El Ayuntamiento de Palma ha hecho
público un comunicado en el que acusa a
Miquel Nadal, vicepresidente del Consell de
Mallorca y candidato de UM a la Alcaldía,
de deslealtad institucional por la
utilización política de las fiestas de Sant
Sebastià. Al parecer es la ocurrencia de
Nadal de hablar de mallorquinidad,
minimizando el carácter local de la
celebración para, pongamos por caso, situar
la fiesta a la derecha del trono del reino
supralocal. Es un decir.
El
comunicado de Cort apunta refiriéndose al
Consell Insular, que «nunca ninguna
institución en la historia de esta
Autonomía había tenido una actuación tan
desleal como en este caso, pretendiendo
apropiarse de unas fiestas de gran
tradición en Palma». Supongo que éste es un
capítulo más de la pelea por entregas que
ambas instituciones protagonizan. De nuevo
es el piloto de ojos risueños quien ocupa
el epicentro del cabreo, y de nuevo sólo es
una frase electoralista en la travesía con
meta prevista el 27 de mayo.
Es el
mismo personaje que reivindica la
recuperación del Festival Internacional de
Jazz de Palma, pasado a mejor vida a
inicios de la década de los 90, cuando la
institución que vicepreside a día de hoy
apenas da su apoyo al Jazz Voyeur
Festival... De hecho ni se molesta en dar
apoyo a los referentes culturales, como sin
ir más lejos la Temporada de Ballet de
Mallorca, que aún llevando como apellido la
isla apenas en sus once años de vida ha
recibido ayuda procedente de las arcas de
aquella casa de los líos.
El
Festival Internacional de Jazz de Palma fue
una apuesta de los socialistas Nadal (no el
de UM) y Llaneras cuando gobernaban en
Cort. También las fiestas de Sant Sebastià
nos llevaron a tocar las puertas del cielo
cuando las organizaban los socialistas en
aquella época caracterizada por la onda
expansiva de la movida. Está muy bien el
celo que muestran los conservadores al
defender el carácter local de las
celebraciones de estos días, pero conviene
recordar que fue el alcalde Joan Fageda
quien dijo aquello de que con menos dinero
la gente seguía saliendo a la calle la
noche del 19, así que recortando que es
gerundio. Desde entonces la revetla
ha dejado de ser lo que era, a pesar de
estar las calles ocupadas de un gentío
ávido de jaleo. Vaya por delante que la
programación de este año al menos ha dejado
el listón más bien elevado, lo que tal vez
viene a justificar el ardor
mallorquinista del piloto.
Apenas
me quedan líneas para hablar de lo que
realmente quería: la muerte de Michael
Brecker, víctima de la leucemia, que estuvo
el 15 de julio del 2003 en la primera
edición del Jazz Voyeur Festival
«El
saxo tenor más completo de la nueva
generación», me decía días pasados Roberto
Menéndez, director del JVF, al tiempo que
me recordaba estar situados «ante la
primera baja de un artista de nuestro
festival». Michael Brecker moría pocos días
después de la grabación de su último álbum,
un trabajo «que pudo terminar con enorme
esfuerzo». De nuevo Roberto que asimismo me
recordaba lo enamorado que Michael Brecker
estaba de la isla hasta el punto de
prometer regresar con su familia. «No ha
podido ser».
Ganador nada menos que
de once Grammys, Michael Brecker es la
primera baja del JVF, y ahí queda en la
memoria aquel listado de ilustres primeras
figuras que visitaron el Auditórium de
Palma en tiempos del Festival, la mayoría
desaparecidas. Por citar sólo unos pocos,
quede constancia de Chet Baker (1988), Art
Blakey (1990), Dexter Gordon (1990), Miles
Davis (1991), Dizzy Gillespie (1993),
Carmen McRae (1994), Ella Fitzgerald (1996)
y Panamá Francis (2001). Sólo con
pronunciarlos, y apenas son una parte del
historial de la muestra, uno cae en la
cuenta de la fuerza y trascendencia de
aquel Festival que por cierto se cargó el
PP.
«¿Cuándo empieza el JVF 2007?».
Todo parece indicar, Lou, que el mes de
marzo. Lo curioso del caso es que se quiere
localizar el grueso de los conciertos en el
Teatre Principal de Palma, y va el piloto y
dice aquello de recuperar el Festival de
Jazz de Palma... No estaría de más que
hablase con Dolça Mulet.