Hemeroteca Agenda cultural Cartelera Titulares

Tienda Restaurantes De copas Loterías
 BALEARES
 24HORAS
 Opinión
 Illes Balears
 Palma
 Menorca
 Part Forana
 Deporte
 Cultura
 Ibiza y
 Formentera
 SUPLEMENTOS
 La Economía
 Balear
 Fora Vila Verd
 EDICIÓN
 NACIONAL
 España
 Internacional
 Economía
 Deportes
 Cultura
 Ciencia
 Tecnología
 60 segundos
 Edición
 impresa
 Catalunya
 Madrid24horas
 OTROS
 Fotos del día
 Álbum
 Vídeos
 
 
URGENTE El año 2008 cierra con un récord histórico de parados que superan los 3 millones
Domingo, 31 de diciembre de 2006 Actualizado a las 02:17
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS IES
Del error Antich al error tras error de Zapatero

EDUARDO INDA


- Estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos mejor (José Luis Rodríguez Zapatero, anteayer al mediodía).

No habían pasado ni 24 horas y ETA engordó a golpe de dinamita el ya de por sí obeso ridículum vítae de un presidente del Gobierno que, con una frase a camino entre la redundancia sintáctica y el optimismo patológico, se la jugó. ZP enfiló a las nueve de la mañana de ayer el camino a la derrota electoral al quedar aprisionado en la soga que él mismito se anudó en el gaznate antes incluso de emprender su ilusionante pero no menos inquietante andadura presidencial. Al inquilino de La Moncloa no lo va a desahuciar un Mariano Rajoy cuyos méritos son inversamente proporcionales a su gigantesca estatura moral sino un tal José Luis Rodríguez Zapatero. Al suicidio no lo conducen a uno, al suicidio se conduce uno solito, conviene no olvidar que el suicidio es el mayor y más terrible ejercicio de voluntad individual. Hace tiempo denuncié en este mismo hueco el mix de irresponsabilidad e incompetencia de un ZP que aceptó quedar en manos del realganismo etarra: «Un muerto en atentado [vine a decir] y será un cadáver político». Resumiendo que es gerundio: el presidente del Gobierno aceptó convertirse en el rehén de los designios de una banda de asesinos, en el esclavo de una gentuza de marca mayor, en el títere político de unos indeseables que pegan tiros en la nuca, ponen bombas y extorsionan a pequeños, grandes y mediopensionistas empresarios en la mejor tradición mafiosi.

Así como la suerte electoral de 2004 la decidieron uno o varios grupos terroristas, ahora ETA está en condiciones de dictar veredicto en 2008 o cuando quiera que se celebren las próximas elecciones generales. Si los pistoleros se rinden y entregan las armas, cuestión inverosímil por no decir utópica, Zapatero arrasará; si continúan haciendo de las suyas, Rajoy arrasará o como mínimo vencerá. Así de cruel, así de simple y así de triste. El destino de la democracia española está en manos de unos terroristas por culpa de la frivolidad y/o el oportunismo de un político adolescente. ¡Quién le mandaba meterse en este lío!

Hace dos años y medio tracé un paralelismo entre el devenir del Pacte de Progrés y el discurrir del -en terminología Prisa- Gobierno progresista de José Luis Rodríguez Zapatero. Entonces estaba más lejos que hoy de tener razón porque faltaban casi cuatro años para el Día D electoral, hoy ando más cerca que en el verano de 2004 de dar en la diana pero, al paso que vamos, menos que mañana. No soy ningún genio y, al contrario que Pepiño y Francina Armengol en el caso Andratx, Dios no me ha llamado ni por el camino de la adivinación ni por el de la empírica futurología. Lo mío es un proceso deductivo, lógico, puro sentido común, en fin, nada paranormal.

En este país de gilipuertescos eufemismos el de «proceso de paz» es el más gilipuertesco o uno de los más gilipuertescos jamás parido. ¿Cómo es posible bautizar como «proceso de paz» a una negociación con terroristas? Es más, este palabro fruto de la unión de tres palabras es un ejemplo de libro de eso que los lingüistas han dado en denominar perversión del lenguaje. Me explico: para que haya un proceso de paz tiene que existir previamente una guerra. Y que yo sepa lo de ETA no es ninguna guerra ya que la condición sine qua non para que se pueda hablar de tal cosa es que haya dos partes en conflicto. Aquí hay unos que asesinan y otros que son asesinados, unos que disparan y otros que son disparados, unos que ejercen voluntariamente el rol de verdugos y otros que desempeñan involuntariamente el de víctimas. Y que conste en acta que este escribidor ha defendido siempre la necesidad de dialogar o de tomar la temperatura a ETA siempre que se presente la oportunidad. Lo hizo Suárez, lo repitió Calvo-Sotelo, les imitó Felipe González y tres cuartos de lo mismo ocurrió durante el aznarismo. Pero una cosa es ésa y otra ponerse a negociar en términos políticos de tú a tú con tipejos que asesinan, mutilan, hieren, extorsionan o secuestran a los que no piensan como ellos o a los que no quieren pasar por el aro.

