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  Sábado, 6 de enero de 2007 Actualizado a las 01:57
 

LA MODE
El lujo

AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO



Si tienen ustedes dos habitaciones separadas por una puerta hermética, y en cada una de ellas un gas, y entonces abren la puerta que las separa, los gases se irán mezclando hasta alcanzar una dilución perfecta. Y eso es lo que ha ocurrido con el concepto de lujo: que se ha feminizado, es un lujo fluido, ilocalizado. Cosas que antes se consideraban artículos de lujo, como por ejemplo, tener una possessió en Porreres, se identifican hoy más con una cruz para el propietario que con una degustación del artículo en cuestión: está bien claro que hoy por hoy esa possessió es algo indisfrutable y muy poco femenino por la sencilla razón de que hoy el lujo se asocia a la invisibilidad y democratización de las emociones. Son mucho más lujosas, por ejemplo, actividades como viajar, o disfrutar de una vida tranquila con todas las comodidades al alcance de la tarjeta de crédito y del PC: un lujo emocional. El lujo se ha vuelto algo expansivo, algo inconcebible si no se halla diluido en la propia vida, de la misma manera que un hijo está para siempre diluido en la vida de la madre por mucho que físicamente se separen.

Tener una buena colección de LPs se consideraba un lujo. El tamaño se fue reduciendo y esa ostentación pasó a los CDs. Hoy el lujo radica en tener en una invisible y gigantesca memoria de un I-Pod una cantidad también invisible y gigantesca de canciones para escuchar donde nos venga en gana. Todo se ha ido atomizando, y con ello también el lujo, hasta su total sublimación. Desde aquellos tiempos Premodernos -aristocráticos- en los que tener una possessió era un lujo, pasamos a la era Moderna -burguesa- en la que el lujo residía en disfrutar de objetos de consumo materiales que eran para siempre, hasta llegar a la era Posmoderna -líquida-, en la cual el lujo es, sencillamente, la inmaterialidad de la propia vida. Cuando ustedes lean este artículo todos habremos recibido múltiples regalos en el repetido rito de los Reyes Magos, pero ya no serán aquellos objetos para siempre, sino que probablemente el próximo año en estas fechas estén ya desaparecidos en su cotidianeidad. Eso es hoy el lujo.

Ahora bien, el lujo más lujoso es el dinero, porque es lo más inmaterial que existe: en un simple euro caben infinitas posibilidades de objetos comprables, de la misma manera que en un verso caben millones de posibilidades de interpretación. El dinero es pura poesía. El Corte Inglés lo vio claro: «Regale Bonos-Regalo», un regalo que, en sí mismo, contiene al infinito en posibilidades. En este sentido, esa actividad tan balear de vivir de puertas para adentro, de guardar a cal y canto el lujo en palacios que por fuera se caen a pedazos, como queriendo atesorar el concepto mismo de lujo, va perdiendo dígitos en beneficio de la joven que va por la calle perdida en los millones de posibles canciones de su I-Pod.

 
   
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