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  Domingo, 14 de enero de 2007 Actualizado a las 01:30
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES
La bien pagá

EDUARDO INDA


Una de las cosas que más positivamente me impactaron en los años que pasé cubriendo la información de la Presidencia del Gobierno de España fue la austeridad que se palpaba en el ambiente. Una austeridad marca de la casa durante el felipismo, durante el aznarismo y, según me cuentan, también en el convulso zapaterismo actual. Para muestra, un botón: el Air Force One español que empleaban el presidente González, su sucesor Aznar y obviamente el Rey era un Boeing 707, un modelo que a los profanos en la materia no les dirá nada pero que a los expertos se lo dirá todo. No en vano es un aparato idéntico al que John Fitzgerald Kennedy empleó en su último viaje de Washington DC a Dallas el 22 de noviembre de ¡¡¡1963!!! O sea, que Felipe en mil novecientos noventa y tantos y Aznar y el Rey en los dos miles se desplazaban en el mismo avión que JFK ¡¡¡35 años!!! antes. El 707 entró en servicio en 1954 y pasó a formar parte de la flotilla presidencial y real española a caballo de las décadas de los 80 y los 90. España adquirió estas reliquias de cuarta o quinta mano cuando todas las aerolíneas europeas habían jubilado o estaban jubilando el modelo. Fíjense si estarían pasados de moda que a mitad de los 90 estaban prohibidos en los grandes aeropuertos por el infernal ruido que emiten cada vez que el piloto mete gas.

Este escribidor no toca de oído porque viajó en esa antigualla no menos de treinta veces por los lugares más alucinantes que uno se pueda imaginar del globo terráqueo. Cada vez que despegaba el avión insignia el acongojo era inevitable y el sofoco obligado porque por razones técnicas que a mí se me escapan el aire acondicionado no funcionaba hasta que se alcanzaba la velocidad de crucero. Y, para colmo, los asientos se descuajeringaban a las mínimas de cambio. Imagínense el panorama: los unos temblando por los movimientos sospechosos que de tanto en cuando hacía el aparato, los otros jurando en arameo por las incomodidades y todos sudando como pollos. Aquello parecía el rodaje de «Aterriza como puedas».

En honor a la verdad hay que admitir que vergüenza, lo que se dice vergüenza, pasábamos un rato de vergüenza cada vez que tocaba cumbre europea o mundial. Aún recuerdo la sensación de país subdesarrollado que padecimos en el aeropuerto de Seúl en 2000 al contemplar a nuestro lado el tan peliculero como impresionante Air Force One estadounidense, el reluciente Jumbo del presidente chino o los Airbus de última generación de Chirac y Schröder. Todas las comparaciones son odiosas, cierto, pero ésta era además escandalosa.

Al sobrio José María Aznar le iban con el cuento de la obsolescencia del Air Force One español cada dos por tres. «Presidente, hay que cambiarlo porque, además de antediluviano, nos ha dado ya demasiados sustos», le razonaba su entorno tras algún que otro episodio de na, como fallos en el tren de aterrizaje, en los motores y otras menudencias. «No», era la parca respuesta que salía de debajo del inexpresivo bigote presidencial... hasta que un día el que suscribe elaboró un reportaje contando que no cantando las excelencias del spanish Air Force One. Dicho y hecho: el Gobierno de España se hizo apenas un mes después con dos modernos Airbus 320 de segunda mano para sustituir a unos 707 más propios de la España de Cuéntame que del país que alucinaba a toda Europa y a medio mundo por su crecimiento económico y su vitalidad política, social y cultural.

Podría continuar hasta mañana relatándoles las mil y un miserias que padece la Administración General del Estado por aquello de que, como recalcaba Aznar y suele advertir ZP, «con tu dinero puedes hacer lo que te dé la gana pero con el de los demás, no». La estética de los ministerios, La Moncloa y no digamos ya de las sucursales del Estado no es precisamente la que corresponde a una de las 10 primeras economías del mundo. Hasta en La Zarzuela o, sin ir más lejos, en Marivent, se respira diez veces menos lujo que en las administraciones autonómicas, municipales e insulares. Para comprobar que Pasqual Maragall tenía cínica razón cuando largó aquello del Estado residual no hace falta ni leer EL MUNDO, ni escuchar la Cope, ni encargar ningún estudio, ni desde luego medir porcentualmente las competencias de las hasta cuatro instancias administrativas existentes en España. Basta con darse una vuelta por cualquier gobierno autonómico para certificar el boato y la pompa imperantes. Pompa y boato que contrastan con el polvo y el olor a viejo que se respira en todos y cada uno de los edificios estatales, La Moncloa y La Zarzuela incluidas. A nivel nacional prima la estética IKEA, a nivel autonómico, el marchamo Beccara o Casa y Jardín cuando no Harrods.

Comparativamente el dispendio más cantoso de todos es, como hemos ratificado por infinita vez esta semana, el de Maria Antònia Munar alias MAM y alias bis La Carbonera. Además de forrarse llevando la grava de las carreteras que adjudica, además de transportar el carbón de las centrales térmicas que dependen administrativamente de ella, además de piñatear el dinero público a manos llenas para repartirlo entre amiguetes y correligionarios, además de regalar solares públicos como Can Domenge, además de tantas y tantas cosas, se lo lleva también crudo en ese cajón de sastre que es el apartado de los gastos de protocolo y representación. Para estos menesteres se ha autoconcedido este año 516.000 euros que, para los que aún siguen pensando en pesetas, son exactamente 85,5 kilos. O sea, mucho más de lo que infinidad de mallorquines ganarán en toda su vida, el doble de lo que cuesta una vivienda media por estos pagos y cuatro veces el precio de una VPO.

