REBAJAS. Leo que las rebajas de este año
van a ser especialmente agresivas debido a
los elevados stocks de ropa que se acumulan
en las tiendas, donde las elevadas
temperaturas de otoño y principio de
invierno han causado estragos en las ventas
de ropa de abrigo. Vaya por Dios, al final
va a resultar que la sociedad de consumo, a
la que atribuimos tantas y tantas
calamidades, para colmo de males ni
siquiera es consumista. Porque claro, si en
las sociedades de consumo las personas se
compraran los abrigos para abrigarse no
serían consumistas, como mucho serían
frioleras.
PISOS. Personalmente creo
que el descenso en la venta de ropa en las
sociedades consumistas tiene que ver poco
con el clima y mucho con la construcción,
verdaderos culpables de que en Palma no se
vendan los abrigos, porque vamos a ver,
dónde los metes. Me estoy refiriendo a esa
costumbre moderna de edificar pisos cada
día más pequeños, a precios cada vez más
estratosféricos y con armarios cada día más
minúsculos. Una vez que has metido el sofá,
las camas y la mesa de comedor, dónde metes
lo demás. Pero si no cabe nada.
Y no
estoy pensando sólo en viviendas de
protección oficial, no qué va, el problema
afecta incluso a los millonarios. El otro
día, por ejemplo, unos amigos me enseñaban
el piso carísimo que se acababan de comprar
en el centro de Palma, uno de esos pisos
ideales de tamaño común, o sea, pequeño,
que rondan el millón de euros. Y mientras
yo expresaba educadamente las típicas
frases de júbilo que se esperan de uno en
semejantes circunstancias, tales como qué
mono, me encanta, qué baño más ideal, la
cocina es divina…, pensaba para mis
adentros: y estos millonetis dónde diantres
van a meter la ropa, pero si en los
armarios no cabe nada.
La
construcción, ése es el gran problema del
pequeño comercio y no el clima, ni la
competencia de las grandes superficies.
Cincuenta años pagando la hipoteca y cuando
te metes dentro del piso no cabe nada.
GLOTONERÍA. La noticia anterior, la
de las escasas ventas de otoño e invierno,
contrasta con la información que nos cuenta
que los ciudadanos de Baleares nos hemos
gastado durante las fiestas de Navidad una
media de 1.300 a 1.400 euros por familia,
siendo especialmente significativos los
gastos en comida. Y es que en esta sociedad
comilona y obesa no llegas a ser consciente
de tu glotonería hasta que la ves
convertida en cifras económicas, ni
siquiera los kilos y los michelines frenan
nuestra voracidad: Dios mío, en un par de
festines navideños en casa nos hemos comido
algo así como 800 euros de cochinillo, pavo
y turrones; qué barbaridad.
PATERNIDAD. Otra noticia de estos
días es la que nos cuenta que «sólo uno de
cada 100 padres de Baleares solicita el
permiso de paternidad». Y la razón, según
este periódico, entre otras, es que «no
parece que el instinto paternal aumente con
el paso de los años, si bien los cambios de
mentalidad se producen a largo plazo».
¿Instinto paternal?, ¿es que acaso existe
tal cosa? Recuerdo al hilo de esto que en
una de las primeras clases a las que asistí
en la Facultad de Psicología, hace ya
muchos años, el catedrático sorprendió al
alumnado con la siguiente frase, dicha con
la solemnidad y contundencia que exigía la
cuestión en una sociedad todavía marcada
por la desigualdad entre sexos: el instinto
maternal no existe, sólo es un rol impuesto
por la sociedad machista. En consecuencia,
si ya en el siglo XX la ciencia daba por
falso que existiera el instinto maternal,
¿cómo vamos a pretender que en el siglo XXI
los hombres tengan instinto paternal? Creo
que vamos a tener que esperar sentados.
No, no es una cuestión de instinto,
claro que no, es una cuestión de
responsabilidad, o mejor dicho de
corresponsabilidad en el cuidado y
educación de los hijos. Las mujeres tenemos
asumido el rol de la maternidad, pero la
mayoría de hombres prefiere seguir hablando
de instinto.
martazoreda@ccr.es