La señora Munar va camino de
convertirse en una especie de
Rabasco autóctono. Recuerden que el
presupuesto para gastos de protocolo del
edil llucmajorer evolucionó de los 6.000 a
los 168.000 euros en tan sólo dos años,
según lo publicado en su día por este
periódico. Y es que en este caso, los
extremos se tocan, no porque sean extremos
sino, quizás, porque comparten aficiones y
amigos.
El bullicio incontenido que
puede palparse entre algunos profesionales
del gremio local de peluqueros tiene
fundamento a tenor de las cantidades que el
dúo Munar-Mulet destinará durante
2007 a caprichos discrecionales y, por
extensión, gracias a esos 1,2 millones de
euros en gastos protocolarios y de
representación que se reserva el gobierno
de Mallorca, un grupito de colegas elegido
por nada más y nada menos que 33.000
ciudadanos de entre millón que ya somos. La
crema de la crema.
Recuerden que sólo
a causa de la anestesia general de la
población y la ínfima categoría ética y
profesional de la clase política, resulta
posible que en Mallorca el voto de 33.000
ciudadanos valga veinte veces más que el de
cualquiera de ustedes. Naturalmente, algo
así no pasaría en un país democráticamente
maduro. Pero ocurre aquí, porque aquí todo
ha perdido su significado. Ni siquiera
somos una «païssa»- parafraseando al
presunto ideólogo del grupito de marras.
Somos la maqueta de lo que fuimos en papel
cartón.
Incluso la palabra protocolo
tendrá a partir de hoy un nuevo
significado: Acción resultante de
protocolar, es decir colarla en pro del
propio sujeto que la ejercita.
El
Belén de Munar -qué creían--, no surge
espontáneamente; precisa de la minuciosa
colocación de cada pieza. El panorama no es
aquel del poeta que nos hiza la bandera:
«Carenes i serrals cremen altíssims/
proclamen el martiri de la tarda...».
Sus dolomías de cartón son sólo la enorme
peana donde exhibir su trofeo: el cazador
cazado. Y más abajo, en los valles, los
pastizales extendiendo su verde manto para
el adozenado rebaño de la subvención. Beee!
¿Qué más quieren que les diga? Tanto me da
si en la cima le planta un trapo
protocolario o el mismísimo
«caganer».
No creen que ya
viene siendo hora de desmontar ese Belén.
¿O han pensado en engrosar las filas de los
rumiantes protocolarios?