MARCOS TORÍO
PALMA.- Agustín
Fernández Mallo se resiste a llamar novela
a Nocilla Dream, por aquello de que
escapa a muchos de los cánones del género.
A los que eligen lo mejor que se ha escrito
durante 2006 poco les ha importado y la
tienen en su lista de excelencias. La
revista Quimera ha elegido la obra del
nuevo columnista de EL MUNDO/El Día de
Baleares como «la mejor novela del año» y
el suplemento El Cultural de este diario
también la incluye entre las diez más
recomendables de 2006. Candaya -editorial
del libro- y el autor celebran el
reconocimiento crítico de una obra que
apenas lleva un mes en el mercado.
En el número de noviembre de la
revista Quimera, Vicente Luis Mora, se
refirió a Nocilla Dream como «un
libro lleno de aciertos, de páginas
memorables, de detalles deliciosos que de
ninguna manera debiera pasar
desapercibido». El Cultural en la selección
publicada ayer tampoco escatimó halagos:
«Sí, cada página es un disparo lleno de
poesía y desolación, un relato que podría
dar origen a otro libro, un destello de
intuiciones desconcertantes a veces,
aterradoras otras, y
emocionantes».
Fernández Mallo se
aburre con la narración clásica y la suya
es experimental, con una concepción
personal en la estructura. «Nocilla
Dream es como un boceto de novela que
realmente funciona como una novela o
también puede verse como el comienzo de
muchas de ellas», explica el autor.
Las historias se unen con una trama
metafórica: los desiertos de distintos
puntos del mundo en las que transcurren.
Escogió estos escenarios porque son
«lugares limítrofes, de fronteras, a
caballo entre la vida y la muerte». Lo
mismo les ocurre a sus personajes: bordean
los límites de lo asocial, pero se
caracterizan por sus actos artísticos. Son
los rebeldes del siglo XXI, están
«desdibujados», inmersos en situaciones
extrañas y envueltos por el halo onírico
del cine de David Lynch.
El autor no
escatima referencias o influencias del arte
conceptual, del cine independiente
americano, de la arquitectura pragmática o
de la música denominada indie.
El
tono que reviste la narración es «neutro y
objetivo», cercano al informe, transitando
las aceras del documental y la ficción a la
misma vez. No hay «estridencias dramáticas»
y sí un gusto por la estética, por la
forma.