'Cascanueces' /
Escenario: Auditórium de Palma / Fecha:
jueves 4 de diciembre.
Calificación:
FERNANDO MERINO
PALMA.-
Estábamos habituados a recibir en verano a
compañías residuales de la escuela rusa de
ballet. En esta ocasión el encuentro
coincide con la fecha señalada para
presenciar Cascanueces, la pieza que
se ha convertido en ritual navideño. De
hecho las formaciones de gran calado
internacional contemplan esta coreografía
si bien para ello acuden a una revisión
actualizada del original.
Pasado más
de un siglo desde el estreno de
Cascanueces, el 17 de diciembre de
1892 en el Teatro Mariisnkii de San
Petersburgo, la partitura de Tchaikovsky
sigue gozando de excelente salud, con
paisajes aislados que continúan siendo
antológicos, y tocada de un desarrollo sin
duda hermosísimo, potente.
Cuentan
que el compositor no estaba por la labor,
escéptico de las bondades del argumento,
pero las circunstancias han demostrado que
andaba equivocado, hasta el punto de
convertirse esta obra en un referente,
especialmente su versión para concierto.
Volviendo a esos pasajes
antológicos, en uno de ellos, aquel con
pasos de campanillas solo de Clara en el
segundo acto, se produjo la pérdida de
equilibrio de Nadezda Ivanova, precisamente
en el momento en que hilaba lo mejor de la
tarde. A pesar del incidente, el público
reconoció la belleza que precedía a la
caída, arropando a la bailarina con un
caluroso aplauso.
Me refería antes al
carácter residual de las compañías rusas.
Una de sus características destacadas es la
prevalencia de la bailarina, que no parece
sentirse afectada por unas cada vez más
mediocres puestas en escena. Siempre
exceptuando colectivos como Bolshoi o el
Kirov. La decadencia se muestra a flor de
piel, mientras ellas parecen conservar el
resplendor. Eso pasa con
Ivanova.
También Andrey Shalin,
encarnando al Príncipe, y Shuparskiy Roman,
en el papel del mago Drosselmeyer, dieron
lustre a sus respectivos personajes. El
resto, ya se sabe: Ballet de
Moscú.
En cuando a la coreografía de
Lev Ivanov sólo nos llegaba el eco,
perdidos sus rasgos originales con el pasar
de los años. Debido a la pérdida de las
fuentes originarias, también a la necesidad
de adaptar el cuento a los nuevos tiempos,
varias son las revisiones que a día de hoy
aún siguen acudiendo a las cita navideña,
siendo las más destacadas las de
Balanchine, Nureyev o Roland
Petit.
Evidentemente nada que ver con
lo visto en Palma, pero contar con el
Ballet de Moscú ha servido para incorporar
nuestra ciudad al listado de espacios
escénicos que recuerdan Cascanueces
en el momento más propicio para ello, al
coincidir con las fechas de la historia que
se narra en el libreto de Petipa.
De
paso, ver la platea de la sala magna del
Auditorium repleta de infantes siempre se
agradece. Para quienes acudían por primera
vez a una función de danza seguramente les
asombraría el color y la presunta
espectacularidad de una puesta en escena
que sólo era en realidad funcional y
cautiva, en los gestos, de una apolillada
escuela rusa. Gustó especialmente el
segundo acto.