En Internet puede verse el fragmento
final del último programa de Saló de
lectura, con la despedida de su
conductora Marisa Espasa, que puede ser
considerado por muchos un buen torpedo en
la línea de flotación de BTV, la televisión
local de Barcelona. Espasa agradeció a
autores, lectores, televidentes, libreros y
editores su ayuda durante el tiempo que
duró este programa literario, y a
continuación hizo una reflexión bastante
incómoda para los responsables políticos de
la ciudad de Barcelona. Recordando un
eslogan de hace un tiempo que rezaba que
Barcelona «és la millor botiga», lamentó
que un ayuntamiento adoptara este punto de
vista y entendiese un servicio público como
un comercio.
Con una habilidad
demoledora, Espasa llamó tenderos a los
políticos que decidieron la suspensión del
programa Saló de lectura, que
llevaba cinco años en la parrilla. Si
Barcelona, si la televisión pública es una
tienda, quienes la atienden no van a pensar
en lo que necesita la gente, sino en vender
lo que sea. Espasa recordó el primer logo
de BTV, que era un ojo, e interpretó que la
misión de una televisión es mostrar, sin
filtros. En cambio el logo actual es una B
de Barcelona, una marca, una etiqueta,
porque todo vendedor que se precie crea su
marca. Espasa estaba diciendo que cuando
una tele no muestra lo que hay, sino que
ofrece una mirada mediatizada, filtrada y
empaquetada como un producto elaborado, es
que está en manos de tenderos que miran por
sus beneficios, no por los de una ciudad.
Cuando acabó su discurso, Emilio
Manzano, que la acompañaba en esta
despedida del programa que él fundara, le
plantó un sonoro beso en la mejilla, como
diciendo «olé Marisa, has estado sembrada,
ahí queda eso y a quien le pique, que se
rasque». Hay momentos en que la actuación
de algunos nos emociona de tal modo que
nuestro primer impulso es ése, levantarnos
y arrearles un besazo. Manzano ni siquiera
se tuvo que levantar.
El ojo en que
se convierte la televisión, casi nunca es
un ojo inocente. La televisión es un
curioso ente, a medias ventana, a medias
mirilla. Esa mirilla por la que nuestra
vista penetra, no sabemos si nos enfoca o
nos permite enfocar. El espectáculo teatral
de la compañía mallorquina Té a Tres,
titulado TV or not TV, nos da una
lección que ilustra más bien lo primero.
Una chica en pijama rojo a cuadros, con
nariz roja de mimo, sobre una butaca roja,
se pasa 24 horas ante la televisión,
viviendo por ella, creciendo con ella. El
resultado es espléndido: una sola actriz
interactuando con un montaje de sonido, se
nos presenta como el conejillo de indias,
como la tabla rasa sobre la que la TV deja
su atroz huella. La pequeña criatura
sensible no consigue sintonizar ningún
programa literario como Saló de
lectura, pero sí alguna tertulia de
buitres roncos, que la asustan hasta
derrumbarla del sillón.
Vale la pena
asistir entre risas y momentos de angustia
a este show, y de paso descubrir el nuevo
café teatro que se ha abierto en Palma, la
Botiga de Buffons, donde la companía
Buffons, junto a otros colaboradores,
ofrecen una programación teatral
alternativa muy atractiva, un plan tentador
para una de esas noche en que apetece,
además de un buen pa amb oli,
masticar algo de arte y pensamiento.
El local es muy agradable, y sus
responsables educan al público en la buena
costumbre de no fumar en la sala y no
levantar la voz a las puertas. Ambiente
sano también para jóvenes que no se
contentan con hacer de borrego en las
macrodiscotecas. Calle Vall d'Argent,
Palma. Miren en internet y reserven mesa.
Una ciudad donde aparecen locales como este
de Buffons, siempre está de
enhorabuena.