JESÚS ALCAIDE
MADRID.- España
presume de tener la Liga más atractiva del
mundo. Una constelación de estrellas,
asteroides, galaxias y demás parafernalia
digna de George Lucas. El problema llega
cuando la realidad destapa la manta y
aparece la mediocridad generada por la
estrechez de miras, por el pragmatismo
entendido como aburrimiento y por los
engolados ocupantes de los banquillos, que
son capaces de preferir a un descargador de
muelle antes que a Ronaldo o Riquelme, por
ejemplo. En un torneo en el que los
artistas y los que marcan diferencias
permanecen bajo sospecha, pasa lo que pasa.
Que se vive una jornada con sólo nueve
goles en 10 partidos y que los equipos se
igualan por abajo, unos por mediocres,
otros por mezquinos y los de más allá por
desacertados.
Sí, la Liga está muy
igualada. Por vez primera en muchos años,
la primera vuelta se cierra con tres
líderes igualados a puntos y otros dos
aspirantes, Valencia y Atlético, situados a
dos y tres puntos respectivamente de la
cabeza. Lo ideal para vender emoción,
suspense y milongas. La realidad es
que los grandes se han igualado por abajo,
que se marcan menos goles (la media, que
llegó a ser de 2,8 hace tres temporadas, es
ahora, de 2,3) y que se cuentan con los
dedos de una mano los partidos dignos de
ser recordados con un segundo visionado. La
Premier sigue ganando adeptos gracias,
entre otras cosas, a partidos como el
Arsenal-Manchester del domingo,
inalcanzable para los grandes de la Liga
española en la actualidad.
Los
números, que tanto aman algunos, reflejan
datos espeluznantes. Por ejemplo, es el
caso del Real Madrid, en el que algunos se
vanaglorian de haber alcanzado los 38
puntos que permiten mantenerse igualados
con un dubitativo Barcelona, que en
cualquier caso, tiene pendiente el partido
de mañana contra el Betis. Con esa misma
puntuación, el pasado año estaría a ocho
puntos del Barça y con la Liga casi
perdida. De hecho hace dos temporadas, el
Real Madrid cerró la primera vuelta con
estos mismos 38 puntos. El problema es que
el Barcelona tenía 45. Ahí está la
diferencia. El Barça ha cometido errores
que le han equiparado con sus irregulares
adversarios y el Sevilla, que deslumbró
entre septiembre y diciembre, comienza a
dar claros síntomas de
debilidad.
Desde la temporada
2001-2002 no se veía un campeón de invierno
con menos puntos. Aquel año, el Madrid
llegó a estas alturas como líder con sólo
35 puntos. En la 99-00 el Deportivo,
campeón invernal, tenía 37 puntos. Acabó
siendo campeón con 69, la cifra más baja
desde que la Liga se disputa con 20
equipos. El Osasuna, que hace 12 meses era
segundo con 39 puntos, sería ahora
líder.
Ninguno de los cinco equipos
situados en cabeza ha ofrecido una imagen
de solidez. Al Barcelona le pitan en su
estadio pese a ganar 3-0 al Nàstic, porque
su juego no es equiparable al de sus
fastuosas últimas campañas. El Sevilla, que
arrollaba, ya ha perdido cinco partidos y
no gana desde que arrancó el nuevo año. Y
el Real Madrid vive en crisis permanente
porque esos 38 puntos no ocultan su pésimo
juego y la crisis institucional en la que
vive inmerso, reflejada en ese juicio del
día 29 que podría incluso acabar con la
presidencia de Ramón Calderón. Por cierto,
con apenas 28 goles marcados, el Real
presenta una cifra goleadora poco acorde
con un aspirante al título.
El
Valencia, que vuelve a soñar, estuvo siete
jornadas sin ganar. En un año normal hace
tiempo que se habría despedido de la Liga.
Y en cuanto al Atlético, su posición, a
tres puntos del liderato, es sorprendente
incluso para sus más acérrimos seguidores,
los mismos que han soportado un fútbol
infumable en el Calderón desde el mes de
septiembre. Los rojiblancos se han metido
en la pomada por sus buenos resultados
fuera de casa. Los números en su estadio,
con cinco victorias, dos empates y tres
derrotas no son ni de aspirante a la UEFA.