Fui al Meliá Victoria, convocado por el
FORO de El MUNDO/El Día de Baleares, no
tanto para escuchar a Nicolás Redondo
Terreros como para solidarizarme con
él. Relevante la total ausencia de
prebostes socialistas baleares en la
conferencia; señores que, por regla
general, carecen de la altura que ha
demostrado el bilbaíno.
La política
partidaria es así de triste, ya lo dijo
Alfonso Guerra: «el que se
mueve no sale en la foto. El que discrepa,
aun en tiempo y forma, es despedido».
Entrando en el contenido de la
disertación de Redondo, España y la
libertad, no puedo menos que suscribir
la idea de que el futuro de la Nación lo
deberíamos decidir todos los españoles;
pero eso es algo de lo que tendría que
convencer al presidente del Gobierno.
José Luis Rodríguez Zapatero,
aparte de cateto, es un caudillo populista
y, concretamente, demagogo y, más
concretamente, farsante; pues, teniendo una
clarísima vocación de Mesías -laico,
autoritario, sectario y rígido-, sale de
casa con la careta sonrisas del diálogo,
talante y humildad. Y el Mesías que se ha
propuesto pasar a la Historia como el
Salvador de los homosexuales, el Quijote de
las mujeres, el Eslabón de los mahometanos,
el Enterrador de los muertos republicanos y
el Gran Pacificador, hará lo que sea con
tal de alcanzar su aparente nobilísimo
sueño.
Y lo que sea, en este caso,
pasa por reconocer ilícitamente soberanía a
una parte de España y, lo que es peor,
categoría militar y legítimo-democrática...
a una panda de asesinos.