Vamos a ver si nos aclaramos, así que
para empezar convendría recordar algunas
cuestiones, que por elementales, hasta
sonrojo da tener que explicitarlas.
Administración viene de administrar, y
administrar, según el diccionario, es
ordenar, disponer, organizar en especial la
hacienda para obtener mayor rendimiento.
Una administración pública, por tanto,
aunque a menudo no lo parezca, tiene la
función de disponer de los bienes públicos
y obtener de ellos el mayor rendimiento
posible para la comunidad. Y todo lo demás
huelga.
¿Produce algún beneficio a la
comunidad, a Mallorca en este caso, que la
presidenta del Consell destine a viajes,
comidas y regalos 516.000 euros públicos,
gastos suntuarios la mayoría de ellos, en
un solo año? Evidentemente no. Y este
desmesurado dispendio no es que vaya contra
toda norma de correcta administración, que
también, sino que ya entra de lleno dentro
de la calificación de pura mangancia. Mucho
mas si pasamos a comparar estos lujos con
los gastos protocolarios de otras
administraciones, algunos de ellos también
superfluos, como la presidencia del Govern,
que emplea 230.000 o la alcaldesa de Palma,
100.000. Y si a ello añadimos que la
consellera de Cultura de la misma
institución gastará 327.000 euros,
superando en gastos a la presidenta de la
Comunidad de Madrid, entonces ya es como
para declararse de inmediato insumiso
fiscal.
Que estos hechos, comparables
a los excesos de personajes como
Bokassa que se proclamo emperador de
la República Centroafricana o Reza
Pahlevi, Sha de Persia, en
Persépolis, ocurran en pleno siglo XXI en
un lugar supuestamente civilizado, solo
podrá deberse a que al frente de alguna de
nuestras administraciones hay personajes
tan faltos de tino y con tales delirios de
grandeza que, como Luis XIV
-l'Etat cest moi, Mallorca soy yo-
confunden la administración con su persona.
Claro está que no puede culparse a
unos insensatos de hacer insensateces,
porque esta en su naturaleza, sino que la
culpa es imputable a quienes, pudiendo
evitarlo, así se lo permiten. Y esta es la
madre del cordero. El PP es directamente
responsable, cuando menos por omisión, de
lo que ocurre en el Consell. Y es al PP,
por tanto, a quien los ciudadanos deben
exigir ya responsabilidades por permitir
que aquella institución se haya llegado a
convertir en el mayor bochorno de esta
comunidad.