MARCOS TORÍO
PALMA.- La música
atronadora y los fuegos artificiales
anunciaban el atraque del Rafael Verdera en
el Moll Vell. Faltaban sólo unos minutos
para las siete de la tarde y cientos de
niños se agolpaban sobre las vallas para
ver bajar a Melchor, Gaspar y Baltasar. «Ya
llega el barco. Ahí está», repetían unos y
otros. Los Reyes Magos desembarcaron,
saludaron y los pequeños enloquecieron. La
concejal de Dinamización Ciudadana de Cort,
María José Frau, los recibió y celebraba
que el tiempo acompañara. No había ni
rastro de la cabalgata de paraguas de 2006.
Ni frío ni lluvia para una noche en la que
media Palma estaba en la calle. O más de
media, atendiendo a la policía, que cifró
los asistentes en 300.000, el doble que el
año pasado. El dato suponía un récord
absoluto.
Con los camellos
desterrados de la cabalgata, los Reyes
volvían a subirse en estrellas iluminadas
para cerrar un desfile consagrado a las
culturas del Mediterráneo. Fenicios,
griegos, cartagineses, romanos, bizantinos
e islámicos recorrían la reabierta avenida
de Antonio Maura con elefantes de papel,
serpientes reales y soldados de antiguos
imperios. Poca atención prestaban los niños
a Ulises, Aníbal o Azarquile. Nada parecía
lograr que dejaran de estirar sus brazos
para hacerse con un puñado de
caramelos.
Como la historia del
Mediterráneo no sale mucho en la tele, Cort
reservó algunas de las 23 carrozas a
personajes literarios, cinematográficos o
televisivos, que sí lograban el
reconocimiento de los pequeños: Hansel y
Gretel en su casa de chocolate, los
pingüinos emperadores de Happy Feet,
Dumbo, Pinocho, El gato con botas o Peter
Pan, entre otros. Había también un guiño
para los padres: los personajes de la
famosa Familia Telerín, que mandaba a la
cama a los niños en los años 60.
Por
último, la organización dedicó una carroza
a los dos acontecimientos deportivos que se
celebrarán en Palma durante 2007: el
Campeonato mundial de ciclismo en pista y
el Eurobasket.
Melchor, Gaspar y
Baltasar avanzaban sin obras y sin zanjas
por Palma subiendo la calle que desemboca
en el Ayuntamiento. La alcaldesa Catalina
Cirer esperaba para recibirlos en el balcón
del Consistorio y desvelaba el contenido de
su carta a sus Majestades de Oriente: unas
gafas de sol, los libros del Premio Planeta
y una película en DVD «con final feliz».
¿Y en un año electoral no está entre
sus peticiones ser reelegida alcaldesa?
«Eso se lo pido a los ciudadanos, no a los
Reyes Magos. Lo voy a hacer hasta mayo. Es
lo más efectivo y también lo más realista».
Sus Majestades, según Cirer, ya «han sido
muy bondadosos» con su equipo
permitiéndoles «llegar a las elecciones con
los compromisos cumplidos». Para los
ciudadanos ha pedido que «tengan todo lo
que necesitan para vivir dignamente y no
les falte el plato en la mesa».
La
puntualidad era asombrosa y justo a las 20
horas, los Reyes Magos se asomaban junto a
Cirer para saludar desde el balcón del
Ayuntamiento. Clara, a sus siete años,
explicaba a los periodistas sus dudas sobre
los llegados de Oriente: «Estos son sólo
representantes porque los de verdad vienen
por la noche», explicó la niña en el
vestíbulo de Cort. En la calle, el resto de
niños no parecía plantearse la existencia
de dobles. Gritos y saludos. Saludos y
gritos.
Las cartas estaban enviadas
y los árboles esperando la lluvia de
regalos. En las listas, ellos optan por lo
último en consolas y videojuegos. Ellas,
también. Ahí no hay diferencias de sexo. Lo
de las muñecas y los coches teledirigidos
es otra cosa. Nada de paridad. Las niñas
quieren barbies y los niños, el coche de
Fernando Alonso.