ELENA
SÁNCHEZ
EIVISSA.- Richard N.
Gardner (1927) desprende pasión por España,
donde ha trabajado como embajador de EEUU
durante la presidencia de Bill Clinton.
Así, no es de extrañar que haya elegido
Eivissa para reunirse en estas fechas tan
señaladas con su familia, un destino que
califica de «delicia». EL MUNDO/ Ibiza y
Formentera ha hablado con él para conocer
la frenética carrera de este insider
de la política norteamericana que le ha
llevado hasta Italia (1977-1981) y a España
(1993-1997) como embajador, entre otros
múltiples cargos que ha compaginado con
trabajos en la Universidad de Columbia, la
organización Trilateral y como abogado en
el prestigioso despacho Morgan, Lewis &
Bockius.
PREGUNTA.- Comenzó
usted su carrera política en tiempos de
Kennedy. ¿No tiene a veces la impresión de
que la Humanidad ha avanzado poco desde
entonces?
RESPUESTA.- [Risas]
La verdad es que me siento afortunado y he
trabajado con tres diferentes presidentes.
Estuve en el Departamento de Estado con
Kennedy, siendo responsable de Naciones
Unidas; embajador bajo la presidencia de
Jimmy Carter y embajador en España con
Clinton, y todos estos presidentes cuidaron
mucho a la humanidad durante sus mandatos,
aunque también se preocuparon por la
política exterior americana. Me siento muy
satisfecho de haber tenido estas
experiencias.
P.- En una
entrevista publicada por este periódico
hace seis años usted aseguraba que los dos
políticos norteamericanos que más le han
marcado han sido Kennedy y Al Gore. ¿Qué
destaca de cada uno de ellos?
R.- ¿Y no nombré a Jimmy
Carter?
P.- Pues se le debió
de olvidar...
R.- Kennedy tuvo
mucha influencia en mi generación,
consiguió atraer hasta el mundo de la
política a un buen número de jóvenes
intelectuales con ideas recicladas. Era un
hombre muy inteligente y logró atraer a
gente de otros países gracias a su amplio
compromiso por ayudar a la gente. De hecho,
llevó a cabo una política racial muy
efectiva para acoger a la población negra.
Y sobre Al Gore, qué le voy a decir, fue mi
esperanza, aunque a pesar de su popularidad
perdió las elecciones de 2000.
P.-
Fidel Castro está a punto de morir, o
eso dicen. ¿Cómo se contempla la situación
de Cuba desde Estados Unidos en estos
momentos? ¿Qué cree que sucederá en la isla
si Castro fallece, se mantendrá el régimen
o llegará la democracia?
R.-
Pues resultará fundamental que exista un
pleno entendimiento entre EEUU y España
tras su fallecimiento y que ambos países
trabajen juntos para asegurar una
transición pacífica en la isla hacia la
democracia. Me gustaría pensar que tras la
muerte del dictador se abrirá un nuevo
camino para las personas que tanto han
sufrido el régimen de Castro. Será difícil
porque hay que evitar el uso de las fuerzas
militares pero estoy convencido de que hay
que hay que aprender de otros países para
resolver problemas, si no se tienen
respuestas.
P.- Otro escenario
caliente es el de Irak. Sadam fue ahorcado
la pasada madrugada tal y como estableció
la condena que se le impuso. ¿Qué piensa
que sucederá ahora?
R.- ¡Quién
sabe cuál será la reacción del país a
partir de ahora! Habrá protestas en algunas
zonas del país pero no crea que sea una
opinión masiva, la gente ya se lo
esperaba.
P.- Oriente Medio en
general sigue aún lejos de conseguir la paz
y la estabilidad. ¿Qué grado de
responsabilidad tiene la Administración
Bush en la situación que atraviesa esta
zona del planeta?
R.- Es un
tema que me preocupa mucho. Y será difícil
durante mucho tiempo. Personalmente creo
que fue un absoluto error invadir el país.
Uno de mis mejores amigos, inspector de
EEUU, me contaba que una de las razones de
peso para que el gobierno se decidiera a
retirar a los inspectores de esta guerra
tan horrible fue la plena colaboración
obtenida en el país para buscar armas de
destrucción masiva. Con este detalle se
dieron cuenta que poco era lo que hacían
ahí.
P.- Usted fue embajador
de Estados Unidos en España bajo la
presidencia de Bill Clinton. ¿Qué supuso
Clinton para Estados
Unidos?
