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  Sábado, 6 de enero de 2007 Actualizado a las 01:57
 

LA PREGUNTA DEL MILLÓN - ¿Cree que Baleares se puede convertir en un nuevo destino de las pateras?
Pateras y pensiones

JOAN PERICÀS



La llegada de dos barcos patera, es decir, dos cascarones a punto de desguace recuperados por las mafias para negociar con la desesperación, no nos permite concluir que lo insólito vaya a convertirse en costumbre. Existen datos, sin embargo, manejados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que indican una ampliación y diversificación de las vías marítimas de la inmigración irregular.

Dicho lo anterior, conviene matizar que ser o no ser tierra de destino me preocupa mucho menos que el destino, en sentido estricto, de los embarcados. Quiero decir con ello que aun siendo problemática para nosotros la inmigración irregular, tenemos medios para atajarla o, mejor, regularizarla. En cambio, los que decidieron partir en Nochevieja, aventurándose en un viaje incierto, no tienen nada excepto la miseria y el miedo que dejan atrás.

Además, no sería correcto de ningún modo abundar en el falso tópico y centrar la problemática de la inmigración ilegal en el tráfico de pateras, cuando en realidad supone sólo una parte mínima de aquella, aunque sí la más sonora y amplificada por los medios. En realidad la mayoría de inmigrantes irregulares, en Baleares y en toda España, utilizan medios más corrientes, los mismos que utilizan los turistas tan bien recibidos. De hecho vienen a engrosar las estadísticas de visitantes, sólo que se quedan, con o sin trabajo. Así pues, Mallorca y todas las Baleares son destino para la inmigración desde principios de la década de los noventa del siglo pasado. Y menos mal que así es. ¿Cómo sino podríamos conseguir nosotros, una sociedad autóctona demográficamente envejecida, la meta marcada por Bruselas de convertir Europa en un continente altamente competitivo?

La inmigración masiva no es un problema que no hayamos creado nosotros, o mejor dicho, que no hayan creado aquellos que hemos elegido para gestionar nuestros estados, los del Primer Mundo. Si el mercado político no mantuviera deprimidas extensas áreas del planeta, no tendríamos que plantearnos soluciones que pretenden paliar las consecuencias en lugar de erradicar las causas.

Hace años, uno confiaba en los hijos propios y en los ajenos para poder cobrar una pensión al llegar la jubilación laboral. Hoy por hoy es mucho más coherente confiar en los inmigrantes, vengan de donde vengan y lleguen de la forma que lleguen. No conviene olvidarlo.

 
   
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