El jefe estuvo aquí, lo vimos, pudimos
tocarlo y él y su banda tocaron para
nosotros: Antonio Luque, cabeza,
manos y piernas del grupo sevillano Sr.
Chinarro, uno de los talentos más
extraños y completos del pop español de los
últimos diez años.
Fue en la sala
Cultura Club, el pasado viernes 22
de diciembre, reabierta, tras dar tumbos
por otras latitudes, en el Paseo Marítimo
de Palma para la silenciosa felicidad de
todos los que no nos conformamos con la
música en blanco y negro de esta fiesta
popular que es Mallorca.
Presentó su
último disco, El Mundo Según,
catapultado a mejor disco del 2006 por
revistas de la solidez y prestigio de
Rockdelux. Nada nuevo, ya el año
pasado con su espléndido El Fuego
Amigo ocurrió lo mismo, así como con
más entregas de su dilatada trayectoria.
Entre otras cosas, el talento de este
sevillano radica en unos textos complejos,
pero no complicados. Ese tipo de cosas que
por extrañas que resulten inicialmente, la
atención puesta se verá con creces
recompensada, ya que obtendremos el ADN de
muchos otros cimientos con los que
construir un universo propio; así funcionan
la buena literatura, la buena física, o la
buena comida. Justo lo contrario a esas
otras complicadas, que no complejas, en las
que nuestro esfuerzo no se traduce en un
enriquecimiento ni mayor comprensión de las
mismas, sino en la pura frustración de
tirar un tiempo que en esos momentos es de
todo menos relativo. Para mí Sr.
Chinarro fue y es una constante fuente
de inspiración, y para los que estuvimos en
el concierto un motivo más para que nos
hiciera ver el arte que poseen los ciervos
encerrados en las triangulares señales de
tráfico de las carreteras de Huelva, con
ecos de la música de Décima Víctima,
Joy Division o The
Smiths. La cuadratura del
circulo.
Sólo Antonio Luque puede
firmar frases de la potencia y síntesis de
«Y la estela en blanco y negro del avión
tacha el firmamento y queda así el conjunto
vacío», o láseres como «¿Te sientes punki
con tus plumas Falcon Crest?» O titular un
disco, La Primera Ópera Envasada Al
vacío. Metáforas que desbordan los
límites de lo previsible, rayanas en un
costumbrismo dadaísta. Autor de un talento
a la altura de un Lennon, un Lou
Reed, un Silvio, o un
Cohen, y que estuvo en Palma, en una
sala de un aforo de no más de 100 almas.
¿No me creen? Pues así es. Y eso nos lleva
al núcleo: por fortuna, la imprevisibilidad
del caos nos rondan en cada esquina, y
ahora que, según teóricos, ya no existe
clase media porque todo es clase media, nos
queda la superioridad estética de estos
extrarradios sonoros. Como dice Ramón
Fdez. Escobar (Rokdelux, 247),
el que Luque haga rimar Kafka con
"tasca" en una canción que para
colmo se titula Del Montón, lo dice
todo. Ojalá cunda en estas islas el ejemplo
del Cultura Club.