R.- Si, estuve en
España coincidiendo con los dos últimos
años de gobierno de Felipe González y los
dos primeros de José María Aznar. Bill
Clinton fue muy buen presidente y, si
ponemos de lado el escándalo de Monika
Lewinsky, podríamos hasta decir que uno de
los mejores de EEUU. Clinton es una persona
muy inteligente y durante su mandato se
preocupó mucho por entender a otros países.
Además, tenía muy buenas ideas, mucho
carisma y una plena conciencia social.
P.- Dicen que fue usted un
embajador al que le gustaba opinar
públicamente sobre lo que sucedía en este
país...
R.- (Risas) Pues sí,
me encanta dar mi opinión. Mire, hay una
anécdota graciosa al respecto. Ofrecí una
entrevista al poco tiempo de llegar a este
país sobre la economía española. Recuerdo
que me preguntaron la razón por la cual no
había más inversores americanos interesados
en España. Yo, contesté sinceramente y lo
achaqué a la legislación del país. Un
comentario que pareció no agradar al
entonces secretario general del Partido
Comunista, Julio Anguita. Según escuché, en
unas declaraciones Anguita expresó su deseo
porque me fuera del país. Un año después,
le invité a comer y ya en el café le
recordé la anécdota. Él puso una cara muy
extraña y me reiteró que no me lo creyera,
que él nunca había dicho eso. Otra
curiosidad que le va a hacer gracia ocurrió
con Cristina Almeida. La invité a cenar con
otros políticos y me resultó chocante que
me dijera que era la primera vez que
visitaba la embajada. Los interiores,
claro, porque también me reconoció que
protestando y manifestándose había acudido
ahí en numerosas
ocasiones.
P.- Parece que
guarda buenos recuerdos de su estancia en
nuestr país. ¿Buenos años?
R.-
Fueron unos años muy especiales, me encanta
la gente de aquí, y la comida, pero sobre
todo pienso que España es país que ha
salido airoso de una dictadura no muy
lejana y eos tiene mucho mérito. Es por
ello que comentaba antes eso de que Cuba y
España deberian entablar un dialogo. La
isla podría aprender mucho de
ustedes.
P.- Le queria
preguntar su opinión sobre el actual
proceso de paz.
R.- Mire, yo
ya no sigo el tema tan de cerca y me parece
que es un asunto muy controvertido, por eso
no me gustaría expresar mi opinión porque
es muy complicado. Lo único que espero y
deseo es que pueda llegar a buen fin. Mi
pregunta es si los terroristas, los llamo
así porque eso es lo que son, quieren de
verdad encontrar una solución pacífica al
tema o no.
P.- ¿Qué es la
Trilateral?
R.- Es una
organización que fundó David Rockefeller en
1973, formada por las personas más
influyentes de EEUU, la UE y Japón para
tratar temas de cooperación paz y
desarrollo, pero yo me desligué de ella
hace ya años.
P.- ¿Es la
primera vez que viene a Eivissa de
vacaciones? ¿Qué le parece la
isla?
R.- Bueno, estuve una
vez hace algo así como 10 años. Vinimos
porque Abel Matutes, al que admiro
muchísimo, me invitó a la boda de su hija.
Lo pasamos muy bien y hasta navegamos pero
me fue imposible conocer la isla. Sin
embargo, en esta ocasión mi familia y yo la
estamos disfrutando a lo grande. Es una
isla preciosa y tienen ustedes un tiempo
fantástico, lo cual se agradece en un mes
de diciembre. Aún diría más, esta isla es
una delicia y no se ajusta nada a la fama
de isla de fiesta que llega hasta
América.
P.- Habrá visto que
las principales carreteras de la isla están
en obras. Estos proyectos, que tienen como
objetivo mejorar la seguridad de la red
viaria, han tenido una fuerte contestación
por parte de la Izquierda. Y es, como poco,
raro que medios prestigiosos como The
New York Times se hayan hecho eco de
ello. ¿Le parece que la mejora de unas
infraestructuras viarias es tan importante
como para convertirse en noticia
internacional?
R.- Bueno lo último
que haría ahora mismo yo, como americano,
es empezar una controversia en esta isla
durante mis vacaciones por un tema de
carreteras. No digo nada, no voy a opinar
(risas). Lo único que digo es que ni
siquiera me había dado cuenta de las obras
y supongo que todavía me gustará más la
isla cuando terminen las
obras.
P.- ¿Podría convertirse
Ibiza en un destino turístico importante
para los norteamericanos? ¿Qué haría
falta?
R.- Por supuesto que
sí, aunque no sé que sería necesario para
atraer a este turismo. Ya le digo, no puedo
opinar de algo que desconozco, pero estoy
convencido de que la disfrutarían mucho.