El de ayer probablemente sea el único punto en el que no haya similitudes en el fondo aunque sí en las insensatas formas entre el Pacte de Progrés (PSIB-PSM-EU-Els Verds-UM) que desgobernó Baleares de 1999 a 2003 y el pacto de progreso PSOE-PSC-ERC-IU que malgobierna España o como quiera que se llame en este momento procesal el país en el que nos ha tocado en suerte o en desgracia vivir. El problema del marido de Sonsoles Espinosa es el mismo que el de Antich: que cuando juegas con las cosas de comer, acabas devorado por la realidad. Se puede gobernar contra unos pocos mucho tiempo, contra muchos un poco de tiempo pero no contra todo y contra muchos todo el tiempo.

El primer paralelismo de fondo entre el quintapartito balear y el tetrapartito que gobierna España reside en un vicio de origen. Así como el Pacte de ¿Progrés? conquistó el poder en condiciones tan legales y legítimas como dudosamente morales con un pacto antinatura con MAM, José Luis Rodríguez Zapatero jamás hubiera sido presidente del Gobierno de no haber intervenido en el proceso electoral unos terroristas venidos de desiertos y montañas no muy lejanos. En un caso la voluntad popular se alteró a posteriori gracias al capricho de la de siempre, la política y pecuniariamente honrada MAM, y en el otro la voluntad popular se alteró a priori. Y con ello no estoy afirmando ni mucho menos que el PSOE tuviera que ver algo con el 11-M, es más, estoy absolutamente seguro de que ni lo sabía, ni lo conocía, ni desde luego participó en conspiración alguna. Simplemente, forzó la máquina el 13-M más allá de lo que democráticamente es tolerable con el tristemente célebre asedio a las sedes del PP, con el más que discutible «no nos merecemos un Gobierno que mienta» y con las insinuaciones golpistas de un cineasta enloquecido.

Cuando arribas al poder por accidente, de chiripa, cuando pisas moqueta porque los hados le dieron la vuelta al normal devenir de las cosas, lo normal es perder el sentido de la realidad, pensar que todo el monte es orégano, creerte el mesías o el lugarteniente del mesías y ponerte a hacer machadas como loco. Algo de eso es lo que le sucedió a un Francesc Antich que en condiciones normales no hubiera pasado de alcalde de su pueblo y gracias y algo de eso es lo que le está ocurriendo a un Rodríguez Zapatero que pasó de ser un insípido, incoloro e indoloro diputado del montón a ser presidente del Gobierno ¡¡¡en menos de cuatro años!!! Y con ello no estoy tratando de equiparar a un politiquillo como Antich a un con todos sus defectos politicazo como ZP.

El quid de la cuestión es más bien otro. El uno, Francesc Antich, terminó como el rosario de la aurora porque jugó con una cosa de comer llamada turismo; el otro, José Luis Rodríguez Zapatero, va camino de suicidarse políticamente por jugar con una cosa de comer conocida como España constitucional. Todo ello aderezado con un común denominador: el radicalismo. Tanto el vulgar en el fondo y en las formas Antich como el mediocre en el fondo pero brillante en las formas Zapatero optaron por ponerse el centrismo y la moderación por montera. Eso de in medium virtus -«en el punto medio está la virtud»- se lo han pasado por el forro de sus caprichos el aprendiz de aprendiz y el maestro. El de aquí lo acabó pagando y el de allí va camino de.

Todos, desde Suárez hasta el mejor Aznar pasando por Felipe González, tuvieron claro que para llegar a La Moncloa había que pasar por el centro conquistando el voto de ese millón y pico de españoles que unas veces giran a la derecha y otras a la izquierda. Un principio elemental que olvidó un Antich que se dedicó a poner patas arriba la actividad que ha convertido en prósperas unas Islas hace no tanto paupérrimas, el turismo, y algo que suena a chino a un ZP que se creyó que saltarse a la torera los consensos de la Transición salía gratis. Consecuencia: el desastre.

Con el peor president de nuestra autonomía Baleares pasó de crecer al 7%, de ser la región más rica de España, a decrecer con un PIB que se situó en el -0,5% en la recta final del pentapartito. Los platos rotos no los pagaron sus odiados hoteleros sino más bien decenas de miles de trabajadores que acabaron en las colas del Inem por mor de un espantapájaros ideológico que provocó la fuga de cerca de un millón de turistas y por culpa de una ecotasa bien intencionada pero mal diseñada y peor ejecutada.

En el debe de Zapatero no se puede colocar el desastre económico porque, al César lo que es del César, lo de las pelas va como un tiro. Crecemos más que nadie (casi 4%) en la Unión Europea excepción hecha de la República de Irlanda, hay pleno empleo, la inflación adelgaza poco a poco cuando hace no tanto andaba desbocada y la Bolsa registra los mejores parámetros de todo el mundo mundial occidental. Un milagro por obra y gracia de un sensato, inteligente e íntegro Pedro Solbes que optó por aplicarse ese aserto que recomienda no cambiar las cosas cuando van bien. Resultado: un éxito.

