Creo que Diógenes Laercio,
recordando las vidas de los cínicos
griegos, cuenta algunos de los insultos más
cochinos que se han lanzado jamás a cuenta
del sexo. No recuerdo a qué ilustre griego
con fama de salido, alguien le insinuó que
los desconchones de las paredes de su casa
se debían a su frecuente necesidad de
copular.
Me acuerdo del pobre griego
difamado al ver en el Magazine de EL MUNDO
el último grito en muñecas hinchables. Por
desgracia, antes de leerme a fondo el
reportaje, el Magazine ha desaparecido. Tal
vez me lo ha robado algún cuñado. No he
podido corroborar si el elevado precio de
estas nuevas muñecas se debe a que pueden
presentarse a unas elecciones. Me pareció
ver que pueden llegar a costar casi treinta
mil euros.
Pese a mis numerosas
perversiones, reconozco tener grandes
lagunas sobre estos juguetes, de modo que
busco información. No encuentro nada sobre
estos últimos modelos que puede usted
sentar a su mesa por cinco millones de las
antiguas pesetas. Esta nueva muñeca se la
hacen a medida, diseñada por encargo. Puede
tener el rostro de Marilyn Monroe o
el de Ava Gardner, o el de la señora
Simpson, si se empeña. Se la hacen rubia,
morena, pelirroja y de la altura que
quiera. Puede escoger la talla de su
sujetador. Imagino, porque ya digo que me
desapareció el Magazine.
Pero el
intento de informarme ha servido para
descubrir que por 35 euros podemos comprar
una muñeca tamaño natural, que es
exactamente como esos globos que el día de
la Cabalgata de Reyes vendían en la calle
San Miguel de Palma por seis euros. Antes
que gastarme 35 en Fatima Fong, muñeca
gordinflona asiática, parece que es más
estimulante pegarle con super Glú dos
pelotas de fútbol a la lancha hinchable. O
hacerlo contra la pared, como aquel
griego.
Si me dicen que por 30.000
euros voy a tener en casa a aquella
replicante de Blade Runner, iba al banco a
pedir un préstamo ya. Pero descubro que las
muñecas del mercado son básicamente de
plástico. Qué frío. La muñeca Carmen
funciona con dos pilas LR6, y cuesta 249
euros porque tiene las partes íntimas de
cyberskin. Un motor vibratorio se ajusta a
las cavidades. La más cara que he
encontrado es Chelsea Shane, la primera
muñeca hecha toda de material
Loveclone, que simula la piel humana
con perfección: 799 euros. Pesa 25 kilos.
He visto que algunas vienen con un kit para
reparaciones, por si las pinchas. Las que
más me convencen son muy baratitas, son el
modelo Manga: son tal cual un globo con un
dibujo animado.
A una mujer de verdad
le pedimos que se parezca a una muñeca, y
es absurdo que ahora a las muñecas les
pidamos que parezcan mujeres de verdad.
Esta industria está muy verde. No he
encontrado ninguna muñeca que aparte de
vagina de loveclone incluya un kit
para urbanizar calas vírgenes.