Es de sobra conocida la versión espúrea
de los versos de Lope de Vega, que
Don Cándido Nocenal pronunció al
contestar a Alarcón en su ingreso en
la Academia española. Dice así: «El pueblo
es necio, y, pues lo paga, es justo
hablarle en necio para darle
gusto».
Cuando uno escucha a nuestra
particular Sibila y a su adlátere aspirante
a Cort, no puede por menos de imaginar que,
según tales politicastros, formamos parte
de un inmenso rebaño de ingenuos y necios.
Hay que tener el estómago de un camello
para poder digerir tanta mentira, tanta
chulería prepotente, tanto mensaje
filibustero, como se expande desde las
terminales de UM. Hay que ser muy ingenuo
para dar crédito, sin dudar del cobro, a la
señora de la grava y la subvención. Bueno,
en realidad, ha sido suficiente, hasta
ahora, con ser del PP.
Incluso aunque
existiera ese ciudadano de candidez
angelical, difícilmente se creería que UM
actúa al servicio del interés general, que
los accesos a la ciudad de Palma son de
competencia del PP, que UM no viene
traicionando reiteradamente al PP, que a UM
le es difícil entenderse con un sector del
PP muy radicalizado, que UM ha demostrado
ser eficaz en la gestión de los residuos
cuando resulta que hay que cerrar Son Reus
por inseguro y contaminante, que UM no
reparte el dinero público a espuertas, que
UM ha explicado y justificado el regalito
de Can Domenge, que UM no coquetea con el
PSOE, que la Sibila no anda en boca de todo
el mundo, que la Fiscalía Anticorrupción no
debería husmear los entresijos de UM, que
la Sibilia no pidió la dimisión del
Conseller de Presidencia por venganza
personal, que no cuesta dinero público su
exhibición nauseabunda en ciertos medios de
comunicación, que UM respeta a los
inmigrantes y forasteros, etc. etc. Y, suma
y sigue, hasta el infinito.
Pero
donde el crédulo ciudadano lo tendría muy
mal sería a la hora de entender la actitud
de UM en relación con la capitalidad de
Palma. ¡Qué pena que una indisposición del
candidato de UM a Cort nos impidiese
contemplar el espectáculo de desdecirse!
Algo tan beneficioso para la ciudad de
Palma no es apoyado por quien desea optar a
ser su alcalde. ¡Vaya candidato! Dada su
afición a volar, no extraña que siga o esté
en Babia y nos prometa lo que piensa no
cumplir.
Para coronar el cúmulo de
despropósitos, hemos de recordar, por
último, la actitud de UM en relación con la
Fachada Marítima. Está empeñada en
torpedear todo lo que se le ponga en el
camino. ¡Buena es ella, la Sibila! ¡Puedo
ser muy peligrosa!, le espetó al Concejal
de Urbanismo de Palma. Quien le echa un
pulso, lo pierde. Como Núñez y Navarro osó
ofrecer el doble por Can Domenge, ahora se
va a enterar. Protegeré el edificio de Gesa
-dice con arrogancia- y me vengaré de
todos. ¿Qué esto perjudica a la ciudad, al
Palacio de Congresos y a la remodelación de
la Fachada Marítima?, pues me importa un
comino. Yo, a lo de siempre, a lo
mío.
El clamor frente tales manejos
es popular. Son numerosas las entidades,
asociaciones e instituciones contrarias a
catalogar el edificio. Quien, por cierto,
se ha lucido ha sido el Colegio de
Arquitectos. ¿Con qué es un «edificio
activo y vigente»? Lo único vigente, al
parecer, es el pésimo gusto artístico del
Sr. Corral. Si ese edificio debe
catalogarse por su singularidad, es que
hemos perdido el sentido. Urge la
movilización ciudadana. No podemos
permitirnos el lujo de la pasividad. Está
en juego la imagen exterior de Palma y el
hacer las cosas con un cierto sentido de
futuro. El cainismo debe desterrarse
de una vez por todas.
Puede seguir
pensando que todo el mundo es necio. Pero,
no se equivoque. Llegará el momento de
pasarle factura con el voto. Como dijo
Arturo Graff: «La ingenuidad
es una fuerza que los astutos hacen mal en
despreciar».