I. RODRÍGUEZ
EIVISSA.- Varios
inmuebles de la ciudad de Eivissa llevan
años sumiéndose en el más absoluto
deterioro. El barrio de Sa Penya o el de
Figueretes son un buen ejemplo de ello. Las
fachadas del antiguo arrabal de pescadores
evidencian una dejadez que Sagrario
Cabrera, responsable de la Asociacion de
Proprietarios y Vecinos del Barrio de Sa
Penya, califica como «denigrante».
El
mal estado en las viviendas se agudiza en
la calle Alt, una de las vías que corona el
barrio. En ésta, una de las residentes
explicó a este periódico que le «entra agua
por una de las grietas del
techo».
Más abajo, en la plaza de Sa
Drassaneta, uno de los vetustos edificios
llama especialmente la atención por el
desgaste de su fachada. La pintura
desconchada es el menor de los problemas de
un inmueble, en el que el pareo colocado
por sus inquilinos no consigue disimular el
precario estado en que se encuentra su
balcón, peligrosamente roído.
Una
vecina del inmueble justificó que la gente
viva en semejantes condiciones diciendo que
«en Eivissa la vivienda está muy cara». Su
casa, explicó, «es un estudio de 25 metros
cuadrados», por el que paga 400 euros al
mes. «Es un buen precio», señaló.
En
la otra punta, Vila da la bienvenida a los
visitantes que llegan provenientes del
Aeropuerto con lo que son los restos del
conocido como Edificio Barceló, cuyo
derrumbe, en 2000, perjudicó gravemente al
inmueble ubicado en uno de sus lados. Nadie
recuerda que Tarrés convocara a los medios
con urgencia para mostrar cómo habían
quedado estas viviendas, cuyos propietarios
han criticado duramente la actuación del
Consistorio.
Dentro ya de la ciudad,
el visitante topa con la malograda fachada
del edificio que hace esquina con la calle
Andalucía. Varios de sus balcones echan de
menos trozos de hormigón, que perdieron
hace tiempo y que nadie ha hecho nada por
reparar. El edificio en cuestión es también
conocido por albergar en su azotea una
antena de telefonía móvil, inhabilitada por
el Ayuntamiento por no tener la preceptiva
licencia.
Gesa cortó el suministro
eléctrico al repetidor el pasado 3 de
enero. De esta forma, se vio cumplida una
de las principales reivindicaciones de los
vecinos, que, no obstante, siguen
reclamando al Ayuntamiento que retire la
antena. Los afectados por el repetidor
reunieron «más de 3.000 firmas» para
quejarse de su instalación, que consideran
«ilegal».
Éstos son, tan sólo,
algunos ejemplos de inmuebles en estado de
deterioro que pueden contemplarse en la
ciudad que, desde 1999, gobierna Xico
Tarrés. Y a la vista de los mismos y ante
la nerviosa reacción del Gobierno municipal
a la caída de un trozo de escayola, sólo
cabe preguntarse qué diferencias hay entre
unos y otros.