 25 a 29 años, con estudios de segundo o
tercer grado ha pasado de un 40,3% en 1991
a un 50,1% en 2001, lo que supone
robarle casi diez puntos al fracaso
escolar en estos diez años.
Las Islas
Baleares muestran en estos momentos las
cifras más altas de fracaso escolar,
entendido éste como el abandono de los
estudios tras la ESO sin haber superado las
expectativas mínimas de ese periodo docente
obligatorio. Este abandono se cifra, según
distintas fuentes, en el 38%.
Sin
embargo, los expertos hablan de la
necesidad de detectar otro tipo de fracaso,
el llamado segundo fracaso escolar
que es el sufren aquellos chicos y chicas
que aunque aprobaran la ESO no siguen
estudiando luego Bachillerato o FP o
abandonan antes de terminar el siguiente
ciclo.
Según otros análisis,
finalmente sólo será el 40% de los
estudiantes de ESO los que sigan en el
sistema educativo, de modo que un 60% se
quedará en el camino ya desde los 16 o los
17 años. De cualquier modo, los expertos
también señalan la necesidad de desarrollar
un discurso positivo.
Resultados
optimistas
Es el caso de Martí
March, catedrático de Pedagogía y
coordinador del anuario en el que se
encuadra el estudio de Ballester, que aboga
por darle un enfoque más positivo a la
situación, al objeto de no caer en el
catastrofismo. De hecho, los resultados
recogidos por Ballester son optimistas.
Y no es sólo una cuestión de
sensaciones. Datos recientes revelan que la
Universitat de les Illes Balears, a pesar
de que es una de las menos frecuentadas de
España (en relación al número de jóvenes en
edad de estudiar) mantiene de año en año su
matrícula, mientras que otras más
frecuentadas han perdido un 30%.