J. R. R.
PALMA.- Sábado, Es Born,
poco antes del inicio de la manifestación
independentista: Mientras cerca de las
leonas Biel Barceló, candidato del Bloc
condenaba el atentado de ETA en Madrid y
lamentaba el suspenso del proceso de paz,
al fondo, donde estaban los maulets
calentando motores se oyeron
explosiones y gritos en pro de una terra
lliure.
La cosa sonó tan fea
-lamentar el atentado con petardazos de
fondo de quienes se iban a manifestar pocos
minutos después y gritos que recuerdan a la
desaparecida organización terrorista
catalana- que Barceló no pudo evitar un
comentario y con voz temblorosa se
interrumpió para decir que el estruendo que
se oía «no es un atentado».
La
manifestación que cada año organiza la
Plataforma 31 D (Bloc per Mallorca, Comité
de Solidaritat amb Euskal Herria, Entesa
per Mallorca, Esquerra, Grup Blanquerna,
STEI, Joves d'Esquerra Nacionalista-PSM,
Lobby per la Independència, Joves
d'Esquerra Republicana de Catalunya,
Maulets, Sa Sargantana y Sindicat
d'Estudiants del Països Catalans)
transcurriría casi como en los últimos 20
años:
La asistencia, la de siempre:
entre 400 y 500 manifestantes según la
Policía, 800 según un conteo oficioso a pie
de calle, «varios miles, muchos más de
800», según la organización, uno de cuyos
miembros dijo que no darían otra cifra
porque «de todos modos la Policía dirá que
500 y otros, que éramos 4
amigos...».
Sin embargo, dos
novedades sí que caben ser destacadas. La
primera, la ya conocida presencia de
Eberhard Grosske, que por obra y gracia de
la creación del Bloc se ha visto convertido
en independentista pancatalanista (o al
menos va a manifestaciones de esta
tendencia). La segunda, la respuesta de
muchos viandantes enfadados:
Primero
fueron algunos adolescentes que gritaron
«¡Viva España!» al paso de la marcha.
Muchos pensaron que eran ganes
d'emprenyar. Pero hasta los
manifestantes se desconcertaron cuando
otras personas -no fueron una multitud,
pero se dejaron notar- que pasaban por la
calle o los contemplaban desde los
balcones, no se cortaron y les
increparon con los mismos «¡vivas!» a la
España que la manifestación rechazaba como
patria común.
La marcha, en la que se
corearon lemas contra el PP y a favor de la
independencia, concluyó con la lectura de
un manifiesto reivindicativo a cargo de los
hermanos Pere y Manel Martorell,
integrantes del grupo de Tamborileros de la
Sala (músicos de las ceremonias oficiales
del Ayuntamiento) que denuncian haber sido
expulsados por protestar contra el proyecto
de construcción del hospital junto a La
Real y que anunciaron su presencia
reivindicativa, hoy a las 12, en la Festa
de l'Estendard.
El manifiesto exigió
que se investigaran prácticamente todas las
grandes obras públicas del Govern del PP en
Baleares y dio su apoyo a Jaume Sastre
«castigado» por querer ejercer su derecho
de paso por la costa, en alusión a la
condena tras la invesión a la propiedad de
Pedro J. Ramírez.