El error de Zapatero que puede acabar demostrando que Zapatero era un error es, como ya he anticipado, esa manía que tiene de jugar con la suprema cosa de comer: la unidad de España. Esa constitución catalana mal llamada Estatut es el punto de inflexión que ha hecho saltar por los aires el periodo de estabilidad y prosperidad más longevo de la Historia de España por no decir el único. La deconstrucción nacional está servida: la Generalitat tiene en sus manos prácticamente todo el poder en Cataluña con lo cual cualquier día puede decir ¡Adéu! con todas las de la ley, Andalucía es «una realidad nacional», el Gobierno gallego exige su propio huso horario y se autodefine como «comunidad nacional», se ha destrozado ese pilar básico de toda nación que se precie que es la solidaridad interterritorial, el Estado es ya residual en media España y parte de la otra, en el País Vasco el PSE lucha para que se vaya más allá aún que en Cataluña, mi querida Navarra está en subasta, hay 17 modelos educativos cada uno de su padre y de su madre y vamos camino de 17 sistemas judiciales diferentes y de 17 sistemas fiscales distintos. Como ven, el caos.

Si a eso le unimos esa Ley de Memoria Histórica que no está ni entre las primeras, ni entre las segundas, ni siquiera entre las decimonovenas preocupaciones ciudadanas, llegarán a la misma conclusión que yo: esto no va a terminar mal, va a terminar peor. ¿A cuántos catalanes les ocupaba y les preocupaba la reforma del Estatut? Al 5%. ¿Cuántos españoles consideran una prioridad revisar nuestro más siniestro pasado? ¿El 3%, el 5%, el 10% tal vez y como mucho? Más madera: el Gobierno de España ha quedado en manos de socios tan poco recomendables y tan antidemócratas como Josep Lluís Carod-Rovira o Anxo Quintana.

La historia se repite si tenemos en cuenta que Antich pasó cuatro años a merced de los independentistas pesemeros y de Doña Corruptelas y que ideológicamente estuvo y está en primera posición de saludo ante el analfabeto intelectual que anida en el cerebro de Pedro Serra. El caso del presidente del Gobierno de España es seguramente más sangrante porque su futuro depende, muy a su pesar, de la dirección que tome el dedo pulgar del tipejo (Arnaldo Otegi) que ayer tildó de «un hecho más» la salvajada de Barajas.

El radicalismo no le salió gratis a Antich y me temo que le va a costar un ojo de la cara políticamente hablando a ese buen tipo pero frívolo político que es José Luis Rodríguez Zapatero. El embajador del PSOE en Baleares se metió de hoz y coz en un proyecto que consideraba a Baleares «un país», que cerró el círculo del unilingüismo en las aulas, que proponía crear una Conselleria de Asuntos Exteriores y que si no empezó a multar a los que no rotulasen sus comercios en catalán fue porque Juan Balear lo echó antes con cajas templadas. Amén, claro está, de dejar hecho unos zorros el turismo. Lo del mandamás socialista ha sido más por omisión que por comisión: primero permitió que los suyos en Cataluña creasen los cimientos de una nación y no sólo terminológicamente y después ha dado rienda suelta al taifismo que en estos momentos impera en este país todavía y no sé si por mucho tiempo llamado España.

Termino como comencé. Con más semejanzas: el Govern de Antich era manifiestamente inempeorable y el Gobierno de Zapatero es manifiestamente mejorable. Resultado: una gestión tan pésima como radical en el primer caso y una labor regular e irresponsable en el segundo. José Luis Rodríguez Zapatero, cuya desencajada cara era ayer todo un poema, es la prueba del nueve de que tenía más razón que un santo aquél que sentenció que «las elecciones nunca las gana la oposición, las pierde el Gobierno». Si a la improvisación, la insensatez y la incompetencia unimos una temeridad irredenta el resultado es normalmente el que es: el desastre.

La ecotasa y la declaración de guerra al sector hotelero fueron el principio del fin del Pacte de Progrés y lo de ayer, que no es sino el fruto de una estrategia kamikaze, puede acabar dejando a ZP reducido a la condición de paréntesis de la Historia de España. O sea, lo de ese Andreotti que sostenía que «el poder desgasta pero sobre todo al que no lo tiene», pero al revés.

e.inda@elmundo.es

 
   
BUSQUEDAS

Otros buscadores
 LA VIDA MÁS FÁCIL
Hemeroteca
Agenda cultural
Cartelera
Restaurantes
De copas
Busca piso
Rutas de viajes
Callejero
Farmacias
Horóscopo
Televisión
Aeropuertos
Estado de la mar
Líneas Marítimas
Teléfonos útiles
Tráfico
Gasolineras
© EL MUNDO / EL DIA DE BALEARES
Política de privacidad