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  Sábado, 6 de enero de 2007 Actualizado a las 01:56
 

REYES MAGOS / La crónica
Odaliscas, serpientes y romanos

Por MARTA ZOREDA



Hay que ver lo difícil que resulta ser niño en una ciudad como Palma, principalmente durante la noche de Reyes, cuando los más pequeños tienen que abrirse camino entre la multitud para intentar ver a Melchor, Gaspar y Baltasar y su real comitiva. A los niños de antes les contaban sus padres la historia de los Reyes Magos y la daban por cierta sin el más mínimo asomo de duda, pero los párvulos de ahora son gente de naturaleza descreída, o simplemente más avispados, y tienen que ver a los Reyes rodeados de todo su mágico esplendor para seguir creyendo en ellos. ¿Y cómo los van a ver si no caben? Y es que Palma ha evolucionado desde los tiempos de portal de Belén y cuenta en nuestros días con amplias calles y avenidas, pero es tradición que la Cabalgata de los Reyes Magos transcurra por las más estrechas, como por ejemplo la calle San Miguel, donde las carrozas pasan rozando a los transeúntes con evidente riesgo, principalmente para los niños. No, no hay muchas vallas de protección a lo largo del recorrido, pero en la noche de Reyes, más que nunca, parece claro que Dios está con los niños, por lo que la fiesta concluye felizmente.

Hay otra tradición que no puede faltar en la Cabalgata de Reyes y que ayer tampoco estuvo ausente, los caramelos, esos objetos contundentes arrojados con frenesí sobre los cuerpos indefensos de los niños. Nada menos que siete toneladas de caramelos, aunque a lo mejor habría que hablar de siete toneladas de munición. Cuando los caramelos vuelan hacia su destino todos gritan, supuestamente de entusiasmo o quizás de terror, mientras las madres protegen con sus manos las cabezas de los más pequeños y los mayores tratan de apartarse de la línea de disparo.

Todos sabemos que la intención de los pajes es buena, que son emisarios de origen divino que vienen a traer felicidad a los niños y paz a la humanidad, pero si no supiéramos todo eso, si nos dejáramos llevar de las apariencias, creeríamos estar en presencia de algo así como la brigada antidisturbios. ¿No podrían lanzar gominolas, mazapanes o cualquier otro dulce de consistencia inofensiva? No, claro, eso sería un atentado contra la tradición. En la Cabalgata de Reyes se forja el valor de los niños.

Pero en el desfile real de 2007 hay novedades, no todo va a ser tradición. La principal es que la temática es histórica, con carrozas que recrean escenas de las culturas fenicia, griega, cartaginesa, romana, bizantina e islámica, que por lo visto es un asunto que interesa mucho a los niños de preescolar, verdaderos protagonistas de la noche y máximos seguidores de Melchor, Gaspar y Baltasar.

Un poco de cultura clásica nunca sobra, ni siquiera en una noche donde debe primar lo infantil y lúdico, y lo más importante, cuando estos niños lleguen a la ESO se acordarán de la Cabalgata de 2007 y eso facilitará mucho su comprensión de las guerras púnicas. Por no hablar de la mitología clásica o el complejo de Edipo.

Por otro lado, las carrozas son coloristas y más o menos vistosas, unas más y otras menos, con curiosidades como un grupo de odaliscas que mueven sensualmente sus caderas con serpientes enrolladas al cuello. Serpientes vivas, naturalmente, de proporciones considerables. En principio, las serpientes parecen inofensivas y los niños las contemplan con la debida precaución, pero sin síntomas alarmantes de pavor. Además, después de haber sobrevivido a la lluvia de caramelos, ¿qué párvulo se va a asustar de una simple serpiente?

Pero el exotismo de la Cabalgata 2007, odaliscas y serpientes aparte, corre a cargo de un grupo de percusionistas y bailarines senegaleses que, vestidos con trajes de su país, ponen ritmo, color y animación a la noche. Además los senegaleses son gente pacífica y sensata, que bailan y cantan sin peligro para nadie, o sea, sin caramelos, lo cual es muy de agradecer.

En definitiva, una noche de ilusión y magia para los niños y una cabalgata que no acaba de encontrar muy bien su contenido y estética, entre los dragones del año pasado y los romanos y odaliscas del actual, pero que a la postre cumple su función de ilusionar a los niños, que es de lo que se trata.

 
   
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