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  Martes, 9 de enero de 2007 Actualizado a las 01:17
 

EN VENA
Muñecas a la carta

ROMÁN PIÑA VALLS


Creo que Diógenes Laercio, recordando las vidas de los cínicos griegos, cuenta algunos de los insultos más cochinos que se han lanzado jamás a cuenta del sexo. No recuerdo a qué ilustre griego con fama de salido, alguien le insinuó que los desconchones de las paredes de su casa se debían a su frecuente necesidad de copular.

Me acuerdo del pobre griego difamado al ver en el Magazine de EL MUNDO el último grito en muñecas hinchables. Por desgracia, antes de leerme a fondo el reportaje, el Magazine ha desaparecido. Tal vez me lo ha robado algún cuñado. No he podido corroborar si el elevado precio de estas nuevas muñecas se debe a que pueden presentarse a unas elecciones. Me pareció ver que pueden llegar a costar casi treinta mil euros.

Pese a mis numerosas perversiones, reconozco tener grandes lagunas sobre estos juguetes, de modo que busco información. No encuentro nada sobre estos últimos modelos que puede usted sentar a su mesa por cinco millones de las antiguas pesetas. Esta nueva muñeca se la hacen a medida, diseñada por encargo. Puede tener el rostro de Marilyn Monroe o el de Ava Gardner, o el de la señora Simpson, si se empeña. Se la hacen rubia, morena, pelirroja y de la altura que quiera. Puede escoger la talla de su sujetador. Imagino, porque ya digo que me desapareció el Magazine.

Pero el intento de informarme ha servido para descubrir que por 35 euros podemos comprar una muñeca tamaño natural, que es exactamente como esos globos que el día de la Cabalgata de Reyes vendían en la calle San Miguel de Palma por seis euros. Antes que gastarme 35 en Fatima Fong, muñeca gordinflona asiática, parece que es más estimulante pegarle con super Glú dos pelotas de fútbol a la lancha hinchable. O hacerlo contra la pared, como aquel griego.

Si me dicen que por 30.000 euros voy a tener en casa a aquella replicante de Blade Runner, iba al banco a pedir un préstamo ya. Pero descubro que las muñecas del mercado son básicamente de plástico. Qué frío. La muñeca Carmen funciona con dos pilas LR6, y cuesta 249 euros porque tiene las partes íntimas de cyberskin. Un motor vibratorio se ajusta a las cavidades. La más cara que he encontrado es Chelsea Shane, la primera muñeca hecha toda de material Loveclone, que simula la piel humana con perfección: 799 euros. Pesa 25 kilos. He visto que algunas vienen con un kit para reparaciones, por si las pinchas. Las que más me convencen son muy baratitas, son el modelo Manga: son tal cual un globo con un dibujo animado.

A una mujer de verdad le pedimos que se parezca a una muñeca, y es absurdo que ahora a las muñecas les pidamos que parezcan mujeres de verdad. Esta industria está muy verde. No he encontrado ninguna muñeca que aparte de vagina de loveclone incluya un kit para urbanizar calas vírgenes.

 
   
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