Hay que ver lo difícil que resulta ser
niño en una ciudad como Palma,
principalmente durante la noche de Reyes,
cuando los más pequeños tienen que abrirse
camino entre la multitud para intentar ver
a Melchor, Gaspar y Baltasar y su real
comitiva. A los niños de antes les contaban
sus padres la historia de los Reyes Magos y
la daban por cierta sin el más mínimo asomo
de duda, pero los párvulos de ahora son
gente de naturaleza descreída, o
simplemente más avispados, y tienen que ver
a los Reyes rodeados de todo su mágico
esplendor para seguir creyendo en ellos. ¿Y
cómo los van a ver si no caben? Y es que
Palma ha evolucionado desde los tiempos de
portal de Belén y cuenta en nuestros días
con amplias calles y avenidas, pero es
tradición que la Cabalgata de los Reyes
Magos transcurra por las más estrechas,
como por ejemplo la calle San Miguel, donde
las carrozas pasan rozando a los
transeúntes con evidente riesgo,
principalmente para los niños. No, no hay
muchas vallas de protección a lo largo del
recorrido, pero en la noche de Reyes, más
que nunca, parece claro que Dios está con
los niños, por lo que la fiesta concluye
felizmente.
Hay otra tradición que
no puede faltar en la Cabalgata de Reyes y
que ayer tampoco estuvo ausente, los
caramelos, esos objetos contundentes
arrojados con frenesí sobre los cuerpos
indefensos de los niños. Nada menos que
siete toneladas de caramelos, aunque a lo
mejor habría que hablar de siete toneladas
de munición. Cuando los caramelos vuelan
hacia su destino todos gritan,
supuestamente de entusiasmo o quizás de
terror, mientras las madres protegen con
sus manos las cabezas de los más pequeños y
los mayores tratan de apartarse de la línea
de disparo.
Todos sabemos que la
intención de los pajes es buena, que son
emisarios de origen divino que vienen a
traer felicidad a los niños y paz a la
humanidad, pero si no supiéramos todo eso,
si nos dejáramos llevar de las apariencias,
creeríamos estar en presencia de algo así
como la brigada antidisturbios. ¿No podrían
lanzar gominolas, mazapanes o cualquier
otro dulce de consistencia inofensiva? No,
claro, eso sería un atentado contra la
tradición. En la Cabalgata de Reyes se
forja el valor de los niños.
Pero en
el desfile real de 2007 hay novedades, no
todo va a ser tradición. La principal es
que la temática es histórica, con carrozas
que recrean escenas de las culturas
fenicia, griega, cartaginesa, romana,
bizantina e islámica, que por lo visto es
un asunto que interesa mucho a los niños de
preescolar, verdaderos protagonistas de la
noche y máximos seguidores de Melchor,
Gaspar y Baltasar.
Un poco de
cultura clásica nunca sobra, ni siquiera en
una noche donde debe primar lo infantil y
lúdico, y lo más importante, cuando estos
niños lleguen a la ESO se acordarán de la
Cabalgata de 2007 y eso facilitará mucho su
comprensión de las guerras púnicas. Por no
hablar de la mitología clásica o el
complejo de Edipo.
Por otro lado, las
carrozas son coloristas y más o menos
vistosas, unas más y otras menos, con
curiosidades como un grupo de odaliscas que
mueven sensualmente sus caderas con
serpientes enrolladas al cuello. Serpientes
vivas, naturalmente, de proporciones
considerables. En principio, las serpientes
parecen inofensivas y los niños las
contemplan con la debida precaución, pero
sin síntomas alarmantes de pavor. Además,
después de haber sobrevivido a la lluvia de
caramelos, ¿qué párvulo se va a asustar de
una simple serpiente?
Pero el
exotismo de la Cabalgata 2007, odaliscas y
serpientes aparte, corre a cargo de un
grupo de percusionistas y bailarines
senegaleses que, vestidos con trajes de su
país, ponen ritmo, color y animación a la
noche. Además los senegaleses son gente
pacífica y sensata, que bailan y cantan sin
peligro para nadie, o sea, sin caramelos,
lo cual es muy de agradecer.
En
definitiva, una noche de ilusión y magia
para los niños y una cabalgata que no acaba
de encontrar muy bien su contenido y
estética, entre los dragones del año pasado
y los romanos y odaliscas del actual, pero
que a la postre cumple su función de
ilusionar a los niños, que es de lo que se
trata.