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  Viernes, 29 de diciembre de 2006 Actualizado a las 00:59
 

LA TELARAÑA
La ximbomba

JUAN PLANAS BENNÁSSAR


Sobrevivo -espero- a una Navidad muy similar a la de todos. Una Navidad repleta de simbología, a la vez laica y religiosa, que no le hace ascos ni a los abetos engalanados ni a los pesebres de cerámica convertidos en portales de una anunciación y unos regalos, que no importa si salen de las alforjas de los tres Reyes, del saco mágico de Santa Claus, de las reliquias de San Nicolás de Bari, de los favores de Saturno, Befana o el gigante vasco Olentzero. Tanta imaginería no nos devuelve la infancia pero nos permite homenajearla en esos niños que ahora corretean donde ya lo hicimos nosotros. No hace tanto tiempo de eso. La felicidad -como la inocencia o el arte- no debiera andar reñida con la inteligencia.

Esta Navidad sirve, como todas, de puente entre el año que acaba y el nuevo. Ahora mismo bailan en la TV al ritmo del fango con michelines -pero no pegamoides- de una Alaska que no debiera haber dejado los programas infantiles. Casi parece una parodia de nuestra presidenta Munar. Con perdón. Esta Navidad, como casi todas, coincide con otras manifestaciones, oficiales u oficiosas: la Festa de L'Estendard y las arengas del 30-D y la autodeterminación de los Países Catalanes. Podemos ignorarlas, porque independizarse de una ficción para caer en otra sólo nos revela quién juega al efectismo rápido de las propuestas alternativas, al ruido de las cacerolas como al pásalo de los móviles. Esos utensilios sirven para otras cosas. ¿Cómo explicarlo sin que muchos mundos se derrumben?

Pero el mundo real desaparece. Una isla habitada ha sido engullida por los mares. Se llamaba Lohachara, en Bengala, allí donde el Ganges y los ríos de Brahmaputra vacían su caudal y su último aliento. Otros islotes la precedieron y otros la seguirán. No sé si con tanto caldeo global tiene sentido seguir dándole a la ximbomba. Será inútil, pero algo hay que hacer para espantar los fantasmas del miedo. Sin símbolos ni metáforas no hay tribu que dure cien años. Como nosotros.

 
   
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