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  Martes, 9 de enero de 2007 Actualizado a las 00:52
 

LA LONJA / MARTA ZOREDA
Pisos pequeños, caros y sin armarios


REBAJAS. Leo que las rebajas de este año van a ser especialmente agresivas debido a los elevados stocks de ropa que se acumulan en las tiendas, donde las elevadas temperaturas de otoño y principio de invierno han causado estragos en las ventas de ropa de abrigo. Vaya por Dios, al final va a resultar que la sociedad de consumo, a la que atribuimos tantas y tantas calamidades, para colmo de males ni siquiera es consumista. Porque claro, si en las sociedades de consumo las personas se compraran los abrigos para abrigarse no serían consumistas, como mucho serían frioleras.

PISOS. Personalmente creo que el descenso en la venta de ropa en las sociedades consumistas tiene que ver poco con el clima y mucho con la construcción, verdaderos culpables de que en Palma no se vendan los abrigos, porque vamos a ver, dónde los metes. Me estoy refiriendo a esa costumbre moderna de edificar pisos cada día más pequeños, a precios cada vez más estratosféricos y con armarios cada día más minúsculos. Una vez que has metido el sofá, las camas y la mesa de comedor, dónde metes lo demás. Pero si no cabe nada.

Y no estoy pensando sólo en viviendas de protección oficial, no qué va, el problema afecta incluso a los millonarios. El otro día, por ejemplo, unos amigos me enseñaban el piso carísimo que se acababan de comprar en el centro de Palma, uno de esos pisos ideales de tamaño común, o sea, pequeño, que rondan el millón de euros. Y mientras yo expresaba educadamente las típicas frases de júbilo que se esperan de uno en semejantes circunstancias, tales como qué mono, me encanta, qué baño más ideal, la cocina es divina…, pensaba para mis adentros: y estos millonetis dónde diantres van a meter la ropa, pero si en los armarios no cabe nada.

La construcción, ése es el gran problema del pequeño comercio y no el clima, ni la competencia de las grandes superficies. Cincuenta años pagando la hipoteca y cuando te metes dentro del piso no cabe nada.

GLOTONERÍA. La noticia anterior, la de las escasas ventas de otoño e invierno, contrasta con la información que nos cuenta que los ciudadanos de Baleares nos hemos gastado durante las fiestas de Navidad una media de 1.300 a 1.400 euros por familia, siendo especialmente significativos los gastos en comida. Y es que en esta sociedad comilona y obesa no llegas a ser consciente de tu glotonería hasta que la ves convertida en cifras económicas, ni siquiera los kilos y los michelines frenan nuestra voracidad: Dios mío, en un par de festines navideños en casa nos hemos comido algo así como 800 euros de cochinillo, pavo y turrones; qué barbaridad.

PATERNIDAD. Otra noticia de estos días es la que nos cuenta que «sólo uno de cada 100 padres de Baleares solicita el permiso de paternidad». Y la razón, según este periódico, entre otras, es que «no parece que el instinto paternal aumente con el paso de los años, si bien los cambios de mentalidad se producen a largo plazo». ¿Instinto paternal?, ¿es que acaso existe tal cosa? Recuerdo al hilo de esto que en una de las primeras clases a las que asistí en la Facultad de Psicología, hace ya muchos años, el catedrático sorprendió al alumnado con la siguiente frase, dicha con la solemnidad y contundencia que exigía la cuestión en una sociedad todavía marcada por la desigualdad entre sexos: el instinto maternal no existe, sólo es un rol impuesto por la sociedad machista. En consecuencia, si ya en el siglo XX la ciencia daba por falso que existiera el instinto maternal, ¿cómo vamos a pretender que en el siglo XXI los hombres tengan instinto paternal? Creo que vamos a tener que esperar sentados.

No, no es una cuestión de instinto, claro que no, es una cuestión de responsabilidad, o mejor dicho de corresponsabilidad en el cuidado y educación de los hijos. Las mujeres tenemos asumido el rol de la maternidad, pero la mayoría de hombres prefiere seguir hablando de instinto.

martazoreda@ccr.es

 
   
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