El dato es por sí solo un escándalo que roza, si no entra de lleno, en las movedizas aguas de esa malversación de caudales públicos que tan de moda está en este país todavía llamado España. Pero si lo ponemos en relación con el parné que se maneja en otras instituciones para idéntico objetivo es motivo más que suficiente para que el fiscal anticorrupción abra diligencias de investigación hoy mismo o mañana que es día hábil y para que la oposición constituya una comisión que investigue hasta las últimas consecuencias este implícito saqueo de las arcas públicas. No sueñen porque ni Joan Carrau moverá un dedo -debe ser el único balear al que MAM no le parece la madre de todas las corrupciones- ni la oposición dirá esta boca es mía. Sólo el digno Antoni Alorda ha salido al quite con una reflexión que en condiciones normales no sería para tirar cohetes pero que, visto lo visto, es un lujo: «Es un exceso y podría ser más grave si se conoce en qué se gasta exactamente ese dinero. El ego de algunos dirigentes les lleva a disparar estos gastos». El digno conseller pesemero exigió lo que toca: «Que el Consell explique con detalle en qué se gastan semejantes sumas».

Los demás, desde el obediente Rubio hasta el manager de futbolistas y político en su tiempo libre José Manuel Sierra, le han quitado hierro al asunto. La cosa tiene miga porque el portavoz popular en el Consell reclamó anteayer «prudencia hasta que la presidenta dé explicaciones». Lo de este chico manda con perdón huevos: entre la lealtad a su desleal socia de gobernabilidad y el servilismo al que le obligan desde arriba hay un punto medio. Lo del concejal-agente FIFA es para enviarlo una temporadita al África subsahariana a ojear futbolistas. «Seguro que está todo justificado», vino a comentar Sierra palabra arriba, palabra abajo en IB3 Radio salvando el cuello a la enemiga número uno de su jefa. Seguro que las cuentas de MAM están tan justificadas como las suyas como representante de jugadores de fútbol. El socialista Santi Morey también anduvo entre amarrategui y cobardón. Debe ser que todos éstos ganan todos los días 516.000 euros porque, si no, no se entiende por qué se andan con tantos paños calientes.

A lo mejor es que es la cosa más normal del mundo que la presidenta de una diputación tenga 516.000 para gastos de representación, tal vez es que los anormales, los tiquismiquis y los exagerados somos nosotros. Claro que cuando examinamos las cifras de otras administraciones vemos que esto no es ni medio normal, que esto más bien es un escándalo al cuadrado o al cubo. Ésta tira con la pólvora del Rey pero a lo bestia.

MAM (516.000 euros) es tras el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero (588.000), la política con una cifra más abultada para estos menesteres. El agravio comparativo es bestial, descomunal y no sé cuántos -al más si tenemos en cuenta que la presidenta de una comunidad como Madrid, Esperanza Aguirre, dispone de una partida de 24.000 euros, que el presidente del Congreso, Manuel Marín, cuenta con 50.000, que el portavoz del PP en la Cámara Baja, Eduardo Zaplana, se tiene que conformar con 25.000, y que a todo el Ministerio de Defensa -ministro incluido- le han asignado 376.000. A nivel nacional, en lugar de ir a más van a menos en prebendas: ZP y Fernández de la Vega han ordenado anular el servicio externo de catering que servía las comidas en Moncloa desde la era Aznar y volver a confiar en el por otra parte excelente ejército de cocineros del complejo. «Hay que ahorrar», se justificó recientemente la número 2 del Gobierno de un país cuya economía crece más que ninguna otra en Europa. La cosa es igualmente sangrante sin necesidad de salir de Palma. Todo Cort invierte en protocolo 220.000 euros anuales, 100.000 de ellos para la alcaldesa Cirer, y el president del Govern destina 230.000 a estas cuitas. Igualmente sangrante es que la consellera de Cultura de MAM, la ex profesora de gimnasia Dolça Mulet, nos salga a los mallorquines por 327.000 euros del ala anuales con una partida para protocolo ¡¡¡14¡¡¡ veces superior a la de Esperanza Aguirre. Me pregunto en qué invierten la una y la otra esta pasta gansa -843.000 euros en total-: ¿en esa interminable colección de bolsos de Loewe y de Vuitton que ambas exhiben sin ningún pudor, en abrigos de visón, en comprar voluntades en una versión perfeccionada de La Piñata, en esos viajecitos a Milán y París de los que vuelven cargadas de bolsas o tal vez en desayunos, comidas y cenas? Imagino que esto último no porque ninguna de las dos exhibe esa figura de luchador de sumo que se les pone a los tragones compulsivos. Y con 853.000 euros hay para desayunar, comer y cenar decenas de miles de veces en un año.

Lo más preocupante social, ética y estéticamente hablando sería que todas estas corruptas causas no tengan las consecuencias legalmente obligadas ya que cundiría la especie de que la mangancia sale gratis. Sería tristísimo que, si como toda la gente de bien espera, Juan Balear le da boleto el 27-M, MAM se vaya de la vida pública con los bolsillos y la caja fuerte a reventar. Fíjense cómo serán las cosas que hasta su cuate El Egipcio no se corta un pelo al reconocer que es «la mujer más rica de Mallorca». Y para pillarla con el carrito del helao no es preciso irse ni a principados, ni a peñones, ni a islas lejanas. Basta con enviarle unos inspectores de Hacienda a su casoplón de Palma y exigirle que justifique hasta el último euro de su patrimonio. Así de sencillo.

e.inda@elmundo.es

 
   
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