El problema es que mucha gente habla en
estas Islas de defender modalidades pero
usa el castellano para todo, incluso para
hablar en casa a sus hijos
-podría
dar muchos nombres, muchos de
ellos políticos. A mi me da igual que
hablen en castellano a sus hijos o nietos,
pero que no me den lecciones. Lo que ha
pasado durante la transición -y esto
molesta a muchos- es que fueron
precisamente los mal llamados catalanistas
-maestros, barbudos, muchos curas,
cantautores, escritores- los únicos que se
preocuparon por darle cierta dignidad a la
lengua mallorquina -que estaba marginada,
aunque algunos digan que no- y muchos
quisieron que los forasteros y murcianos
-¿se acuerdan de ellos? yo sí, y les
llamábamos así- también la pudieran
aprender. Mientras tanto muchos de los que
ahora se rasgan las vestiduras y ven que se
les escapa el chollo de tener una población
en inferioridad de condiciones no hicieron
absolutamente nada por esa lengua que dicen
defender. Lo repito: nada. Yo fui testigo,
y nadie me hará cambiar de opinión.
Para enseñar una lengua hay que
escoger un estándar -yo aprendí inglés
estándar en la escuela, incluso el latín
era estándar o literario. La lengua vulgar
no se enseña en ningún colegio del mundo,
parece mentira que esto no lo entiendan
nuestros pontífices encorbatados y
engominados. La lengua vulgar se aprende en
la calle.
En cuanto a la ciencia,
pues sí, yo quiero que mis hijas -que van a
un colegio con inmersión catalana y que
está desbordado- aprendan catalán
estándar.
Yo les enseñaré las
palabras sagradas, como ca y
moix. El colegio les enseñará a leer
y a escribir, a apreciar a Costa, a
Ramon Llull, a
Verdaguer, etc. Para ello pago
impuestos.